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Columna de Hoy Jueves, 27 de Agosto de 2015

Crisis para dummies y
nueva psicosis del dólar

En la frialdad de la economía, el tipo de cambio es el precio que se fija a las monedas débiles frente a las monedas fuertes y se determina no por el capricho de los temores en el mercado sino por el diferencial inflacionario. Los tropiezos del dólar en estos días tienen más olor a devaluación disfrazada que a crisis especulativa.

El tipo de cambio real es el precio 1 a 1 del peso frente al dólar y está determinado por la comparación de índices de inflación. El gobierno del presidente Peña Nieto heredó del gobierno panista de Felipe Calderón un diferencial inflacionario México-EU adverso a México y por tanto al peso; a partir de esa comparación, el peso estaba subvaluado frente al dólar en un promedio de 27%; es decir, el dólar estaba artificialmente abaratado, lo que alentaba la salida de turistas y las compras en el extranjero y encarecía las exportaciones.

El precio del dólar en 17.10 pesos sería el precio real para llevar el margen subvaluación-sobrevaluación a 0; ningún país juega a este equilibro 0; por eso algunas economías mueven su tipo de cambio para encarecer el dólar y abaratar la moneda local porque aumenta las exportaciones y el turismo extranjero y encarece el turismo que viaja a otros países. Estas devaluaciones competitivas forman parte de los instrumentos monetarios.

Los gobiernos fallan, por decisión o por omisión, en comunicar intenciones. Las devaluaciones negativas son las que padeció México en 1954, 1976, 1982, 1985 y 1994: por escasez de reservas internacionales en dólares para estabilizar el mercado con dólares oficiales a la venta. La devaluación de diciembre de 1994 fue heredada por Carlos Salinas y Pedro Aspe porque la crisis política vació las reservas y no hubo dólares para sostener el tipo de cambio. El problema fue que la devaluación llevó a un alza criminal de tasas de interés bancarias para frenar la fuga de capitales y los deudores pagaron los platos rotos con la pérdida de bienes muebles e inmuebles, porque esas tasas rebasaron el 100%.

El dólar pasó de 12.50 pesos en agosto de 1976 a 17 mil 500 pesos hoy porque hay que agregar los tres ceros que desapareció Salinas; así, las devaluaciones atravesaron las fases populistas y neoliberales, y el peso sigue siendo víctima de los errores de política económica.

En enero de este año, el dólar tenía un valor de 15 pesos pero con una subvaluación de 20%; es decir, la cotización estaba inflada a favor del peso al mantenerlo bajo pero afectaba exportaciones y alentaba compras y viajes en el extranjero de mexicanos. A 17.15 pesos por dólar el comparativo es real, beneficia exportaciones y turismo extranjero a México, pero afecta a mexicanos.

El problema del dólar es la psicosis que se vivió en el periodo 1982-1986. El gobierno mexicano tiene hoy más de 185 mil millones de dólares; sólo como punto de comparación, en diciembre de 1994 el Banco de México tenía menos de 3 mil millones de dólares. El colapso de 1994 se acunó por la fuga de 10 mil millones de dólares por el colapso político de ese año; con casi 200 mil millones de dólares de reservas, los tremores de devaluaciones graves están anuladas. Las reservas sirven para estabilizar el mercado pero no se usan para estabilizar artificialmente el tipo de cambio. Por eso entre los analistas se consolida la tesis de que el deslizamiento del dólar en la última semana es una devaluación disfrazada.

La política económica y monetarista es también juego de estrategias. El hecho de que el dólar rebase la línea de 17.50 no representa una crisis porque existe un control estricto de la inflación por el lado de la demanda; el deslizamiento hacia arriba en el precio del dólar disminuye la especulación, obliga a las empresas a sacar sus dólares acumulados y esa alza anda en busca de un nuevo punto referencial.

Y ahí se da también otro indicio: la posibilidad estratégica de que las autoridades dejen llegar el dólar a cerca de 18 pesos, jugar a favor con el control de la inflación y hacer un colchón de subvaluación que se extienda hasta finales de sexenio y con ello se ahuyente el fantasma de la devaluación de cada fin de sexenio. La clave estará en la decisión de las autoridades de mantener la inflación debajo de 3% para equipararla con la de EE.UU. y alejar la presión devaluatoria.

El gobierno federal no ha sabido manejar las expectativas ni ha sabido informar porque los medios quieren fabricar un colapso económico por el dólar arriba de 17 pesos. El efecto negativo será en los ricos que no podrán gastar tantos dólares en el extranjero. Eso sí, la clave estará en que la inflación no impacte la devaluación y suba el techo de 3% anual porque entonces sí podría darse una crisis por efecto especulativo.

Es decir, la crisis del tipo de cambio radica en la posibilidad de volverse una psicosis fuera de control como en el pasado.

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