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Viernes, 3 Septiembre, 2010
+ Golpe de Estado de Carrillo Olea
+ Y romper alianza Sedena-Marina
Como chivo en
cristalería,
el general retirado Jorge Carrillo Olea parece embestir sin ton ni son. El
problema, en realidad, no es que lo haga, sino que trata de sembrar la insidia
en las fuerzas armadas y con ello debilitarlas en la lucha contra el
crimen organizado.
Hace poco Carrillo
Olea se metió en problema en Morelos cuando se sintió humillado sólo porque
el alcalde Cuernavaca no le respondía el teléfono y arremetió contra el PRI,
olvidando que fue deshonrosamente echado del cargo de gobernador priísta
en 1998 porque sus principales funcionarios judiciales eran las cabezas
del crimen organizado en la entidad.
Ahora Carrillo Olea
trata de sembrar zancadillas en la sólida relación entre la Secretaría
de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina en la lucha contra el
narcotráfico y convoca a romper la lealtad de los militares al
presidente de la república.
Forjado en las áreas
de seguridad --control de contrabando, puertos, coordinador de lucha contra el
narcotráfico, Centro de Información y Seguridad Nacional--, Carrillo Olea llegó
al gobierno de Morelos en octubre de 1994 y cayó en 1998 por vinculaciones
con el crimen organizado. Ascendió a posiciones privilegiadas en el
ciclo neoliberal iniciado en 1982. En 1989 fue encargado de transformar la
Dirección de Investigación y Seguridad Nacional en Centro autónomo y el
presidente Carlos Salinas le inventó un centro antinarcóticos en la PGR
porque no podía ser subprocurador debido a su carrera ajena al derecho.
Retirado con el grado
de general brigadier, Carrillo Olea ha derivado en articulista en La Jornada.
En una de sus últimas colaboraciones, la del 26 de agosto, lanzó la tesis
de una ruptura entre el ejército y la marina: “evidenciar que cada día es más
frecuente la irritación, principalmente en el Ejército, aunque también
en la Marina, por lo que está pasando en términos de la violación a los
espacios naturales de su actuación y operación y, consecuentemente, en la
percepción e interpretación que de ello tienen sus miembros y la
sociedad”.
Sin embargo, los
primeros sorprendidos han sido los altos mandos de esas dos armas, sobre
todo porque, como nunca, la colaboración ha sido creciente, al grado de
utilizar instalaciones de unos para servicio de los otros y de mantener
oficiales de enlaces en los respectivos estados mayores. El problema sería anecdótico
de no ser por el hecho de que Carrillo Olea, como experto --es un decir-- en
información de inteligencia, debiera ser más riguroso en el manejo de
los datos.
La escasez de rigor
explica por qué el Cisen con Carrillo Olea cometió tantos yerros en el
corto periodo 1989-1990 en que lo dirigió. Y como subsecretario de Gobernación
encargado de la seguridad nacional en 1982-1988 fue responsable también
de los errores de graves percepción. En 1985 le estalló la crisis del
involucramiento de la Federal de Seguridad --que dependía de Carrillo Olea-- con
el narcotráfico, la denuncia del embajador Gavin de que la policía de seguridad
nacional mexicana estaba al servicio de los capos, la ruptura de
relaciones de inteligencia con la CIA y las alianzas con el KGB soviético y
sobre todo la Stasi --Ministerio para la Seguridad del Estado-- de Alemania
Democrática, lo que llevó a la disolución de la DFS.
Lo grave de la
percepción equivocada de Carrillo Olea sobre las relaciones ejército-marina
radica en el envío de señales tramposas al crimen organizado y con ello pone
en peligro de algunas operaciones conjuntas delicadas en contra del
narco; es decir, colabora como tonto útil con el crimen
organizado mellando la fortaleza de las instituciones castrenses. Al hablar de
“actuaciones invasivas” de la marina en el espacio militar, reflejaría
indicios de debilidad --inexistentes-- en la alianza orgánica necesaria
entre ambas armas para programas de combate contra el crimen organizado.
Carrillo Olea se
explaya en cargos contra sus superiores. Acusó al secretario de Marina
de tener contactos directos con las agencias de inteligencia
estadunidenses y --a su parecer-- a espaldas del presidente de la
república. Y es despreciativo con el titular de la Sedena: “El secretario de la
Defensa, por razones de carácter, seguirá siendo tolerante, gentil y
subordinado a las instrucciones presidenciales. Sí (…), ¿a qué precio
y con qué riesgo?”
La intención que
reflejan los párrafos de Carrillo Olea son de introducir incertidumbre y
rebeldía en las fuerzas armadas, además de acusar al presidente de la
república --comandante en jefe de las fuerzas armadas y por tanto superior
del propio Carrillo Olea en su condición de general retirado-- de obstinado
e irresponsable por “el peligro que está provocando con su inacción”,
además de culparlo de actuar al margen de las leyes y de decirle que está
“agobiado” y es indiferente.
Desdeña también a los
altos mandos. Dice que “por un lado (el secretario de Marina) es la voracidad,
el afán de notoriedad y la irresponsabilidad de un protagonista y por
otro lado (el secretario de la Defensa) la mesura, sensatez y temperamento. En
este tema el Presidente ha abdicado de su carácter de comandante supremo.
No arbitra, no impone decisiones concluyentes”.
Y lo peor de
todo es que Carrillo Olea acusa al ejército y a la marina de tener una guerra
por el poder.
(Por
vacaciones de verano, Indicador Político tomará a partir de hoy unos días de
descanso y nos leeremos aquí el lunes 13 de septiembre.)
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carlosramirezh@hotmail.com
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