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Columna de Hoy Viernes, 24 de Abril de 2015

Tamaulipas: por qué falló la
estrategia de seguridad

La lógica de la política sigue detrás de la lógica del crimen: el ejército rescató a Tamaulipas a sangre y fuego y en medio de incomprensiones, pero el Estado no dio el salto cualitativo a la reconstrucción del sistema político, de los acuerdos de gobernabilidad y de los tejidos sociales.

En este contexto, el regreso de la violencia a Tamaulipas no debe verse en función de los balazos en las calles o los bloqueos sino que debe indagar el porqué de las razones de fondo:

Las lecciones de Tamaulipas están claras:

1.- Las fuerzas de seguridad y sobre todo el ejército cumplieron su tarea de encarar la fuerza criminal, pero no tenían facultades para reconstruir el sistema político.

2.- Por la dimensión de la organización criminal, ningún gobierno estatal puede encarar el poder de los delincuentes; por eso a la ofensiva militar debió seguir una ofensiva social-económica-política del Estado federal. Ahí falló el gobierno de la república.

3.- Como la presencia de las fuerzas de seguridad federal no puede ser ad perpetuam, al gobierno federal y a sus agencias políticas y sociales les faltó cerrar el círculo con políticas de reconstrucción del sistema.

El regreso de los cárteles del crimen organizado a Tamaulipas, Michoacán, Guerrero, Sinaloa y Chihuahua debe de verse en función de la apatía del gobierno federal para ocupar los espacios criminales: Gobernación, derechos humanos, Salud, Educación, Desarrollo Social, presidencia y otros organismos federales abandonaron la lucha integral contra la inseguridad en Tamaulipas. Ante el vacío institucional en Tamaulipas, los criminales están regresando a recuperar la plaza.

También hay que señalar la falta de perspectiva de los enfoques sociales y mediáticos: las recientes respuestas violentas del crimen organizado al arresto el viernes de El Gafe y el miércoles de El Chive no deben evaluarse en función de la reacción estatal limitada, sino del retiro de las fuerzas federales abandonando la plaza. El gobierno federal liquidó a los capos pero no consolidó la fuerza institucional en la plaza. Por eso los criminales regresaron para rescatar a sus jefes pero también para encarecer futuros arrestos de líderes delincuenciales.

La lógica del crimen organizado se basa en la fuerza de las armas, en tanto que la lógica del sistema político y social debiera --pero no lo es-- de sustentarse en la reactivación de las estrategias sociales y de desarrollo. Los criminales se asentaron en esas plazas cuando las instituciones federales abandonaron a la sociedad. La disputa real es por la sociedad, no por el consumo de droga.

El gran problema central en Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Chihuahua radica en identificar a quienes no cumplieron su tarea de reforzar la presencia institucional del Estado. La sociedad en esas zonas tenía más beneficios con los cárteles criminales que con un Estado insensible, sin motor social y ajeno a los problemas cotidianos de los pobladores.

Mientras el Estado base su respuesta al crimen organizado sólo en la fuerza de las fuerzas federales y sobre todo del ejército, el problema seguirá latente e inclusive seguirá creciendo. Tamaulipas es un caso prototípico: el ejército derrotó a la generación de los capos de Los Zetas, el cártel de Sinaloa y el cártel del Golfo, pero esos grupos se reconstruyeron por falta de fuerzas judiciales, penales, sociales y políticas.

Mientras el gobierno federal no asuma su condición de Estado social, la crisis de seguridad no tendrá fin y ni siquiera declinación sino que será cuestión de tiempo para la reconstrucción de los cárteles. Lo de menos es que los sucesores de los grandes capos sean personalidades menores y sin carisma; el hecho final es que el crimen organizado es una estructura de poder criminal y no una lista de los más buscados.

Grupo Transición