Jueves 9 de julio 2009
+ FCH: cohabitación, cogobierno
+ O dos vicepresidencias con PRI
Sin en el fondo los
gobiernos de Fox y Calderón sólo encontraron en el PRI minoritario en el
Congreso un candado para las
verdaderas reformas que requiere el país, después del 5 de julio el presidente
Calderón debería llegar a la conclusión que ahora habrá menos colaboración y que el PRI mayoritario se quedó con la agenda política del país.
De ahí que los escenarios
viables son pocos para el presidente
Calderón, pero todos dependen de tiempo estrecho. La gran decisión radica en
las evidencias, reveladas el mismo lunes por la dirigente priísta Beatriz
Paredes, de que el PRI va a imponer su
agenda. Por tanto, la segunda mitad del sexenio de Calderón se moverá en cuando
menos tres posibilidades: la
cohabitación, el cogobierno o las dos vicepresidencias ocupadas por los jefes
de las bancadas priístas en la cámara y en el senado.
Pero sobre todo, el
presidente de la república tendrá un espacio propio aunque estrecho de gestión: gobernar desde el poder
ejecutivo. Y si bien las grandes reformas requieren de una mayoría calificada
en el Congreso, entonces la única viabilidad del gobierno calderonista
radica en romper esa mayoría
calificada del PRI y sus aliados con una alianza con el PRD de Jesús Ortega
pero en función de un programa de
reformas para la transformación estructural del Estado priísta.
La opción de gobernar
desde el ejecutivo dejaría al presidente Calderón con cuando menos cinco instrumentos: un gabinete plural con
capacidad de movilización política y social, un PAN renovado en base a un
liderazgo revitalizado, una figura presidencial bien calificada, una política
económica para el crecimiento, el empleo y los salarios y un discurso político aglutinador en torno
a la reforma del régimen de gobierno, del sistema político y del modelo de
desarrollo. Es decir, lo que debió
de haber impulsado el PAN desde el 2000.
A pesar de que Calderón perdió el poder legislativo porque las
dos cámaras están bajo la mayoría priísta, de todos modos México sigue siendo
una república presidencialista. Sin
embargo, ya se demostró que el presidente por sí mismo no alcanza a ocupar todos
los espacios. Por tanto, la clave
del gobierno del ejecutivo radica en un gabinete de alto nivel. De todo el gabinete, el único que ha dado resultados efectivos es el secretario de la Defensa Nacional.
Y el más dañino para la gestión de
gobierno ha sido el secretario de Hacienda. Y no existe una jefatura política del gabinete.
Más que un presidente para el PAN, el partido
en el poder presidencial requiere más bien de un espacio de pluralidad y respeto
a la movilidad interna. El PAN perdió cuando asumió los vicios del viejo PRI en materia candidatos por dedazo y de falta de una propuesta ideológica: el PAN se redujo a una mera agencia de colocaciones,
olvidándose de la experiencia panista de hacer
candidatos a líderes sociales.
El PRI, por su parte, enfrenta
el grave dilema de tratar de
restaurar el Estado priísta que entró en crisis por agotamiento asistencialista y estructura económica restringida o
encabezar una verdadera reforma del
Estado que no debe ser la fallida en el senado. El PRI puede cometer el error de querer gobernar desde el
legislativo imponiendo decisiones u oponiéndose a otras o revivir el viejo
modelo populista. Lo malo del PRI
fue que su victoria electoral se debió a la vigencia del viejo régimen y por tanto existe la imposibilidad dialéctica
de optar por una reforma que le haría perder
los hilos de poder.
Una salida inédita sería la
conformación de un gran compromiso histórico a la italiana --acuerdo
Partido Comunista Italiano y Partido Demócrata Cristiano-- en el cual el PAN en
el ejecutivo y el PRI en el legislativo definan una verdadera agenda de reformas que constituyan en una especie de
Pactos de la Moncloa para México. La verdadera
transición democrática en España se dio no
por la ley de la reforma política sino por los Pactos de la Moncloa
que operaron sobre tres pivotes: la
modernización productiva, una nueva política económica para el desarrollo y un
acuerdo para la seguridad.
Los Pactos de la Moncloa
modificaron el viejo régimen
franquista español: las izquierdas socialistas y comunistas aceptaron un modelo de desarrollo para
la modernización y los empresarios cedieron
privilegios. Sólo así pudo convertirse España en el país más dinámico de
Europa. Unos Pactos de la Moncloa para México sacarían al país del hoyo recesivo, modernizarían la industria y
reactivarían al campo, dejando las elecciones del 2012 sólo para ofertas
políticas y de carisma. La crisis económica derivada de la globalización
insuficiente y la crisis política producto de la vieja estructura de poder han agotado las posibilidades de desarrollo
del país.
El país ha arribado a una
encrucijada de dimensiones profundas
y decisivas: seguir por el camino de
la disputa por el poder entre un electorado minoritario y una crisis sin solución o darle prioridad a la transición de régimen,
de sistema y de desarrollo. Lo demás serían mezquindades partidistas y políticas.
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carlosramirezh@hotmail.com
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