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Domingo 1 de marzo 2009
+ Crisis de modelos de desarrollo
+ Y no existe uno nuevo en puerta
En las etapas de la crisis mexicana
jugaron un papel importante los modelos económicos, industriales, económicos y
productivos, todos ellos basados en alguna corriente de la ideología. Y cada
modelo también enfrentó su crisis. Si en el siglo XIX la constitución del
Estado, de la nación y de la viabilidad territorial obvió los modelos
productivos, el largo periplo del pensamiento económico del siglo XX, y sus
derivaciones políticas y sociales, comenzó con el auge del Estado y parece
terminar con la victoria del mercado.
La crisis de México es, de suyo, la crisis
del modelo de desarrollo: la globalización desatendió muchas variables, entre
ellas las que pudieron permitirle enfrentar los choques externos. La revisión
--esquemática-- de los modelos puede contribuir a definir el marco de
referencia de los paradigmas económicos:
1.- La
revolución keynesiana. En medio de las secuelas provocadas por el crack de
la bolsa en 1929 y la gran depresión de 1920, John Maynard Keynes hizo una propuesta
de pensamiento económico que revolucionó las ideas políticas y sociales. En
punto central fue la crítica de Keynes a la economía
capitalista: “genera dos problemas fundamentales: desocupación y concentración
de la riqueza y del ingreso”, además de que provoca incertidumbre sobre el
futuro. A partir de estos criterios, Keynes propuso
la intervención del Estado para generar empleo, aumentar la producción y
distribuir la riqueza. Explica René Villarreal en La contrarrevolución monetarista que el
Estado keynesiano tenía dos instrumentos de operación: el fiscal y monetario.
La revolución keynesiana proyectó al Estado como una instancia económica clave.
2.- Industrialización
hacia dentro con proteccionismo. La reactivación económica luego de la
depresión llevó a países como México a buscar el camino de la industrialización
hacia dentro, es decir, para el mercado interno. Con poca planta industrial y
con una burguesía incipiente, el papel del Estado fue determinante. Los
mercados internos, sustentados con salarios reales y clases medias
consolidadas, fueron capaces de crear demanda y de impulsar la construcción de
un modelo industrial básico, pero el proteccionismo distorsionó el mercado,
provocó inflación y disminuyó la competitividad.
3.- El
estructuralismo de la Cepal. Fundada a mediados del Siglo XX con otras instituciones
financieras y comerciales --el FMI, el BM, el GATT--, la Comisión Económica
para América Latina de la ONU
tuvo la función de estudiar las posibilidades del desarrollo económico de la
región. Su fundador, el argentino Raúl Prebisch,
logró darle un sustento teórico en función del concepto del desarrollo
centro-periferia. El pensamiento económico de la Cepal
formó generaciones de economistas en el paradigma de que el subdesarrollo no
era una maldición y que el origen de los problemas económicos se localizaba en
la estructura productiva. Así, el estructuralismo de la Cepal
se opuso a las teorías de la explotación capitalista de las grandes potencias.
4.- La
teoría de la dependencia. En el seno de una de las generaciones de
economistas y sociólogos brasileños de la segunda mitad del Siglo XX, la teoría
de la dependencia basó sus tesis en función del papel hegemónico de los países
centrales y las posibilidades de desarrollo de los países periféricos. El
modelo teórico fue delineado por Fernando Enrique Cardoso
y el chileno Enzo Falleto
en su libro Dependencia y desarrollo en
América Latina en 1969. Esta corriente --como resume Theotonio
Dos Santos en La teoría de la
dependencia. Balance y perspectivas-- establecía que la dependencia no era
sólo un fenómeno externo sino que se manifestaba también bajo diferentes formas
en la estructura interna. "Lo fundamental de nuestro ensayo --dicen Cardoso y Falleto en un "Postscriptum" de su libro-- es la relación de las
luchas políticas entre grupos y clases, de un lado, y la historia de las
estructuras económico-políticas de dominación, internas y externas, por el
otro". El trasfondo de esta teoría racionalizaba la dependencia como un
efecto perverso de la relación comercial y económica entre desiguales.
5.- El
modelo Bretton Woods.
Después de la Segunda
Guerra Mundial, los países ricos se reunieron en el balneario
de Bretton Woods para
fundar las dos instituciones financieras que iban a regular la economía. El FMI
para políticas económicas de corto plazo y el Banco Mundial para programas de
desarrollo específicos. La división de responsabilidades le dejó a Europa,
sobre todo a Francia, el control del FMI y a EU el del BM. Este modelo fijó conceptualizaciones teóricas sobre el desarrollo a partir
de las exigencias de los capitalismos centrales. De hecho, el modelo Bretton Woods fue el antecedente
del "Consenso de Washington" para fijar criterios de condicionalidad a los países subdesarrollados. El centro de
Bretton Woods fue la
consolidación de capitalismos centrales y la obligatoriedad de los países
periféricos de seguir los mismos caminos.
6.- El
GATT. Se trató del primer experimento de integración internacional de los
mercados de producción y consumo, aún sin las tesis políticas e ideológicas de
la globalización. Sus intentos fueron por abatir algunas de las barreras
arancelarias y no arancelarias, disminuir el proteccionismo para aumentar el
consumo y apostarle a la internacionalización. El gobierno de López Portillo
sometió la posible incorporación de México al GATT a un debate nacional. El
saldo fue negativo y México se negó a participar.
7.- La
teoría del subdesarrollo. A partir de la experiencia de Brasil, el
economista y sociólogo brasileño Celso Furtado indagó
las causas del subdesarrollo y las posibilidades del desarrollo en las economías
latinoamericanas a partir del dilema del mercado o las políticas inducidas de
industrialización. Gregorio Vidal le reconoce a Ignacy
Sachs la caracterización de Furtado
del "Estado desarrollador", es decir, el Estado como inducción de
políticas de desarrollo. Aunque no directamente relacionada, esta tesis fue
promovida y profundizada por el constitucionalismo económico mexicano en la
tesis de la "rectoría estatal del desarrollo", es decir, la
caracterización del Estado como el promotor de políticas industriales y el
responsable de los objetivos del desarrollo.
8.- El
populismo. Acicateados por las teorías del desarrollo en Chile y Brasil,
varios países optaron por un desarrollo capitalista dirigido por el Estado.
Lázaro Cárdenas en México, Getulio Vargas en Brasil y
Juan Domingo Perón en Argentina lograron Estados fuertes con políticas sociales
masivas, pero sin expectativas de largo plazo y con crisis fiscales
recurrentes: los ciclos cortos de sus presidencias, por razones democráticas o
de golpes de Estado, interrumpieron esa experiencia, además de que el activismo
estatal carecía de expectativa de largo plazo por la existencia de
desequilibras en las finanzas públicas y la falta de actividad empresarial en
una economía dominada por el Estado. Luego vino un ciclo de neopopulismo
con Luis Echeverría en México y gobernantes militares
de izquierda en Perú y Bolivia, pero esas experiencias también fracasaron.
9.- El
marxismo. Con el padrinazgo de la Unión Soviética,
varios países buscaron una salida al subdesarrollo por el lado del marxismo. El
paradigma fue Cuba, cuyo movimiento revolucionario expropió fábricas y
convirtió al Estado en el centro de la actividad. Pero se cumplió la maldición
de Marx: el socialismo y el comunismo sólo pueden
establecerse en sistemas productivos altamente desarrollados. La Unión Soviética lo
supo a destiempo. Cuba derivó en un país monoproductor
con una burocracia dañina. La capacidad de producción no alcanzó a satisfacer
la demanda de la población. Países africanos y árabes buscaron en el socialismo
un camino para el desarrollo pero no pudieron mantenerse en el largo plazo. La
propia URSS y sus países satélites consolidaron plantas productivas amplias
aunque con tendencia a la ineficiencia por la burocracia y el modelo quebró por
la incapacidad de la URSS
para mantener la competencia militarista con EU.
10.- Nuevo
orden económico internacional. Como parte de un reflujo de países
subdesarrollados poseedores de materias primas --sobre todo el petróleo y la OPEP--, varias organizaciones
de países decidieron buscar caminos propios: el Movimiento de los Países No
Alineados, el discurso del Tercer Mundo, las naciones subdesarrolladas dentro
de la Organización
de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Unctad),
la Carta de los
Derechos y Deberes Económicos de las Estados del presidente mexicano Luis Echeverría y el Sistema Económico Latinoamericano. La
propuesta buscó un camino diferente al capitalismo y al socialismo. Esta
búsqueda de caminos comenzó en 1955 con la Conferencia de Bandung
en la que renació el nacionalismo árabe, se fortaleció el marxismo
tercermundista instalado en Cuba en 1959 y se proyectó con el proceso de
descolonización de Asia y África. Los esfuerzos fracasaron por la falta de
coherencia en los liderazgos, así como por crisis económicas que debilitaron a
sus participantes. La OPEP,
por ejemplo, rescató el valor del petróleo pero dañó a los países
subdesarrollados dependientes.
11.- Economía
del lado de la oferta. Presentado como un modelo alternativo a la economía
del lado de la demanda, el gobierno de Ronald Reagan aplicó medidas para reactivar la economía por el
lado de la oferta. Básicamente se estableció el criterio de que la política
fiscal se había convertido en un desinhibidor de la
actividad económica. Por tanto, manipuló los impuestos pero sin resultados
concretos. La teoría de la oferta duró poco, aunque operó como un paradigma
ideológico de tipo conservador, como se explica en Ronald Reagan, ¿una revolución conservadora?
12.- Estabilización
y ajuste estructural. Las crisis de balanza de pagos e inflación de las
economías latinoamericanas llevaron a necesidades de deudas de emergencia. En
los setenta el sistema financiero internacional estableció la condicionalidad del FMI; créditos de emergencia a cambio de
aplicación de políticas de estabilización inflacionaria-devaluatoria
de corto plazo, sobre todo privilegiando el lado de la demanda, disminuyendo
los salarios, reduciendo el gasto público y devaluando las monedas. Casi
inmediatamente entró como pinza el Banco Mundial para aplicar la condicionalidad de las reformas estructurales para evitar
el regreso de los estatismos inflacionarios; se trataban de reformas a la
estructura productiva para modificar hasta constitucionalmente las funciones decrecientes
del Estado y su intervención en las políticas monetarias de corto plazo.
13.- Derrota
de la URSS y el
fin de la historia. El problema central de la guerra fría fue el
enfrentamiento entre dos paradigmas ideológicos de la economía: el comunismo operado
por el Estado en sustitución de la actividad privada empresarial y capitalismo
de mercado presuntamente libre. El final de la Unión Soviética no
ocurrió por la ideología sino por la economía. El gobierno norteamericano de Reagan lanzó a los Estados Unidos a una política
presupuestal militarista que la
URSS ya no pudo continuar. El arribo de Mijail
Gorbachov al poder en el Kremlin se sustentó en la
necesidad de una reordenación de las políticas económicas comunistas. El nuevo
líder soviético optó por el capitalismo. Y el mundo comunista se desmoronó como
fichas de dominó. El pensamiento conservador norteamericano quedó regocijado,
como lo reveló el concepto de Francis Fukuyama de que
la derrota del sistema económico soviético significaba el fin de la historia.
Sin embargo, la economía se reorganizó para su siguiente etapa.
14.- La
globalización y el Consenso de Washington. Frente a la modernización de las
comunicaciones y a la modificación de las fases productivas debido a los
avances tecnológicos computacionales, la economía capitalista internacional le
apostó a la integración mundial de los mercados de producción, ensamblado y
consumo. El Consenso de Washington fue un recetario de diez reformas necesarias
para fortalecer la globalización a partir de medidas internas. Nació en 1989
--el año de la caída del Muro de Berlín y del fin del mundo comunista
soviético-- en un memorando de John Williamson: 1.- disciplina en el gasto público, 2.-
prioridad para el gasto social mínimo, terminando con susidios, 3.- reforma
tributaria, 4.-liberalización financiera, 5.- tipos de cambio unificados y
competitivos, 6.-liberalización del comercio exterior, 7.- apertura a la
inversión extranjera directa, 8.- privatización de las empresas estatales, 9.-
desregulación, y 10.-respeto a los derechos de propiedad.
15.- El
mercado: la contrarrevolución keynesiana. El colapso en los paradigmas
económicos con enfoques sociales llevó al pensamiento pesimista de que los
Estados eran incapaces de promover el desarrollo y de distribuir socialmente
sus beneficios. La reversión de las teorías de economía productiva y de pleno
empleo de Keynes comenzó a finales de los setenta,
con las crisis monetarias e inflacionarias y con la interdependencia cada vez
más estrecha entre las variables. El mercado se apoderó del total de las
relaciones de producción y de las relaciones sociales y por lo tanto replanteó
y subordinó las relaciones políticas. Si Keynes
encontró una función vital para el Estado con el objetivo de orientar la
economía hacia la satisfacción de necesidades de grandes segmentos sociales, la
contrarrevolución keynesiana reorientó la actividad económica de nueva cuenta
hacia la acumulación privada, sólo que ahora a través de un sistema de
producción internacionalizado.
¿Cuál será el nuevo paradigma? Europa sólo
resiste la oleada recesiva, América Latina se refugia en el neopopulismo
y los Estados Unidos sorprenden con el programa de emergencia de Obama digno de algún pr4esidente populista de América
Latina: uso del presupuesto para proteger a los pobres y reactivar la economía,
aunque a costa de un déficit presupuestal de 12% que sin duda que distorsionara
el precario orden económico con inflación y devaluaciones.
Lo que no se quiere entender es que la
crisis no fue de confianza ni de algunas corporaciones financieras, sino del
modelo de desarrollo. Y ahí ni siquiera los premios nobel
de economía han hecho el esfuerzo de definir el nuevo paradigma económico para
el siglo XXI.
(Texto de un ensayo en preparación)
www.indicadorpolitico.com.mx
cramirez@indicadorpolitico.com.mx
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