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Lunes 9 de marzo 2009
+ Lo dicho: ya extrañan a Garza
+ EU elude obligación en narco
La relación bilateral en materia de
narcotráfico entró la semana pasada en una fase de tensión: organismos del gobierno de los EU intensificaron sus
ataques contra México, el presidente Calderón respondió acreditándole responsabilidad al consumo de drogas de los
estadunidenses y al final la administración de Obama reculó y ofreció colaboración mutua.
Los jaloneos tuvieron que ver con la ausencia en los hechos de un embajador
de los EU en México. El ahora ex embajador Tony Garza terminó su gestión con la
toma de posesión de Obama y el Departamento de Estado, con otras prioridades ajenas a México y América Latina, ha desdeñado la
posición más importante de su frontera latinoamericana.
Los mexicanos son los que hoy lamentan la ausencia de Garza. Su papel
compensador durante la gestión de George W. Bush logró atenuar los caprichos imperiales de las oficinas responsables de
las relaciones bilaterales con México, desde la CIA hasta el Pentágono, pasando por Seguridad
Territorial y desde luego las oficinas comerciales. Los llamados mexicans desk en los EU también fueron contaminados por la
parafernalia antiterrorista de la Casa Blanca.
La ofensiva poco diplomática de la semana pasada mostró la importancia para
México de contar con un embajador que comprenda la lógica de los problemas bilaterales. La no prioridad del narco en la agenda de Obama mostró que los EU carecen de una metodología política
para analizar el papel de México en la órbita del espacio de Norteamérica. Lo
peor de todo es que Washington ni siquiera asume a México como un aliado menor.
Este vacío en la política exterior
de los EU ha sido responsabilidad de los gobiernos mexicanos panistas, pues sus
operadores diplomáticos buscaron solamente el aval de la
Casa Blanca y no la redefinición de las relaciones
bilaterales a partir de la alternancia partidista en la presidencia de la
república.
La habilidad
política del embajador Tony Garza logró durante los gobiernos de Bush cuando
menos atemperar caprichos de Washington y susceptibilidades de México. La Iniciativa Mérida
fue impulsada por Garza como una
forma de involucrar a los EU en la crisis de seguridad mexicana provocada por
la ofensiva de las mafias, pero sin
que las agencias estadunidenses relacionadas con el tema del narco lograran una
articulación de estrategias.
La ausencia
práctica de un embajador de los EU en México debiera ser asumida como una descortesía del gobierno de Obama,
cuyas prioridades ya se sabe que no pasan por México pero que ello ha llevado a
una corresponsabilidad estadunidense
en el conflicto de seguridad fronteriza México-EU. Es la hora, por ejemplo, que
los EU no quieren entender que la horadación de la seguridad fronteriza ha sido
posible por la corrupción de las
autoridades de los EU, además de la ya conocida y aceptada de las autoridades
mexicanas.
La falta
de un embajador de Washington en México evidencia también la falta de una política exterior bilateral de la Casa Blanca. También
el retraso en la redefinición de la doctrina
de seguridad nacional de los EU. Y la ausencia de sensibilidad respecto al tema
del consumo de droga, principal factor de promoción
de la droga. Hasta hace poco, el embajador Garza tenía que asumir no sólo las
debilidades de la diplomacia mexicana sino los desapegos de la diplomacia estadunidense.
La falla se localiza también en el enfoque mexicano de la política
exterior hacia los EU. México sigue a la espera
de que los EU ayuden, sin definir anticipadamente que la relación con los EU se
debe basar no tanto en la voluntad de cooperación sino en la definición de los intereses mexicanos de seguridad
nacional y de perspectivas geopolíticas. Los gobiernos panistas han mantenido el error priísta de
esconderle a Washington la realidad mexicana para obtener el apoyo a ciegas y
de esperar una voluntad paternalista
del vecino del norte.
Pero es la hora en que los responsables de
la política exterior mexicana siguen pasmados
con la victoria de Obama, no han definido la lista de intereses de seguridad nacional de México y menos aún han iniciado
una ofensiva diplomática ya no tanto en la Casa Blanca y el
Departamento de Estado, sino en el verdadero
centro de poder diplomático de Washington que es el Congreso. Hasta ahora el
mayor éxito de la diplomacia
mexicana fue el encuentro de Obama con Calderón, pero el peor pasivo es la ausencia de verdadero
trabajo diplomático en los mexicans desk
en los que se toman las decisiones.
La respuesta de Calderón a la ofensiva de
la semana pasada provocó un compromiso
de colaboración. Fue la primera vez en años que un presidente de México le echaba
en cara duramente a los EU el tema del consumo. Pero no se debe agotar en una
declaración presidencial sino en una contraofensiva
política que logre sensibilizar a los funcionarios de Obama que están llegando
sin la carga despectiva de la era Bush.
El problema estriba en que los EU
entiendan que el consumo de drogas no es un tema de derechos civiles sino de demanda-oferta y que la droga idiotiza
a los consumidores y forma parte de una larga cadena de la criminalidad. Cuando la Casa Blanca comprenda
esta lógica, la lucha contra el narco será realmente
bilateral y el narco perderá la batalla.
www.indicadorpolitico.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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