Miércoles 4 de agosto 2010
+ Prensa: criticar o poner estética
+ Periodismo no es día de campo
Un veterano
político regiomontano tiene una forma de mostrarles a los políticos los riesgos
del oficio de la política: encarar de lleno las adversidades… o mejor poner una
estética.
Lo mismo sirve para delinear
los riesgos implícitos del periodismo de crítica, de denuncia y de compromiso. Al
tener el propósito de encarar los abusos del poder, el periodismo es el
oficio más desamparado del mundo. Por eso resulta paradójico que los
medios atemorizados por las amenazas y el clima de violencia exijan
al Estado condiciones estables para el ejercicio del oficio que se inserta
justamente en la inestabilidad y que tiene la función de criticar al mismo
Estado.
El mejor antídoto
contra la realidad violenta no es la exigencia de condiciones de protección
sino la decisión inflexible de publicar, criticar, denunciar. Resulta
paradójico que la prensa se canse de criticar al presidente de la república y a
las primeras amenazas le pidan protección.
Del lado contrario,
el peor mensaje del periodismo es el del silencio, las columnas en
blanco o la pantalla en negro. El periodismo no es un día de campo, a menos que
se trate de un campo de batalla. El periodismo se mueve en la tierra de
nadie, en el territorio comanche que delineaba Arturo Pérez Reverte en su
novela de periodistas Territorio Comanche, en el mundo de los enviados
especiales a las guerras:
“Era lo
que ellos llamaban territorio comanche, es jerga del oficio. Para un reportero
en una guerra, ése es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des
la media vuelta. El lugar donde los caminos están desiertos y las casas son
ruinas chamuscadas; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado
a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos mientras escuchas el ruido
de tus pasos sobre los cristales rotos. El suelo de las guerras está siempre
cubierto de cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir
bajo sus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando. Donde no
ves los fusiles, pero los fusiles sí te ven a ti.”
El problema de la
prensa y la inseguridad no es nuevo. Hace poco más de un cuarto de
siglo, el 30 de mayo de 1984, el periodista Manuel Buendía, columnista político
de Excelsior, que asesinado en la Zona Rosa del DF justo cuando estaba
comenzado a publicar datos de la penetración del narcotráfico en la
sociedad, el gobierno, las corporaciones policiacas, el sistema político y el
Estado. Lo más grave del crimen fue el hecho de que la autoría intelectual
venía del propio seno del gobierno de Miguel de la Madrid.
Más que la protección
por parte del Estado --ahora penetrado por el crimen organizado--, el
periodismo requiere de un marco de funcionamiento más adecuado. Y ahí
harían falta cuando menos cinco cosas:
1.- La actualización
del marco jurídico para el ejercicio de la profesión. Por ejemplo, se
requiere de una Ley de la Libertad de Prensa que castigue severamente la
coerción, el chantaje y la censura.
2.- La conformación
de una política de subsidios a los medios por el número de ejemplares
circulados. El mercado en México es inexistente y no puede financiar a la
prensa. El Estado tiene la obligación de garantizar la existencia de una prensa
sin dependencias del mercado.
3.- La desaparición
de la fiscalía de defensa de periodistas de la PGR en su formato actual. Se
requiere de una oficina especial autónoma del gobierno, con autoridad,
capacidad de decisión e instrumentos para obligar al cumplimiento de
sanciones. Y la reorganización de la inútil comisión en la Cámara de
Diputados que atiende las agresiones a periodistas. Ambas organizaciones ya
reformadas deberían de tener vinculaciones orgánicas con la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, la PGR y la CNDH.
4.- La creación de
una oficina de defensa de los periodistas. La existente en la comisión
Nacional de los Derechos Humanos, el Programa de Agravios a Periodistas, perdió
funcionalidad y rumbo. La única institución capacitada para crear una nueva
instancia es la UNAM y más si ahí trabaja como abogado general Luis Raúl
González Pérez, quien como visitador de la CNDH creó el programa de defensa de
periodistas y en el pasado le dio sentido y funcionalidad. Hoy esa
oficina perdió sentido y sensibilidad. Inclusive, urgiría la figura del ombudsman
del periodista.
5.- La profesionalización
de los periodistas: capacitación, colegiación y organización gremial que obligue
a las autoridades a respetar el trabajo de la crítica. La libertad de prensa es
una garantía con doble circulación: de la prensa a la sociedad y de la
prensa al poder. Y la comprensión de que los ambientes de riesgo para los
periodistas son infinitamente mayores en el interior de la república que
en la ciudad de México. La propia prensa capitalina debería de revaluar
el papel fundamental de la prensa en estados y municipios, casi siempre víctima
de caciques y politicastros, además del crimen organizado.
La mejor defensa
del periodismo es la crítica. La libertad de prensa debe ser un derecho de los
periodistas, no del Estado. Y si Kapuscinski decía que el periodismo no
es un oficio para cínicos, tampoco lo es para pusilánimes.
(INVITACION: Mañana
jueves 5 de agosto a las 7 PM se presentará en la librería Gandhi de Miguel
Angel de Quevedo el libro La comuna de Oaxaca, del autor de Indicador Político.
Participarán Alejandro Ramos, Ricardo Alemán y René Avilés Fabila. Todos están
invitados.)
www.grupotransicion.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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