Jueves 5 de agosto 2010
+ Oaxaca: abierta la crisis 2006
+ APPO y el vandalismo talibán
La política
no deja de tener sus ironías: los que provocaron la crisis
insurreccional en Oaxaca y que sólo se pudo contener con la intervención de la
policía, ahora gobernarán Oaxaca con el aval del PAN y, dice el escritor
René Avilés Fabila, llegarán con el “espíritu talibán”: revolucionario, con
ajusticiamientos y reaccionario.
La historia del 2006
aún no se ha escrito. El autor de Indicador Político presenta hoy el
libro La comuna de Oaxaca. Crónicas oaxaqueñas de una crisis del sistema
político priísta, editado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, y
con ello contribuye cuando menos a situar el contexto del conflicto. En
el prólogo, el escritor René Avilés Fabila aporta un certero marco de
referencia:
El
problema oaxaqueño se desató por incapacidad política, porque el viejo
autoritarismo no ha sido capaz de modificar su conducta y porque, del otro
lado, la oposición mexicana jamás encuentra los mecanismos para enfrentar al
poder despótico que viene de muy lejos, acaso del encuentro y fusión de dos
absolutismos: el europeo y el azteca, el que el español haya vencido y dominado
brutalmente y un periodo colonial que dura poco más de trescientos años,
produce figuras peculiares: caudillos, emperadores, tiranos y toda clase de
dictadores que en el siglo XX encuentran la perfección en lo que Mario Vargas Llosa
denominó con sarcasmo la dictadura perfecta: el PRI. A su vez, los movimientos
libertarios o insurgentes no han tenido más remedio que seguir la ruta
violenta: de la Independencia a la Revolución, pasando por el triunfo Liberal y
concluyendo con las sublevaciones cristeras y el surgimiento de los movimientos
guerrilleros luego de 1968. Los resultados son inalterables: la sociedad civil
es afectada con graves consecuencias, en este caso, la oaxaqueña, al quedar
presa entre el gobierno estatal y la APPO.
(..)
Algo
semejante observa Carlos Ramírez en México y en el caso concreto de Oaxaca. La
pugna gobierno-APPO se entrampó y produjo la derrota de ambas fuerzas. El
problema es que --Ramírez sigue con Camus-- no hay quien condene “los excesos
de ambos lados”: ni la represión del gobierno de Ulises Ruiz ni el vandalismo
de los insurrectos. Así las cosas el conflicto se estancó y cada tanto
reaparece de formas toscas y rudimentarias.
El caso
de la APPO presenta, desde luego, variantes que requieren explicación. Dentro
del esquema Estado-sociedad o mejor dicho Estado versus sociedad, no han
aparecido las voces sensatas que aboguen por la sociedad e intenten mediar con
el poder para que las contradicciones sean mínimas. Los intelectuales son
visibles ausentes y los periodistas más reconocidos se han dejado llevar por la
polarización, siguiendo el esquema elemental y lerdo que ha conseguido imponer
el PRD, el de una lucha de buenos y malos, donde los malos, las eternas
víctimas del perverso poder son los seguidores de Cuauhtémoc Cárdenas primero y
ahora los de Andrés Manuel López Obrador, quienes al contrario de aceptar
errores y modificar estrategias, optan por el papel de mártires. No obstante,
donde tienen el poder como en la Ciudad de México, los papeles se invierten y
PAN y PRI asumen su carácter de oposición víctima de la arrogancia del PRD. De
este modo, cuando un comunicador sale de un medio, la razón le asiste: fue sin
duda triturado por los malos, los que detentan el poder y no hay análisis o
dato que pueda oponérsele, como ha sucedido en el caso de Carmen Aristegui,
convertida en mártir sin hacer ninguna investigación seria, siguiendo
únicamente las voces de sus amigos y admiradores.
La APPO,
como aprecia Carlos Ramírez, se vistió con los ropajes del débil y Ulises Ruiz
se mantuvo como villano, particularmente cuando intentó por la fuerza levantar
el plantón de maestros. Nadie supo, a partir de entonces, cómo negociar, cada
quien se aferró a su postura y los medios asumieron simpatías y antipatías
conforme al modelo tradicional de dividir a los confrontantes en Jekyll de un
lado y Mr. Hyde del otro, sin recordar que Borges precisaba que nadie es por
completo ni uno ni otro.
La
insurrección de la APPO, en sus orígenes, fue un intento serio de modificar el
rumbo del estado, muy pronto, por desgracia, se convirtió en un grupo de
choque, conflictivo y destructivo, orientado no por ideas sino por consignas y
gritos, ofensas y exageraciones. El ritual al que una imaginaria izquierda
egresada de dos autoritarismos, del PRI y del PCM y de grupos de líderes
sociales salidos de las cloacas y que ahora los vemos poderoso y ricos,
corruptos, en una palabra. Nadie ganó en Oaxaca porque el gobernador supo y
pudo quedarse en el cargo, pero más parece una pieza de museo o un prófugo que
trabaja escondiéndose, que alguien con poder real. La pregunta que pareciera
natural para los integrantes de la APPO, estudiantes y maestros, es la
siguiente: ¿recordarán que lo que dañan a veces de forma irreparable le
pertenece al pueblo oaxaqueño que dicen representar, al país y a la ciudad que
es patrimonio de la humanidad? ¿O de plano el vandalismo es revolucionario como
suponían los talibanes hoy en plena fuga? ¿Sabrán que debaten sin argumentos o
gritando consignas fastidiosas y gastadas sin propuestas reales fuera de querer
el retiro voluntario de las autoridades?
(INVITACION: Hoy
jueves 5 de agosto a las 7 PM se presentará en la librería Gandhi de Miguel
Angel de Quevedo el libro La comuna de Oaxaca, del autor de Indicador Político.
Participarán Alejandro Ramos, Ricardo Alemán y René Avilés Fabila. Todos están
invitados.)
www.grupotransicion.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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