Domingo 8 de agosto 2010
+ Oaxaca, maniqueísmo de izquierda
+ Fracaso de PRI, PRD, PAN y APPO
A continuación se
presenta un fragmento del libro La comuna de Oaxaca, del periodista
Carlos Ramírez, editado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez:
No es fácil escribir
sobre temas que han polarizado al país y menos tratando de explicar --sí:
explicar-- sus contextos. La república ha sido conducida a la peligrosa orilla
del abismo del pensamiento maniqueo, sin duda hijo perverso y bastardo
del pensamiento único neoliberal. En Oaxaca hizo crisis no sólo un modelo
político y social, sino también se agotó una vertiente de las ciencias sociales
atada a la coyuntura de liderazgos sin ideas. El pensamiento crítico llegó a su
límite en la expresión de puntos de vista pero no pudo derivar en la
construcción de una alternativa social, política y hasta económica.
La crisis de Oaxaca
en 2006 es analizada bajo el prisma maniqueo: los de la APPO son los buenos
y el gobierno priísta de Ulises Ruiz representaba a los malos. No ha
habido colores intermedios, grises, sólo la dialéctica blanco/negro. Pero
detrás de los protagonistas hay profundas cuevas sin explorar. Y ahí ha fallado
el periodismo y la academia. Ni la APPO representa a los buenos ni el gobierno
priísta encarna a los malos. Y hay razones: resulta que los buenos estaban,
hasta antes de la crisis, dentro del grupo de los malos, y muchos de los malos
ni siquiera eran malos por elección sino que las circunstancias los colocaron
en el lado que menos querían.
El modelo de pensamiento
maniqueo suele ser excluyente. Y ahí es donde el análisis de la crisis de
Oaxaca ha sido poco profundo. El colapso del 2006 es enfocado en el choque
APPO-gobernador. Pero ahí hubo un segmento inclusive mayoritario de oaxaqueños
que fueron excluidos en la disputa por el poder. Sobre todo, los habitantes de
la ciudad, la mayoría de ellos ajenos a los jaloneos políticos. Esa sociedad silenciosa
padeció las barricadas, sufrió el daño productivo de la parálisis económica y
no encontró canales de expresión. Si el origen del conflicto fue la demanda de
aumento salarial, prestaciones y rezonificación de maestros, la sociedad
oaxaqueña mayoritaria aparecía ajena a esas negociaciones. Al final, la Sección
22 del magisterio nunca dejó de reconocer que su agenda primordial en toda la
crisis fue la revisión contractual de su contrato, no la transformación social
y sistémica de Oaxaca. El uso de la fuerza en junio de 2006 radicalizó posturas
y prohijó a la APPO, pero la agenda fue originalmente económica para un sector
localizado --los maestros-- y luego derivó en el punto único de la renuncia del
gobernador del estado.
La sociedad oaxaqueña
es más plural, diversa y polarizada. La clase media quedó marginada y fue
colocada automáticamente como cómplice del stablishment. La sociedad
indígena mayoritaria tampoco estuvo totalmente representada en la APPO. La
clase media quedó atrapada entre la fuerza del poder y las barricadas
insurreccionales. La APPO asumió la representación total de la sociedad
oaxaqueña y el gobierno estatal hizo lo suyo al endurecer su posición. Pero la
mayoría de los oaxaqueños estaba al margen de los problemas.
Por tanto, este libro
quiere abrir el obturador del problema en Oaxaca. El problema no fue el
gobernador Ulises Ruiz Ortiz. Ni tampoco la APPO. Los dos fueron las víctimas
propiciatorias del agotamiento de un sistema político pero la ausencia evidente
de un nuevo sistema de gobierno. Por eso la APPO se empeñó sólo en tumbar
al gobernador y nunca pudo diseñar un proyecto social y político alternativo.
Por eso también el gobernador Ruiz Ortiz tomó el camino fácil de no renunciar
pero tampoco proponer un acuerdo social plural, novedoso y productivo.
Al comenzar el 2008 la situación sigue estancada en posiciones irreductibles.
De ahí el desafío de
ensayar un nuevo esquema de abordamiento de la crisis de Oaxaca. En un
escenario político más amplio, un enfoque social menos maniqueo y una
perspectiva histórica basada en la evolución de las élites políticas locales.
El apasionamiento de corto plazo ha llevado a un severo cuestionamiento del
pensamiento social y político mexicano. Casi todos los análisis de Oaxaca que
se han hecho desde el pensamiento progresista se nutren de la ausencia de una
reflexión crítica y autocrítica y una insistencia en el maniqueísmo analítico.
No se trata de una corriente nueva en las ciencias sociales, sino de una
desviación histórica que definió los alcances de la disidencia mexicana en el
siglo XX: la victimización como objetivo. Como si los movimientos sociales
tuvieran como objetivo la derrota.
Oaxaca pudo haber
sido la simiente de un verdadero movimiento de transformación social, pero se
agotó en la meta del derrocamiento del gobernador. De haber logrado su fin, a
Ruiz Ortiz le hubiera seguido un gobernador del mismo partido y del mismo
grupo. Y la APPO se hubiera alzado con una victoria… pírrica, porque el sistema
político, económico y social que ha hundido a Oaxaca en la pobreza seguiría
existiendo bajo el mando del PRI. Ahí falló la APPO: nunca podo diseñar una
alternativa integral. Y ahí también fracasó la crítica porque privilegió la
cobertura informativa de la lucha de barricadas y perdió de vista el origen
real de la crisis.
El libro La comuna
de Oaxaca quiere presentar la crisis de Oaxaca en un escenario amplio que
rompa con el pensamiento maniqueo. Entre los buenos de la APPO y
los malos del gobierno priísta, Oaxaca se convirtió en un escenario extraordinariamente
desafiante para las ciencias sociales, para el periodismo crítico y para las
propias organizaciones sociales. En este contexto, este libro girará en torno a
varios puntos concretos:
1.- La crisis de
Oaxaca-2006 fue la última insurrección del siglo XX. Y, pare peor, tardía.
Resultó más propositivo el alzamiento zapatista de 1994 que la revuelta de la
APPO doce años después. Si hubo indicios de descomposición de acuerdos
tradicionales, el objetivo central fue la caída del gobernador.
2.- El origen de la
crisis no fue social ni político, aunque se desarrolló en ambas pistas.
Asimismo, la crisis tuvo dos escenarios correspondientes, vinculantes: la
protesta social de grupos marginados y la disputa por el poder entre las élites
políticas locales. Las familias políticas del poder en Oaxaca suelen provocar
rupturas violentas. Mientras la APPO arrinconaba al gobierno de Ulises Ruiz,
los jefes políticos también acorralaba al gobernador.
3.- La disputa
APPO-gobernador fue real porque derivó del uso de la fuerza en junio del 2006
para levantar el plantón magisterial, pero toda la crisis estuvo marcada por el
conflicto entre las élites: José Murat-Ulises Ruiz, Murat-Diódoro Carrasco,
Carrasco-Ruiz. Alrededor de estos políticos pulularon otros grupos de poder que
querían echar de la gubernatura a Ruiz.
4.- En 1977 estalló
una crisis que llevó a la caída del gobernador Manuel Zárate Aquino y a un
nuevo arreglo en las élites. Esos acuerdos de reparto equitativo del poder
fueron rotos por la gubernatura de José Murat y no se restauraron en la
administración de Ulises Ruiz. Murat se apropió del poder y excluyó a las demás
familias. La crisis del 2006 fue producto del fin de los arreglos de 1977 y de
la necesidad de nuevos entendimientos en las familias priístas del poder.
5.- Los grupos
excluidos se refugiaron en la oposición, sobre todo el PRD, Convergencia y el
PAN. Las figuras destacadas de la crisis --más allá del dirigente magisterial
Enrique Rueda Pacheco y del vocero appista Flavio Sosa habían roto con
el PRI local: el ex gobernador Jesús Martínez Alvarez se fue a Convergencia,
Gabino Cue logró una posición con la alianza PRD-Convergencia y el ex
gobernador Diódoro Carrasco fue expulsado del PRI local y encontró acomodo como
diputado del PAN.
6.- Por tanto, la
crisis de Oaxaca en el 2006 no salió de la nada sino que fue producto del fin
del pacto político estatal de 1977. La APPO tenía razón en su agenda contra la
represión y la 22 de maestros buscaba beneficios salariales y extra salariales,
en tanto que el gobernador Ruiz habría de lidiar contra la crisis en las élites
provocadas por el ex gobernador Murat y hasta hubo de resistir las presiones
del propio Murat para quitarlo de la gubernatura y poner a un sucesor más
dócil.
7.- La crisis de
Oaxaca encontró una salida al maniqueísmo: cuando la Secretaría de Gobernación
decidió impulsar un pacto de reforma del Estado con el aval de todas las
fuerzas sociales y políticas, con lo que sacó la crisis del conflicto
APPO-gobernador y la sentó en el debate del agotamiento del modelo de
desarrollo estatal. Sólo que la APPO y el gobernador decidieron no andar ese
camino y se quedaron en la disputa por el poder y no en el rediseño del
desarrollo.
8.- La crisis de
Oaxaca espera análisis más de fondo, integrales, históricos. Oaxaca puede ser
un micro escenario del colapso de un sistema político y de las posibilidades de
la transición. El camino fácil es el de condenar al gobierno de Ruiz por haber
convalidado legalmente el uso de la fuerza y el de lamentar la derrota de la APPO.
Si la APPO tuvo en sus manos la posibilidad de ondear la bandera de la
transición política y económica de Oaxaca, terminó su ciclo como todos los
movimientos insurreccionales de corto plazo: con el grito de “presos políticos,
li-ber-tad”.
9.- La izquierda
debería reflexionar Oaxaca como una derrota de sí misma, no de la lucha social.
Pareciera existir el síndrome de la derrota, como si el objetivo fuera
llevar una crisis a la represión y convertirla en victoria. La crisis de Oaxaca
se perfiló a la derrota cuando definió el único objetivo de tumbar al
gobernador, pero en un escenario diferente al de 1977: el presidente de la
república no era del PRI y la debilidad panista obligaba a alianzas con el PRI
o con el PRD.
10.- La crisis de
Oaxaca, en suma, es un desafío para las ciencias sociales, el pensamiento
político y la crisis de la transición democrática.
www.grupotransición.com
carlosramirezh@hotmail.com
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