Jueves 12 de agosto 2010
+ Prensa: amenazas de la izquierda
+ Crítica, antídoto contra chantaje
Al obispo Onésimo Cepeda y a los
quince años de la diócesis de Ecatepec
Más que una
crisis con los
medios de comunicación, el conflicto en la prensa por secuestros y agresiones
tiene el trasfondo de un replanteamiento del papel de los medios en la
sociedad en una triple dimensión: ante la sociedad, ante el gobierno y
ante la realidad criminal.
Por eso es que las
agresiones de la prensa forman parte de la crisis en la transición
política: el SME llama públicamente a linchar a Carlos Marín, Ciro Gómez
Leyva, Pedro Ferriz y Pablo Hiriart. Peor aún: las hordas fascistoides
de los electricistas llaman a asesinar al presidente de la república y han atacado
con violencia las instalaciones de Milenio por su enfoque crítico. Y
hace unos días un lopezobradorista intentó agredir físicamente a Hiriart en el
aeropuerto.
Y cómo olvidar que en
el 2006 Andrés Manuel López Obrador instaló una guillotina simbólica en
el zócalo de la ciudad de México para ajusticiar a los periodistas que no
apoyaban su movimiento. Y recordar también a los lopezobradoristas que han sitiado
Televisa para exigir puntos de vista positivos o a los electricistas que exigen
cabezas en TV Azteca.
O recordar la lista negra
de periodistas que tenía el EZLN y su subcomandante Marcos para definir
quién sí y quién no tenía el honor de andar en Chiapas. O más recientemente, el
grito fascistoide de Jesús Ortega pidiendo que “muera la prensa corrupta”
porque los medios habían revelado la corrupción de su candidato a gobernador en
Quintana Roo, Gregorio Sánchez; Ortega no pedía aclaraciones ni pruebas, sino que
exigía la muerte de periodistas críticos.
Por tanto, el
problema de los obstáculos al ejercicio de la libertad de prensa no es
responsabilidad del Estado sino de la decisión de los medios y los periodistas
para ejercerla sin limitaciones y corriendo concientemente todos los
riesgos. Hasta ahora no se ha sabido de una marcha de periodistas
norteamericanos exigiendo seguridad al ejército de los EU en Irak o Afganistán.
Más aún: los reportes críticos de esa prensa son justamente contra la
política militar y sus fracasos. Y es larga la lista de periodistas en esa zona
de guerra que han sido agredidos, secuestrados o asesinados.
El único
camino que tiene la prensa para la renegociación con el régimen es el ejercicio
de la libertad a través del periodismo. Cuando el periodismo se subordina
a la autoridad del Estado existe una cesión de derecho a la crítica si
el periodista va a depender de la capacidad de seguridad pública del Estado.
Más que exigir
derecho a la seguridad, el periodismo debiera de intensificar su crítica
al poder público y contra las mafias en materia de seguridad. Porque si el
Estado otorga seguridad al periodista, ¿entonces cómo criticar las
deficiencias del Estado en materia de seguridad pública?
El país se encuentra
en una situación de crisis del viejo régimen y una crisis por la ausencia
de un plan de vuelo en la transición. Los medios y el crimen organizado, cada
quien por su lado, están en proceso de redefinición de las relaciones de
poder con el régimen. En el pasado priísta, prensa y crimen organizado eran parte
de las estructuras de poder, la primera como bocina de la clase
dominante y la segunda como instrumento de control social y complicidades en la
corrupción.
La alternancia
panista se ha quedado flotando en el limbo, sin los amarres del régimen
priísta pero sin nuevas formas de relación de poder: con la prensa ha sido la abstención
y con el crimen organizado la guerra.
La redefinición del marco
político de la prensa debe atender cuando menos cinco aspectos:
1.- Con los dueños.
Los periodistas deben tener mayores garantías de sus medios, políticas
editoriales más claras, salarios confiables, seguros de vida. La disputa por
una foto o una toma carece de seguridad laboral.
2.- Con la sociedad.
Hasta ahora, buena parte de la prensa tiene del otro lado a lectores o
espectadores, no una sociedad que garantice la seguridad
personal/profesional/laboral de los periodistas.
3.- Con las instituciones:
el programa de protección de periodistas de la CNDH es inoperante, la
comisión de protección de periodistas de la cámara de diputados es in
existente y no hay ONGs que vigilen sin partidarismos la libertad de
prensa. Urge un ombudsman del periodista.
4.- Con el gobierno:
la reorganización del marco jurídico que tiene que ver con la libertad de prensa,
garantías para los medios y sobre todo reglas claras en las oficinas de prensa
gubernamentales.
5.- Con el periodismo:
la marcha del sábado mostró el principio de una sana organización gremial. Pero
falta la vinculación de la prensa con las escuelas de periodismo, la
reorganización de los programas de estudio, la especialización en periodismo de
seguridad, la capacitación y sobre todo la colegiación.
En todas las
transiciones, el hilo más delgado ha sido el de la prensa. Pero en lugar de
exigir seguridades, la prensa en las transiciones ha ejercido la
libertad como parte del proceso de democratización. En el fondo existen
decisiones para replantear la relación poder-prensa a partir de las
pasiones y miedos, con la intención de acotar el ejercicio de la libertad
de prensa. De ahí que los medios deben aumentar el ejercicio de la
crítica y no mostrar miedos que siempre pasan justamente por la reducción
de la libertad.
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carlosramirezh@hotmail.com
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