Miércoles 18 de agosto 2010
+ CNDH defiende a delincuentes
+ Protagonismo al estilo Carpizo
Ante su incapacidad para realizar indagatorias
de presuntas violaciones a los derechos humanos en el combate a la violencia
escalada del crimen organizado en las calles de varias ciudades, la Comisión
Nacional de Derechos Humanos ha regresado a la doctrina Carpizo
McGregor: la estridencia, el protagonismo… y cosas peores.
Las recomendaciones
de la CNDH sobre combates callejeros entre autoridades y criminales se han
convertido en verdaderos instrumentos de defensa de delincuentes. Al
final, las recomendaciones de la CNDH parecen exigir a las autoridades el
cumplimiento estricto del Manual de Carreño de las buenas costumbres. De
ahí que el crimen organizado esté detrás de grupos que exigen el retiro
del ejército del combate al narcotráfico.
La recomendación de
la CNDH por el caso de los jóvenes estudiantes que perecieron en un enfrentamiento
a balazos a las afueras del Tecnológico de Monterrey, allá en Monterrey, peca,
en el mejor de los casos, de ingenuidad: establece recomendaciones estrictas
en función de su indagatoria, pero reconoce --en un boletín de prensa redactado
para confundir, tergiversar y sobre todo ocultar ineficiencias propias-- “que
esta CNDH no cuenta con elementos suficientes para definir quién fue el
autor de la privación de la vida de los estudiantes”. Es decir, critica sin
argumentos sólidos.
Por tanto, la
Comisión ha decidido el camino de la estridencia y de la confrontación
del papel del ejército en las calles combatiendo a la delincuencia. En estos
tres años de ofensiva gubernamental contra el narco han muerto más de
200 soldados y más de dos mil policías por la capacidad de violencia del
crimen organizado, sin que la CNDH siquiera intente comprender la
dimensión del conflicto.
Extraña asimismo la
insistencia de la CNDH en sus requisitorias verbalmente agresivas al
ejército para que intensifique la aplicación del programa de derechos humanos
de la Sedena 2008-2012. Sin embargo, hace unos días la CNDH comenzó junto con
las fuerzas armadas un diplomado dirigido a jefes y oficiales justamente
sobre derechos humanos. Y como nunca antes, el ejército ha decidido airear
el tema de los derechos humanos. Pero muy al estilo Carpizo, la recomendación
está redactada con la malévola intención de denunciar que el ejército es
un cuerpo criminal, a sabiendas de que el ejército sí está comprometido
con los derechos humanos.
Entre otras, la
recomendación sobre el Tec tiene varias inconsistencias, incongruencias y
omisiones evidentes: exige a la Sedena indemnizar a los deudos de
los jóvenes pero sin contar con bases técnico-jurídicas para
responsabilizar a los militares, hecho, por lo demás, que la propia CNDH dice
que no fue posible determinar formas de las muertes; califica de uso arbitrario
de la fuerza militar cuando se trató de una respuesta a una agresión a
balazos por parte de delincuentes en una emboscada, en la cual salieron heridos
cinco soldados cuya suerte desdeña la CNDH para proteger a los
delincuentes.
La recomendación
también infiere la responsabilidad militar a las presuntas agresiones a
los cuerpos de los jóvenes, pero sólo con el argumento de que habrían sido
--sin dar la prueba de la certeza absoluta-- los únicos cercanos al lugar. Sin
embargo, la indagatoria superficial y sin elementos suficientes no tomó
en cuenta un hecho pericial clave: en uno de los cuerpos se encontró, en la
autopsia de ley, una ojiva de calibre .223 usada por el crimen organizado en
rifles de asalto R-15, el M-.16 y la pistola conocida como mata-policías,
ya que el ejército usa los fusiles reglamentarios calibre 7.62 mm.
Lo grave de
las recomendaciones de la CNDH contra el ejército no radica en la mala
integración de información --que saldría reprobada en la clase de
averiguaciones previas en la escuela de derecho--, sino en la intencionalidad:
en el caso de los niños de Ciudad Mier, la CNDH enfiló la acusación grave de que
el ejército era el asesino, pero basada en el testimonio de la madre
acreditando un analfabetismo inexistente. Y ahora, en los jóvenes del Tec, acusó
al ejército de manipular la escena del crimen. En ambos casos, la CNDH excluyó
el hecho de que fueron acciones de combate en las que agredieron al
ejército.
En este contexto, la intención
final de la CNDH es sacar al ejército de la lucha contra el crimen organizado,
justo cuando la policía ha sido rebasada por la violencia, armamento y
capacidad de agresión del crimen organizado. De ahí que cada recomendación
sobre el tema le confirme la razón al anterior secretario de Gobernación
Fernando Gómez Mont, cuando le dijo directamente y a la cara al presidente de
la CNDH, Raúl Plascencia, que los organismos de DH eran “tontos útiles” a los
intereses de las bandas criminales. La intención de la CNDH de mostrar el
ejército como un grupo de represión violatoria de los derechos humanos sólo
busca atar de manos a la autoridad frente a la escalada de
violencia y corrupción del crimen organizado.
No por menos, por
ello, la CNDH ha emitido recomendaciones con graves fallas de
investigación, sin conocer el contexto de los incidentes y sobre todo excluyendo
las razones de las autoridades. Tampoco es un comportamiento nuevo. Lo realizó
Jorge Carpizo McGregor como presidente de la CNDH en su ofensiva contra el
ejército --entonces los militares sin doctrina de derechos humanos como
hoy-- pero sólo para escalar a la posición burocrática de la PGR, donde contrató
como jefe judicial a un policía protector de narcos. Y ahí su sucesor en
la CNDH calló con complicidad.
www.grupotransicion.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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