Jueves 19 de agosto 2010
+ Ebrard: iglesia acota a… PAN
+ Posadas, gay, Salinas, Camacho
Las declaraciones del
cardenal Juan Sandoval Iñiguez contra Marcelo Ebrard son apenas la punta
de la hebra de un enredo político de múltiples derivaciones:
1.- El caso
Posadas. La Corte Suprema se negó a atender la solicitud de la jerarquía
católica para investigar el asesinato del cardenal Posadas en 1993 como una violación
grave de las garantías individuales del prelado. La acusación de la iglesia fue
hecha directamente contra Carlos Salinas de Gortari, de quien Ebrard fue uno de
sus más cercanos colaboradores. En 1993, Manuel Camacho y Ebrard
operaron directamente las relaciones con la jerarquía católica para
controlar los daños y proteger a Salinas.
2.- El delito de
opinión. El delito de “daño moral” fue inventado por el presidente Miguel
de la Madrid en diciembre de 1988 como una forma de coartar la libertad
de opinión y contener la crítica contra los funcionarios. En aquella
ocasión se le llamó “ley mordaza” y fue acotada a favor de los
comunicadores. Ebrard habría sido cómplice de esa ley de De la Madrid
porque trabajaba directamente con Manuel Camacho, entonces subsecretario de
Programación y segundo del secretario Carlos Salinas de Gortari.
3.- El dardo
lanzado por el cardenal Sandoval dio en el blanco: obligará al PAN a definir
sus alianzas estratégicas porque el PAN de César Nava ha tenido que asumir las agendas
social y sexual del PRD. La crítica del cardenal Sandoval contra la decisión de
la Corte de avalar bogas gay y adopciones gay tiene que ver directamente
con Ebrard, su promotor. Y en las discusiones en la ALDF y en la Corte, el PAN
y el gobierno panista tuvieron que ceder banderas ideológicas históricas
paras no molestar la alianza del PAN con el PRD. Más aún:
Ebrard-Camacho arman una alianza PAN-PRD en el DF donde se aprobaron las
reformas gay.
4.- Ebrard vio la
crítica del cardenal Sandoval con su tradicional oportunismo: un debate
mediático que le llevará a ganar algunos puntos en las encuestas del PRD. Por
eso se quiere vestir como el Quijote para proteger el molino de viento del
Estado laico. Eso sí, revela la intolerancia de los tolerantes. Una
demanda de daño moral quiere ponerle una mordaza a la iglesia y a los
críticos de la agenda sexual de las minorías, aprobada en contra de las
mayorías. Ebrard quiere escandalizar sobre el tema para acotar las
declaraciones críticas de la jerarquía católica contra la agenda sexual del PRD
avalada por el PAN. Ante el efecto de las declaraciones del cardenal
Sandoval en la comunidad católica, Ebrard busca amordazarlas con la
amenaza de la demanda civil de daño moral.
5.- El dardo del
cardenal Sandoval hará más daño en el PAN que en el PRD o en la
popularidad de Ebrard. El PAN quedó atrapado entre su doctrina cristiana
y sus alianzas con el PRD. De ahí que la declaración del cardenal Posadas haya
logrado su objetivo: obligar al PAN a definir su lealtad ideológica y
política y de paso lastimará los gobiernos de coalición en Puebla,
Oaxaca y Sinaloa, donde el PRD ya instruyó a los gobernadores
aliancistas a imponer la agenda sexual de las minorías.
Por lo demás, el tema
central del daño moral tampoco se presenta positivo para Ebrard, sobre
todo porque se trata de un delito inventado por De la Madrid para coartar
la libertad de expresión y de crítica. Y al final, las acusaciones de daño
moral son fundamentalmente económicas, no penales. Pronto sabremos cuánto
vale la moral de Ebrard. El artículo 1916 del código civil señala que el daño
moral tiene que probar que causó deterioros en los “sentimientos,
afectos, decoro, honor, reputación, vida privada y aspectos físicos” de Ebrard.
Y ahí se localiza una
arena movediza: si Ebrard quiere ganar, tiene que demostrar que el
cardenal Posadas tuvo tino en su dardo y probar daños en sus sentimientos.
Por tanto, debería someterse a un examen siquiátrico. Y adicionalmente
podría presentar como prueba una encuesta que probara que los dichos del
cardenal Sandoval le disminuyeron puntos en la encuestas y con ello
darle armas a López Obrador en la carrera por la candidatura presidencial de la
Alianza promovida por su operador Manuel Camacho.
Lo grave para
Ebrard se localiza en un funcionario público con aspiraciones presidenciales
pero bastante sensible a la crítica e incapaz de responder con las armas
de la política. Es decir, un funcionario autoritario que quiere evitar
el debate con la ley. El siguiente paso sería la decisión de Ebrard de coartar
la libertad de crítica, de expresión y, ya encarrilado, de pensamiento. El
delito de daño moral fue creado para beneficiar la impotencia política
de los funcionarios públicos negados a la crítica y al debate. Es decir, de
funcionarios que saben que carecen de razones para convencer y acuden a
las chicanas de la ley para silenciar al adversario. Ebrard
buscaría así un manotazo legalista para evitar el debate sobre las
decisiones para imponer derechos sexuales de las minorías por encima de las
mayorías.
La ley es clara: el
daño moral castiga los señalamientos de una persona contra otra sobre un
hecho “cierto o falso”. Por ello es que la demanda de Ebrard es
simplemente una forma de cobardía política para convencer. Y al final,
Ebrard tendrá que probar que se siente sentimentalmente herido, algo sin
duda significativo en un político que quiere ser Presidente de la República.
Es decir, que habrá
que sentir lástima por el Ebrard sicológicamente quebrado por una
declaración del cardenal Sandoval. Como aspirante presidencial Ebrard parece un
jarrito de Tlaquepaque, municipio donde se localiza el arzobispado del
cardenal Sandoval.
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