Martes 31 de agosto 2010
+ Narco: ¿ejército de EU aquí?
+ NYT: narco-migrantes-Obama
El editorial
de ayer del The New York Times al exigir al presidente Obama tomar
las agendas de narco y migración de México forma parte de la estrategia
estadunidense de utilizar la crisis de seguridad pública como un asunto de seguridad
nacional de los Estados Unidos. El objetivo final es aceptar que ni
el ejército mexicano puede con el crimen organizado y que entonces la Casa
Blanca tenga que autorizar la presencia militar de Washington.
En este contexto, la lectura
política de los coches-bomba, la masacre de migrantes en Tamaulipas, la
agudización de la inseguridad en Monterrey, el consejo del Departamento de
Estado para sacar a hijos de estadunidenses de la plaza forman para
evitar daños, el envío de la guardia nacional de EU a su frontera con México y
la presión de organismos defensores de derechos humanos sobre el
ejército mexicano se acomoda en el escenario de la intención de los EU
de meterse en México para proteger su escudo de seguridad nacional.
Y si a ello se agrega
la especialización del actual embajador de los EU en México, Carlos
Pascual, en el tema de los “Estados fallidos”, entonces el cuadro general de la
crisis de seguridad pública de México como una prioridad estadunidense
sólo tendría la puerta de salida en la firma de acuerdos que permitan la
presencia militar estadunidense en México.
Washington tiene
bastante claro el panorama global. La crisis del narcotráfico en
Colombia llevó a que el Plan Clinton tuviera como esencia la presencia
militar de los EU en ese país, con la reciente instalación de bases
militares. Aunque en el fondo, el narcotráfico pudiera ser sólo la cubierta
de la decisión de la Casa Blanca porque en el fondo lo que más preocupa a
Washington es la ruptura de su escudo de seguridad nacional al sur de
sus fronteras por la penetración de Irán vía Venezuela y la amistad con
Brasil. El enfoque de seguridad de la Casa Blanca vincula al terrorismo
árabe con el gobierno iraní.
Luego de Colombia, la
siguiente plaza tomada por el Departamento estadunidense de Defensa fue
Costa Rica. El pasado primero de julio el Congreso de Costa Rica --un país que
por tradición histórica no tiene ejército sino tan sólo policía-- autorizó
un convenio para la llegada al país de 46 buques de guerra --incluyendo un
portaviones-- y siete mil soldados estadunidenses. La justificación
oficial fue la incapacidad del país para luchar contra el narcotráfico. Los
militares estadunidenses van a entrenar a personal policiaco de Costa
Rica para combatir el crimen organizado.
De ahí que en círculos
de seguridad nacional de México hayan comenzado a resurgir las suspicacias
sobre la radicalización de los hechos de violencia, las presiones del
gobierno de los EU sobre las plazas contaminadas por el narco, los reportes de
organismos de derechos humanos y los editoriales en la prensa estadunidense. El
editorial del The New York Times de ayer --a partir del hecho de la
propiedad mexicana de un fuerte paquete acciones por Carlos Slim-- le traslada
la responsabilidad de la política migratoria de México a la Casa Blanca y con
ello presiona para que el gobierno de Obama asuma el manejo de la
política migratoria estadunidense y subordine la mexicana.
La lógica de la
política binacional contra el crimen organizado fue redefinida por el
embajador Carlos Pascual el septiembre del año pasado en un discurso ante la
Conferencia de gobernadores fronterizos: “así como las organizaciones
criminales ignorar nuestras fronteras, nosotros también debemos eliminar las
barreras que nos dividen”. La principal preocupación de Washington es que
las zonas petroleras que interesan a los EU se localizan en la zona de
Tamaulipas-Veracruz.
La insistencia
de la opinión crítica de que México es un Estado fallido se localiza en el escenario
benéfico para los EU. La intervención del ejército mexicano en la lucha contra
el crimen organizado se sustenta en la tesis de que el narco vulnera la
integridad del territorio y su acción impide la estabilidad nacional. Pero hay más:
en su libro La participación de las fuerzas armadas en el entorno actual de
la seguridad pública, el general Moisés García Ochoa fundamenta el tema de
la inseguridad pública como un tema de seguridad nacional: “sólo se
podrá garantizar la existencia del Estado cuando se impida o se elimine
la presencia o evolución de fuerzas y tendencias que pueden entorpecer
su progreso o desarrollo en el interior y, por ende, la consecución
de sus objetivos en el exterior”.
En este contexto, el
ejército es la única fuerza de seguridad capaz de derrotar al crimen
organizado y de resistir la corrupción de los capos de la droga, por lo
que se ha convertido en la institución a demoler por las presiones de
grupos internos que insisten en el Estado fallido y que quieren imponer la
tesis de que el ejército tiene como objetivo primario la violación de
los derechos humanos y no el combate a los delincuentes. Si el ejército es
retirado de la lucha contra el crimen organizado, ese día el Estado habrá
ingreso a la noción de Estado fallido y por tanto débil ante la
intervención extranjera.
La doctrina de
seguridad nacional militar no se agota en el concepto de soberanía sino que
fortalece la tesis de la defensa de la república ante un crimen organizado articulado
a bandas que en los EU tienen connivencia con el poder establecido. El
Estado mexicano fallido es agenda de Washington.
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carlosramirezh@hotmail.com
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