Lunes 4 de enero de 2010
+ Los desafíos del 2010 (1)
+ Neoliberalismo, otra vez
Ante
el desafío de cambiar la política económica y redefinir el modelo de
desarrollo, los gobiernos federal panista y capitalino perredista decidieron optar
por el camino del neoliberalismo priísta. Los ajustes de precios, tarifas e
impuestos y el control salarial forman parte del recetario tradicional
del Fondo Monetario Internacional que definió la economía de 1983-2000.
La estrategia se basa
en el objetivo de estabilizar las finanzas públicas vía mayores ingresos
públicos. Pero la clave de estas decisiones se localiza en el control
salarial para evitar el disparo de la inflación por el aumento de los costos de
producción. El pensamiento fondomonetarista que anima las alzas de precios e
impuestos radica en la doctrina monetarista: la inflación es en todo
tiempo y en todo lugar un fenómeno monetario.
De ahí que el eje
de la política económica 2010 descanse en el control de la demanda para
mantener estables los precios. Y la demanda se define por la masa salarial. El
aumento de salarios mínimos y contractuales se seguirá manteniendo por debajo
del alza de los precios. El costo final de estas decisiones es sacrificar
el poder adquisitivo del salario… y el bienestar.
La política económica
federal panista y perredista en el DF no se fija el objetivo de
recuperar el empleo ni de reactivar la economía de manera productiva ni de aumentar
el bienestar. Peor aún, sin demanda, las posibilidades de la oferta serán menores.
Por eso las metas de recuperación del empleo se han trasladado al 2011. El año
de 2010 será de estabilización de las variables macroeconómicas.
Los análisis de los equipos
económicos del gobierno federal y del DF se basaron en las cifras que señalan
que las grandes pérdidas de poder adquisitivo ya pasaron. El promedio
ponderado sexenal de la pérdida de poder adquisitivo del salario en los gobiernos
de José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo
fue de -38%, en tanto que la pérdida en el sexenio de Fox fue de apenas -4-5%
y en los primeros cuatro años de Calderón podría ser de una recuperación
mínima de poder adquisitivo de alrededor de 16% si se mantiene la meta
de 3.3% de inflación para el año que comienza.
Pero en realidad el
problema no es la revisión sexenal. En comparación con el año de 1981
--año en que terminaron los aumentos salariales por encima de la
inflación--, la pérdida acumulada el poder de compra del salario en el 2009
podría ser casi -70%. Es decir, que el salario mínimo del 2009 apenas
puede comprar el 30% de lo que adquiría en el 2001. La inflación alta y el
aumento salarial bajo han achicado el poder adquisitivo del salario a
apenas un tercio del que tenía hace veintiocho años, según cifras del
cuadro salarial en el sitio www.mexicomaxico.org/Voto/SalMinInf.htm.
El peor sexenio del
salario mínimo fue el de Miguel de la Madrid, cuando el responsable de la
política económica fue Carlos Salinas: la inflación sexenal creció 3710.12% acumulada
y el salario mínimo apenas 2097.42%, con una pérdida de poder de compra de -43.45%.
Con Echeverría, por el aumento de salarios, el poder de compra se recuperó 56%,
pero duró poco porque el aumento en la demanda sin una corrección en la
oferta llevó a presiones inflacionarias que se pagaron con controles salariales
y devaluación.
La decisión del
gobierno federal panista de regresar a las políticas económicas
fondomonetaristas tienen dos explicaciones: o los equipos económicos sigue
operando bajo el pensamiento económico tradicional del FMI o el gobierno
de Calderón percibió que carece de fuerza para replantear toda la
política económica. En todo caso, le faltó determinación para romper con
los candados de pensamiento económico que sigue manteniendo el PRI en el área
de funcionarios económicos y financieros de la burocracia.
Las metas de los
gobiernos de Calderón y Ebrard son modestas: sólo estabilizar las
finanzas públicas, aceptar de antemano un PIB menor al oficial y sacrificar el
empleo. Los ingresos adicionales por el aumento de precios y tarifas e
impuestos irían a estabilizar las finanzas públicas que fueron
desequilibradas por la recesión.
El problema de la
crisis radica en el diseño de la política económica y el pensamiento
económico subyacente. Lo malo es que el PAN y el PRD en el pasado fueron
partidos con una muy clara crítica a los fundamentos neoliberales y
fondomonetaristas de la política económica priísta y por tanto los dos estaban
obligados a hacer un replanteamiento general de la economía. El consenso
nacional por la brutal caída del PIB en el 2009 había establecido un medio
ambiente social propicio a los grandes cambios. Por ejemplo, el problema
de los ingresos por la vía fiscal pudo haberse encarado con el fin de los
regímenes especiales. Pero la oposición del PRI como mayoría a esa
decisión que lastimaría su control social dejó a los gobiernos panista y
perredista capitalino sin márgenes de maniobra.
De todos modos el
desafío sigue: o se cambia la política económica y se supera la doctrina
estabilizadora del FMI o las decisiones van a seguir dañando el nivel de
vida de las mayorías. A la recesión del 2009 se le va a añadir en el
2010 el aumento brutal en precios, servicios e impuestos, sin alza
salarial.
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