Jueves 7 de enero de 2010
+ Los desafíos del 2010 (4)
+ Dictadura de las minorías
Al perderse el valor
de las ideologías, una de las macrotendencias dominantes del concluido primer
decenio del siglo XXI es la de la dictadura de las minorías. Lo malo es
que han impuesto decisiones para configurar una nueva sociología pero con los
mismos vicios de las mayorías políticas priístas: la intolerancia, la
discriminación y el autoritarismo.
A partir de un cargo
de conciencia negativo en la sociedad, las minorías quieren convertir
sus intereses en ideología obligatoria. Sin embargo, como se ha visto en los
casos del aborto, los matrimonios gay, las adopciones por parejas del mismo
sexo y los derechos humanos, son decisiones que carecen de la fuerza de
una idea política o social y casi todas se asumen como correcciones a
comportamientos hasta ahora marginados.
Lo malo de
ello es que el camino asumido no es el de la democracia sino el del
revanchismo. Por ello, el país ha quedado atrapado en lo que se conoce como discriminación
positiva; es decir, segregar a una mayoría para reconocer las
demandas de una minoría. Pero los caminos democráticos son otros: convertir la
minoría en mayoría o pasar por las pruebas del referéndum como forma de
responsabilizar a las mayorías y no silenciarlos con epítetos estalinistas para
impedir el equilibrio democrático.
La macrotendencia de
la discriminación positiva quiere verse como el sustituto de la
ideología o de la correlación de fuerzas sociales, sin importar que produzca
cambios sociales que requieren del consenso mayoritario. Las legalizaciones del
aborto y de los matrimonios gay con adopción pueden ser parte de una
agenda social que requiere de convencimiento. Pero la mayoría perredista en el
PRD --producto del fraude electoral de Estado en el DF en el 2006-- carece
de capacidad de convencimiento y por eso se niega al referéndum.
Sin embargo, el
aborto y los matrimonios gay modifican la concepción misma de sociedad y
violan las leyes federales. El código penal basa el carácter tutelar del Estado
en la consideración de que la vida comienza en la concepción y le ley
civil considera por decisión de Benito Juárez que el matrimonio “no
puede celebrarse más que por un solo hombre con una sola mujer”. Y no se trata
de leyes de la derecha sino de la tradición jurídica.
Y ahí es donde se
establecen los criterios de intolerancia, discriminación positiva y
autoritarismo de las minorías al asumir decisiones que modifican el marco sociológico
de la república sin asumir las exigencias de toda democracia en donde la
mayoría tiene el derecho de darse las leyes que considere. Las acusaciones de derechistas
a quienes se oponen o critican el aborto, los matrimonios gay con adopciones y
el uso político de los derechos humanos son solamente pretextos de su
falta de razones mayoritarias.
El hecho de que el
PRD con menos votos en el DF haya acudido al mecanismo priísta de su
venero original para imponer decisiones por la vía del mayoriteo y se
niegue a la fórmula democrática del aval mayoritario vía referéndum no es más
que la muestra de la intolerancia, la discriminación y el autoritarismo de las
minorías. El debate político e ideológico hace tiempo que se agotó en la
polarización política porque el PAN no es la derecha histórica y
reaccionaria, el PRD tampoco es la izquierda socialista o progresista y
el PRI menos es el representante del liberalismo juarista o de la
revolución mexicana.
Lo grave de todo
es la tendencia a la degradación. El PRD se ha convertido en el defensor de posiciones
que tienen de suyo contenido negativo: el aborto, porque protege la irresponsabilidad
de pareja; los matrimonios gay porque destruyen la célula de la familia;
y los derechos humanos porque blindan a los delincuentes. De seguir por ese
camino, poco falta para que el PRD también --como ocurre ya en los Estados
Unidos-- busque la legalización de la pedofilia, apruebe la eutanasia como
pena de muerte y promueva la legalización de la droga para que su
consumo aumente.
Así, los derechos de
las minorías --que deben discutirse a fondo y sin obstáculos ideológicos--
quieren imponerse como obligatorios para la mayoría, por la vía de la intolerancia
o falta de respeto a las ideas y prácticas de los demás. La caracterización
religiosa de la oposición a la forma y fondo de las decisiones adoptadas es una
forma de intolerancia de las minorías y del PRD autodenominado de izquierda.
Así, México parece pasar de la intolerancia del conservadurismo
religioso a la intolerancia del progresismo perredista laico. El único camino
para evitar confrontaciones civiles pasa por los mecanismos de la consulta
democrática mayoritaria del referéndum, pero éste ahora es negado por
los perredistas ante la debilidad de su mayoría social.
La dictadura de las
minorías como macrotendencia del siglo XXI está sustituyendo los valores
de la ideología y las prácticas democráticas del consenso mayoritario. Así comenzaron
en México las guerras civiles. El PRD se está comportando hoy como en el siglo
XIX lo hicieron los grupos religiosos conservadores. La intolerancia, la
discriminación y el autoritarismo de las minorías están rompiendo el
consenso mayoritario democrático, a pesar de que la democracia fue el principal
valor de la izquierda marginada.
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