Miércoles 13 de enero de 2010
+ Ebrard: esconder carestía DF
+ A FCH y gente alzas propias
En una maniobra de trapecismo
dialéctico, Marcelo Ebrard culpó al alza de gasolinas decidida por el gobierno
federal de la ola de carestía que invadió al DF y que fue provocada en realidad
por alzas decididas por el gobierno del DF el pasado 23 de diciembre.
Con un traje
populista de Rey Mago, Ebrard anunció ayer diez pomposas medidas de
protección a grupos vulnerables, Sin embargo, la parte más dañada por las alzas
del GDF --con el aval del PAN y del PRI en la Asamblea Legislativa-- fue la
sociedad productiva, quien seguirá cargando las más impactantes alzas:
50% en el boleto del Metro, 100% en parquímetros privatizados, de 200% a
350% en agua, 25% en impuestos en nóminas a empresas y de 15% a 61% en predial
y 100% a hospedaje.
La política económica
de Ebrard --hija directa del neoliberalismo-- podría ilustrarse con un
solo dato: el aumento en el salario mínimo para el DF fue de 2.65 pesos
diarios, pero el alza en el precio de cada boleto de Metro fue de 1 peso.
Así, el ajuste en el Metro que usan cuatro millones de capitalinos se comió
de entrada el 37.7% del aumento salarial diario por viaje. Lo grave que
fue Ebrard decidió su escalada de aumentos de precios oficiales antes de
que se decidiera el nuevo salario mínimo para el 2010.
Muy a su estilo de
culpar a los demás de sus propios errores, Ebrard justificó su programa
de emergencia al aumento adelantado del precio de las gasolinas. Sin embargo,
la carestía de más de 20% de la canasta básica también repercutió todas
las alzas en cascada de precios a servicios públicos que impuso Ebrard con la complicidad
de los diputados panistas. El impacto del alza de las gasolinas fue menor
al ocurrido en otras ocasiones, sobre todo porque se controló la
inflación por el lado de la demanda, es decir, de los salarios y el poder de
compra.
El programa de emergencia
anunciado por Ebrard beneficia a una parte mínima de los grupos
vulnerables, aumenta los subsidios a grupos controlados por el PRD y usados en
los acarreos a favor de Ebrard y de López Obrador y afecta a la mayoría
de la sociedad productiva. Por tanto, la política económica de Ebrard mantuvo
su pensamiento económico neoliberal.
En materia de ahorro
en gasto, Ebrard anunció un recorte presupuestal de 2 mil millones de pesos,
apenas el 1.5% de los ingresos estimados en 129 mil millones de pesos.
Pero Ebrard no cumple con los criterios exigidos por López Obrador al
gobierno federal en materia de austeridad: baja de salarios, disminución en
gastos y recorte de privilegios. Ebrard sólo disminuye gasto en gasolina a
altos funcionarios, compra de vehículos, ahorro en gastos en papelería, y “restricción
en las erogaciones por remodelación de oficinas”. Nada con ajustes al nivel
de vida bastante alto de los funcionarios perredistas. Pagarán costo de recorte
sólo oficinas, no funcionarios. Y respecto a 2009, para 2010 aumentará 8.7%
el gasto de la oficina del jefe de gobierno y 20.9% el de la oficina del
secretario general.
El programa de
emergencia de Ebrard nada tiene que ver con una política de bienestar
social. Sólo está destinado a beneficiar a grupos articulados al PRD.
Así, la política económica neoliberal de Ebrard seguirá sosteniéndose en una
intención recaudatoria, sacrificando a los sectores realmente
productivos, condenando a la abrumadora mayoría de capitalinos a aumentos en
los servicios básicos.
Del otro lado, los
capitalinos sufrirán la obsesión de Ebrard por la popularidad. La
construcción de un tranvía se cuantificó en 2 mil millones de pesos, pero
tendrá un costo real de 17 mil millones de pesos --8.5 veces más--por
compras a crédito y subsidio a concesionarios, lo que habla de una política
elefantiásica que va a atar los presupuestos de futuros jefes de
gobierno a líneas de crédito leoninas. Y todo porque Ebrard quiere hacer un
centro histórico tipo Disneylandia.
La política económica
de Ebrard ha sido fiel a su pensamiento neoliberal-populista: afectar el
consumo y beneficiar a los grupos sociales dependientes del PRD. No
existe diferencia alguna entre la política económica del GDF de la de los
secretarios de Hacienda de 1983 a la fecha. Eso sí, Ebrard utiliza la misma argumentación
demagógica pero igual de tramposa: “ayudar a la mayoría de la
población y especialmente a los grupos más vulnerables”. La mayoría de
la población capitalina fue dañada en su poder de compra y nivel de vida por
una sola decisión: no el alza en las gasolinas sino el aumento de 50%
en el precio del boleto del Metro, sin duda el transporte masivo por excelencia
que utiliza la mayoría de la población.
La baja en las
participaciones federales al DF para 2010 ha sido tapada con un alza generalizada
por parte del GDF: con respecto a 2009, suben 6.3% los impuestos, 25% los
derechos, 10.4% los aprovechamientos. Es decir, el faraonismo del
gobierno de Ebrard se hace con cargo al ciudadano. Y los pagos adicionales de
los ciudadanos en impuestos, derechos y aprovechamientos son una disminución
en su poder de compra y su nivel de vida. Por eso Ebrard quiere distraer
la atención con las gasolinas.
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