Jueves 11 de febrero de 2010
+ Narco-Juárez: pasivo PRI-PAN
+ Desafío: elecciones sin mafias
La presencia de
representantes de los poderes estatales en Ciudad Juárez representa el primer
compromiso formal de un gobierno estatal priísta en la lucha federal contra el
narcotráfico. Ahora viene el segundo y definitivo: evitar la presencia
del narco en las elecciones locales, incluyendo la alcaldía de ese municipio
fronterizo.
La decisión del
gobernador chihuahuense José Reyes Baeza --aún limitada-- involucró al
gobierno estatal en la estrategia de lucha contra el crimen organizado. En
cambio, los gobernadores priístas de Durango, Tamaulipas y Sinaloa han entrado
a sus procesos electorales locales sin preocuparse por el problema del
narco --los dos primeros-- y el tercero con un precandidato oficial señalado
de relaciones peligrosas con algunos capos.
La crisis de
seguridad en Ciudad Juárez no fue provocada por el ejército ni por la
policía federal. Su origen es antiguo y político local: los gobiernos
municipales panistas y priístas desde 1983 permitieron primero el tráfico
de drogas y luego la complicidad municipal y estatal con el consumo. Los
picaderos como narcotienditas para el consumo se asentaron en la ciudad
bajo la protección de la policía municipal en estos años. Y el consumo
llevó a la construcción de una sólida estructura municipal de protección
de mafias.
Sin lienzo social,
sin tejido político y con complicidades locales, Ciudad Juárez colapsó
su estructura de gobierno y de consenso. El problema de los feminicidios no
fue policiaco sino social y respondió a la ausencia absoluta de una
autoridad. Con la complacencia de gobiernos estatales, con alcaldes marcados
por la complicidad política y sin ninguna atención federal, Ciudad Juárez se
salió de control y quedó hundida en un vacío de poder institucional.
Los problemas de la
estrategia gubernamental para Ciudad Juárez tienen que ver con el abandono
institucional. Por sí solos, el ejército y la policía federal no podrán
recuperar la estabilidad para el municipio. Los empresarios carecen de
apoyo estatal, las clases medias prefieren huir de la ciudad, las clases bajas no
tienen permeabilidad social o política, el PRI dejó de funcionar como
espacio de cohesión, la oposición se metió en la corrupción del poder,
la explotación laboral femenina tuvo que ver con los feminicidios y los jóvenes
se extraviaron en el mundo fantasioso del poder criminal.
Los primeros
responsables de la crisis en Ciudad Juárez fueron los alcaldes. Y ahí los hubo,
de 1983 a la fecha, del PAN y del PRI. Los cárteles se asentaron en la
complicidad silenciosa de munícipes que se negaron a hacer algo bajo el
criterio de que era un asunto federal. Y se llegó al punto culminante en el 2008
cuando Saulo Reyes Gamboa, secretario de Seguridad Pública municipal bajo la
administración priísta de Héctor Teto Murguía 2004-2007, se declaró culpable
de tráfico de drogas en los EU y sigue encarcelado. Murguía fue electo
en el 2009 diputado federal por Ciudad Juárez.
Ahí se localiza el
siguiente reclamo: la sociedad. ¿Dónde ha estado la sociedad juarense en
los años de crecimiento público del problema del narco y de la
violencia? Esa sociedad ha salido a protestar sólo contra el ejército y
la policía, pero ha guardado silencio ante los feminicidios y nada hizo
ante el aumento en el consumo de droga. Y peor: siguió votando por el
PAN y por el PRI. Ahora mismo el secretario de seguridad pública del gobierno
estatal renunció al cargo pero no por el aumento de la violencia criminal
sino para competir por la candidatura priísta a la alcaldía de Ciudad
Juárez.
El desafío del
gobernador priísta Reyes Baeza no termina sólo con el efecto mediático
del traslado de representantes de los poderes estatales a Ciudad Juárez. Su
principal reto político estará en la designación de candidatos municipales y a
la legislatura local ajenos a cualquier relación con el tema de la
inseguridad. A diferencia de Sinaloa, Durango y Tamaulipas, el precandidato priísta
designado César Duarte no tiene vinculación directa con la
administración local, salió de la cámara federal de diputados y no enfrenta
ninguna sospecha de vínculos con las mafias. Los gobiernos municipales necesitan
de funcionarios no comprometidos con la incompetencia en la lucha local
contra el crimen organizado.
Con la decisión de
Reyes Baeza, el gobierno federal tiene en sus manos la gran oportunidad para involucrar
a las sociedades estatales y municipales en la estrategia de lucha contra el
narco. A diferencia de la apreciación común, la estrategia gubernamental es la adecuada
y lo que hay que ajustar es la táctica. Con la administración estatal en
Ciudad Juárez se logrará la corresponsabilidad directa de lo estatal con
lo federal en las decisiones que, con todo, han logrado desarticular las mafias
del crimen organizado. El saldo insuficiente en la estrategia federal ha tenido
como principal responsable a la negativa estatal y municipal para
incorporarse a las tareas federales.
La presencia del
presidente Calderón hoy jueves en Ciudad Juárez podría consolidar la
nueva táctica contra el crimen organizado: registrar la vinculación directa
de funcionarios estatales y municipales como una forma de cerrar la
puerta de la impunidad de la delincuencia organizada.
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