Jueves 18 de febrero de 2010
+ “Es mejor vivir con narcos”
+ Mentiras de Human Rights
El narcotráfico se ha
convertido en un desafío para el análisis. Hay dos ejemplos:
1.- Un correo
electrónico enviado a Indicador Político desde Ciudad Juárez llega a una
conclusión: ante lo que considera abusos de fuerzas militares y
policiacas y la corrupción política del sistema, una mujer juarense dice
que “es mejor vivir con narcotraficantes que ayudan a la comunidad”.
2.- Luego de que el
reporte último de Human Rights Watch cuestionó duramente el papel del
ejército mexicano en la lucha contra el narco y de que esa información fue usada
por dos periódicos nacionales como nota principal sin confirmar hechos, ahora
resulta que los casos “documentados” mencionados por el reporte fueron falseados
al usar sólo la información de los quejosos y sin indagar las denuncias
y a partir de ello llegar a conclusiones.
El asunto de Ciudad
Juárez ha derivado en la exaltación de la valentía de una mujer, madre
de dos muchachos asesinados el 31 de enero, al cuestionar al presidente de la
república. A partir de ahí se ha estructurado una conclusión para demostrar
que la presencia de fuerzas policiacas y militares ha fracasado. Sin embargo,
el problema es mucho más grave. Uno de los puntos que los juarenses se
han negado a debatir es el hecho de que los narcos no aparecieron
de repente en la ciudad sino que se fueron expandiendo como la humedad entre la
sociedad. Ahí hubo, por tanto, responsabilidad de las autoridades
municipales, estatales y federales y corresponsabilidad de la sociedad.
Pero resulta que la
sociedad tiene su propia interpretación de su realidad. Un correo electrónico
enviado a Indicador Político establece el contrapunto en la
percepción social sobre la labor del ejército y las policías y los efectos
en la comunidad del asentamiento de bandas de tráfico de drogas. Y el resultado
es, por decir lo menos, sorprendente: hay personas de la sociedad
juarense que prefieren a los narcos que a las fuerzas de la autoridad.
En este contexto, la
sociedad juarense analiza la presencia del narco en relación directa a
quejas sobre la presunta violación de derechos --no probada con datos--. Es
decir, la sociedad juarense ha optado entre fuerzas del orden que
persiguen delincuentes en sus madrigueras y la presencia del narco en la
vida cotidiana. Para fortalecer su contrapunto, el correo enviado a Indicador
Político mezcla a las policías con lo que llama la impunidad de los
gobernadores de Oaxaca y Puebla, los Bibriesca, “los primos de Calderón”, Elba
Esther y Romero Deschamps.
A partir de la
existencia de esos temas, la remitente juarense concluye: “Sí señor es mejor
vivir con narcotraficantes que ayudan a la comunidad ayudan a nuestros
gobiernos, y que únicamente venden lo que consumen en otro pais, las narcotienditas
que usted mensiona (sic) no es negocio es apenas para sobrevivir”.
Ahí se localiza el
punto neurálgico del problema en Ciudad Juárez y otras plazas: el
narcotráfico se metió en los sentimientos de la gente y se ha convertido
en parte de su vida cotidiana. Ahora resulta que las narcotienditas
y los picaderos de droga forman parte del modo de vida y lo peor
de todo es que ya cuentan con la aprobación de la sociedad. Para algunos
juarenses, los narcos se han dedicado a ayudar a la comunidad, aunque en
el fondo corrompan a la misma sociedad promoviendo el consumo de drogas.
El otro problema es
igualmente grave: una política de información basada sólo en la
difusión de informes que atacan al gobierno mexicano, pero sin la
comprobación de hechos. Entre las denuncias del último reporte de HRW contra el
ejército mexicano --y la tibieza y miedos de ese grupo para criticar a Barack
Obama-- difundieron como casos lo que sólo se trató de denuncias en
proceso o archivadas.
El asesinato de
Josefina Reyes Salazar ha querido vestirse como de una activista por los
derechos humanos, cuando su muerte fue producto del ajuste de cuentas entre dos
bandas del crimen organizado y las relaciones de su hijo, también asesinado, con
el comando de “La Línea” que asesinó al dirigente mormón Lebarón. Asimismo, HRW
presentó como caso el asunto de la aprehensión --y presunta tortura-- de
veinticinco policías municipales en Tijuana y su concentración para evitar
que se repitiera el rescate de veintitrés policías municipales, días antes, por
un comando del narco, lo que probaba el hecho de que los municipales
estaban aliados a las mafias de la droga. Y HRW presenta como caso documentado
la denuncia de unos jóvenes en Morelos respecto a que fueron presuntamente
detenidos y torturados, pero cuyo expediente CNDH/2/2009/3799/Q fue archivado
por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos por considerar que no existía
materia de la queja y no acreditarse la existencia de los hechos.
Entre la manipulación
extranjera de denuncias tergiversadas que quieren desprestigiar al ejército
pero que carecen de fundamento y la certeza de parte de la sociedad
juarense de que “es mejor vivir con narcos” que aceptar la presencia
militar y policiaca, la estrategia de lucha contra el crimen organizado carece
de apoyo social. Ahí van ganando los narcos, con la complicidad de la
sociedad y algunos medios.
www.indicadorpolitico.com.mx
http://twitter.com/carlosramirezh
http://carlosramirez2.blogspot.com
carlosramirezh@hotmail.com
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