Viernes 19 de febrero de 2010
+ Puebla: prensa reprime prensa
+ Fiscalía PGR para/sin medios
PUEBLA.- Si el delito
de daño moral fue inventado por los políticos para reprimir la crítica,
ahora resulta que la Fundación para la Libertad de Expresión ha sentado en el
banquillo penal de los acusados a dos columnistas de Puebla por el delito de… ejercer
la libertad de expresión.
La acusación en tribunales
ha sido una inquisición judicial contra la libertad de expresión porque
la persecución de periodistas en tribunales implica una forma de intimidar
y coartar la libertad de expresión. El asunto se complica cuando en Puebla el dueño
de una fundación que presume defender la libertad de expresión echa mano del
daño moral para impedir el libre ejercicio de la crítica.
El problema radica
cuando una organización para la libertad de prensa es sólo tapadera para
negocios privados. En Puebla el empresario e impresor Armando Prida Huerta
utiliza su Fundación para la Libertad de Expresión como instrumento para coartar
la libertad de crítica de los columnistas Arturo Rueda y Mario Alberto Mejía.
Prida demandó en tribunales a los columnistas apoyándose en su fundación pero
para ocultar contratos sospechosos de sus empresas con la Comisión Nacional
del Libro de Texto Gratuito, conseguidos por relaciones políticas que
interesan a la señora Elba Esther Gordillo, dueña del SNTE.
Los columnistas Rueda
y Mejía revelaron contratos de la Conaliteg a empresas de Prida que
están en suspensión de pagos. Pero resulta que Prida convirtió su
Fundación para la Libertad de Expresión en cuartel de campaña del
senador priísta-panista Rafael Moreno Valle, candidato de la señora
Gordillo a la gubernatura de Puebla por la coalición PAN-PRD-Panal. Cuando los
datos fueron publicados, Prida Huerta demandó legalmente a los columnistas.
El asunto se ha enredado
porque en el fondo se debate justamente la libertad de expresión y el uso de
inquisiciones judiciales para coartarla por razones políticas y empresariales.
De un lado están dos columnistas que ejercen su libertad de expresión y
del otro un empresario que utiliza su Fundación para la Libertad de Expresión
para coartarla. Y el asunto será fuego de artificio porque el artículo
1916 Bis del Código Penal Federal dictamina que “no estará obligado a la
reparación del daño moral quien ejerza sus derechos de opinión, crítica,
expresión e información, en los términos y con las limitaciones de los
artículos 6o. y 7o. de la Constitución General de la República”.
De todos modos, en el
careo realizado el viernes de la semana pasada, el columnista Mejía demostró
que el empresario Huerta es sencillamente mentiroso y que le mintió a una
autoridad judicial. El empresario presentó dos testigos para avalar su
buen nombre y declaró que eran vecinos. Pero el abogado de Mejía logró
hacerlos confesar que no eran vecinos sino empleados del empresario
demandante. Con ello, Prida quiso abusar de la autoridad judicial,
aunque al final se probó que era un acusador mentiroso.
El desenlace es
previsible: los columnistas Mejía y Rueda simplemente ejercieron su
libertad de expresión. Pero el juicio va a servir para desenmascarar
algunas fundaciones que son tapadera de negocios privados con el poder y que en
nada ayudan a la libertad de expresión.
En este contexto
llama la atención la designación de un nuevo fiscal especial para la atención
de delitos contra periodistas, dependiente de la Procuraduría General de la
República. La designación llega en el momento delicado de agresiones
contra los profesionales de la información en la cobertura de temas delicados
como el narcotráfico pero también en el ejercicio cotidiano de la
crítica.
Al aumento de
agresiones contra medios tiene que ver con la falta de articulación de
la estrategia de lucha contra el narco con los medios de información. Los
medios de comunicación han aumentado su observación crítica y la
revelación de datos sobre el mundo de la delincuencia, pero sin contar
con garantías de su seguridad. Por tanto, la fiscalía debería atender no
solamente las agresiones, sino otorgar garantías legales y de protección
del oficio de informar.
La fiscalía podría experimentar
una nueva forma de protección de los informadores: no la a posteriori de
los delitos, sino promover leyes que garanticen la libertad de informar
con penas duras contra quienes atenten contra la libertad de información y los
periodistas. Asimismo, la fiscalía debería también de explorar la posibilidad
de un consejo ciudadano de periodistas que colaboren directamente con la
fiscalía en el seguimiento de los casos y una mayor interrelación con la
oficina de protección de periodistas que creó José Luis Soberanes en la
Comisión Nacional de Derechos Humanos hace unos años. Y de paso, vincularse
a la comisión de seguimiento de agresiones a periodistas que tiene la Cámara de
Diputados.
La fiscalía debiera ir
más allá del tema judicial que sólo atiende denuncias de agresiones y
crear un sistema judicial preventivo mediante leyes y prácticas que
blinden la tarea de informar sobre temas de seguridad y de política. Si no, su
función será irrelevante.
www.indicadorpolitico.com.mx
http://twitter.com/carlosramirezh
http://carlosramirez2.blogspot.com
carlosramirezh@hotmail.com
- - 0 - -
Imprimir
|