Lunes 7 de junio de 2010
+ ABC: politización de la Corte
+ Derecho o democracia, dilema
La Corte Suprema de
Justicia de la Nación podría desaprovechar la oportunidad de la
investigación del incendio en la guardería ABC para fundamentar el nuevo
Estadio de derecho y dar un paso más en la politización de sus
decisiones. El dictamen del ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea se basa más
en el compromiso con la democracia que con las leyes.
El dictamen que será
votado en el pleno la semana próxima debe leerse en función del uso del
Estado de derecho. El ministro Zaldívar es proclive a la aplicación de la ley
en relación con la democracia y no con la justicia. Pero muchas veces la
justicia no consolida la democracia.
En su decálogo
de compromisos que leyó en el Senado como propuesta de trabajo cuando se votaba
la terna para ministro de la Corte Suprema, el primero de diciembre del año
pasado, Zaldívar estableció el criterio de que pugnaría por “una Corte para
la democracia”, aunque sin definir su concepto de democracia. Sin
embargo, el símbolo de la justicia es una mujer con los ojos vendados
para establecer el criterio de que la justicia es ciega o no ve beneficiarios
ni sistemas políticos. Al final, el primer principio de la justicia es el de la
aplicación estricta de la ley.
El dictamen del
ministro Zaldívar documenta con precisión el grado de omisiones
cometidas por los tres niveles de gobierno --federal, estatal y municipal--
pero el reparto de culpas enfatiza criterios políticos. En el
punto cuatro de su decálogo a firmó que “la justicia no se aplica en
abstracto ni de manera aislada, no es un acto teórico” y que “en la ética
de la responsabilidad el juez constitucional dicta sentencias para un
momento determinado y una realidad concreta, debe tener presente, en la
medida que el caso lo permita, las consecuencias políticas y sociales de sus
resoluciones”. Este concepto lo repite en la página 13 de su dictamen.
Sin embargo, hay un
hoyo negro entre el enfoque weberiano de la ética de la responsabilidad
--contrastado por Max Weber con la ética de la convicción--: la justicia en
manos de Dios o la imputación de culpabilidades por el peso del acto
reclamado. El dictamen del ministro Zaldívar queda ahogado por los niños
afectados por el incendio. Por tanto, las imputación de responsabilidades tiene
que ver más con la presión mediática y social que con la aplicación de la ley.
El caso de Daniel
Karam podría ilustrar la dimensión politizada de las conclusiones del
dictamen del ministro Zaldívar. A Karam como actual director general del Seguro
Social le acredita casi la misma responsabilidad que al anterior
director Juan Molinar Horcasitas, cuando el primero tenía escasas semanas de
haber tomado posesión en tanto que el segundo había firmado los
documentos de la guardería ABC. Lo peor del asunto es que Karam y Horcasitas no
aparecían como responsables en la investigación de los magistrados y fueron incluidos
por Zaldívar por la presión mediática. Horcasitas tendría responsabilidad más
allá de la omisión porque tuvo tiempo suficiente para atender el caso de las
guarderías. Y Karam sería una víctima propiciatoria.
El dictamen final del
ministro Zaldívar contiene una contradicción de origen o algo que podría
considerarse una paradoja: la función de investigación que hace la Corte
Suprema sobre “violaciones graves” a las garantías individuales debería
conducir a una zona de vacío jurídico. El propio ministro reconoce en su
dictamen que “es importante destacar que el resultado de las
investigaciones del artículo 97 no prejuzga sobre la responsabilidad
penal, administrativa o civil de los servidores públicos involucrados, sino
que su función es la de señalar la existencia de violaciones graves a las
garantías individuales y la responsabilidad constitucional, política y ética de
los servidores públicos que por acción u omisión incurrieron en ellas”.
Sin embargo, la forma
de redacción política del dictamen deja ver una incriminación de
una lista de funcionarios con nombres y apellidos susceptibles de correlacionar
con responsabilidad penal, administrativa o civil. Es decir, el dictamen
concluye con señalamientos que no permite la redacción del segundo
párrafo del 97 constitucional. Inclusive, el estilo de redacción del
dictamen se basa en un acto de prejuicio en contra de los funcionarios.
El problema de la
aplicación de la ley en un sistema social como el mexicano --que viene de un
modelo autoritario, quisiera llegar a ser democrático pero que se estancó
en el camino de las indefiniciones-- radica en las tentaciones
mediáticas de muchos dictámenes. Eso lo sabía el ministro Zaldívar. En
su decálogo de compromiso ante el Senado, advierte el peligro de la
politización de decisiones: al dictar sentencia, “el juez constitucional (…) debe
tener presente, en la medida que el caso lo permita, las
consecuencias políticas y sociales de sus resoluciones”. Se trataría de una
justicia tuerta a la hora de decidir sentencias: no por el hecho
delictivo sino por las consecuencias políticas y sociales. Es decir,
sentencias para la tribuna y no parea la ley.
La votación de la
próxima semana sobre el dictamen del ministro Zaldívar va a decidir si
la Corte decide en función del derecho o de la política.
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