Jueves 10 de junio de 2010
+ Morelos, otra vez Carrillo Olea
+ Doce años después… lo mismo
CUERNAVACA,
Mor.- Responsable de la entrega política del gobierno de Morelos al PAN,
ahora el militar retirado y ex jefe del espionaje Jorge Carrillo Olea mueve
hilos de poder para enredar la posibilidad de que el PRI aproveche sus posibilidades
de recuperar el gobierno estatal en el año 2012.
Echado del poder en
1998 por una impresionante protesta popular y por su presunta responsabilidad
en el control del crimen organizado a través de su procurador y su jefe
de policía, Carrillo Olea quiere convertirse no en el líder político
priísta local sino en una especie de aduana caciquil. Molesto porque el
alcalde priísta de Cuernavaca, Manuel Martínez Garrigós, no le contestó
una llamada telefónica, el ex gobernador circuló una carta que exhibió
políticamente al PRI.
El asunto no
es menor ni menos aún local. El gobierno de Morelos es considerado como una
joya de la corona del PAN. La crisis política local provocada por Carrillo Olea
en 1997 y 1998 y su involucramiento directo en el crimen organizado
permitieron el gobierno panista de Sergio Estrada Cajigal y luego el de Marco
Antonio Adame. Pero los errores políticos de este último han abierto las
posibilidades de que el PRI recupere el gobierno estatal en las
elecciones de mediados del 2012.
A doce años de la crisis
de seguridad en Morelos, la situación aparece más grave. En 1997, el jefe del
grupo antisecuestros de la policía judicial fue atrapado tirando un
cadáver de un presunto delincuente en una carretera de Veracruz. El escándalo
creció al punto de que involucró al director de la policía judicial y al
procurador. La sociedad morelense, organizada por el líder perredista local
Graco Ramírez, organizó una protesta creciente que Carrillo Olea no pudo
manejar como gobernador. El 15 de mayo de 1998, Carrillo Olea presentó su
solicitud de licencia al cargo, ante de la posibilidad de un juicio
político.
La administración morelense
de Carrillo Olea es aún recordada en Morelos. El PRI no pudo
reconstruirse durante dos sexenios. Y sólo las gestiones erráticas de Estrada
Cajigal y Adame han abierto las posibilidades de regreso del PRI al
gobierno estatal. La victoria del priísta Manuel Martínez Garrigós colocó una cuña
al panismo. Y es justamente en este momento en que Carrillo Olea se mete
en la lucha política de la que fue vergonzosamente expulsado en 1998 para afectar
las posibilidades priístas para bloquear al PRI y ayudar directa e
indirectamente al PAN.
Por lo demás,
Carrillo Olea tiene varios expedientes abiertos. Su renuncia al cargo de
gobernador políticamente enfrió el expediente judicial sobre la complicidad
de sus tres principales mandos judiciales-policiacos con el crimen organizado. Asimismo,
Carrillo Olea fue señalado por el The New York Times como aliado
del narco, junto al gobernador sonorense Manlio Fabio Beltrones. Pero Beltrones
organizó una defensa de fondo que obligó al Times a disculparse y
a limpiar sin problemas su expediente. Carrillo Olea no tuvo tiempo… ni ganas y
quedó marcado.
Lo cierto es que el
narco se asentó en Cuernavaca durante la gestión de Carrillo Olea. Lo
grave de todo es que no se trataba de un improvisado: Carrillo Olea
había manejado la oficina antinarcóticos de la PGR, el Centro de Información y
Seguridad Nacional y tenía carrera militar. Es decir, una formación suficiente
para evitar que el crimen organizado se asentara en su estado, a menos que se
hubiera tratado de una decisión pactada.
La fallida gestión de
Carrillo Olea destruyó la estructura política del estado. Como
candidato, Carrillo Olea ganó con el 61% de votos en 1994 como candidato de
Carlos Salinas pero el PRI cayó a 26% en el 2006. El PAN fue el beneficiario
de los errores del priísta Carrillo Olea: pasó de 8.75% en 1994 a 55% en
el 2000 y en el 2006 le bastó el 35% para mantener la gubernatura. Pero en las
municipales de Cuernavaca, que dieron datos políticos para el 2012, el
PAN cayó a 23% y el PRI saltó a 38%.
Por tanto, Morelos ha
entrado en la zona de jaloneos dentro del PRI para las elecciones de
gobernador del 2012. Y ahí ha aparecido la figura ya desgastada de Carrillo
Olea, quien no sólo se quejó de que el alcalde priísta Martínez Garrigós no le
contestara el teléfono sino que aprovechó el viaje para acusar a la
administración municipal de “graves desfalcos”. El PAN ha convertido a Carrillo
Olea en el padrino de su permanencia en el poder porque van a seguir usándolo
para atacar al PRI. De hecho, a Carrillo Olea le corre el resentimiento
con el PRI que no lo respaldó en 1998, pese a los datos de protección del
crimen organizado.
Lo paradójico de todo
es que Carrillo Olea hoy, olvidando el negro episodio de 1998, se
permite darle unas lecciones de buen gobernar al alcalde Martínez
Garrigós: “el gobernar exige un ilimitado compromiso con la honestidad, no sólo
en lo material, sino en lo ético”. Sólo que son palabras dichas por un
gobernante que fue humillantemente echado del gobierno de Morelos,
aunque ahora, desde las páginas de La Jornada, da clases de “honestidad”
y de “estrategias contra el crimen organizado”, casi todas ellas que no
puso en práctica en Morelos y dejó el estado bajo el control de la
delincuencia.
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