Martes 15 de junio de 2010
+ Narco vs. soberanía del Estado
+ Mafias por complicidad local
El trasfondo
de la lucha del gobierno contra el crimen organizado, enfáticamente el
narcotráfico, presenta algunos indicios de la gravedad del problema:
1.- Datos de la
Secretaría de la Defensa Nacional señalan arresto de 25 mil
delincuentes. A ellos se agregan otros 25 mil pillos muertos en las
calles. Si suman 50 mil personas al servicio del narco que han sido
detenidas o muertas, ¿de cuánto es la cifra total de miembros armados
del crimen organizado? Un cálculo conservador señalaría que los 50 mil serían
el 10% del total. Por tanto, el crimen organizado tiene fuerzas de
acción de 500 mil personas. Lo peor de todo es que los delincuentes se
fortalecieron al amparo del viejo régimen priísta y de la frivolidad del
sexenio de Fox. Esta cifra documenta el desafío del Estado.
2.- En las colonias
populares del Distrito Federal, la petición más insistente no solicita
unidades de Faros del Saber --bloques educativos--, sino clínicas de rehabilitación
para drogadictos. Es decir, el daño del narcotráfico ya está hecho. Cada
día aumenta el consumo de droga en la ciudad. Y en ciudades del interior,
el volumen de narcotienditas se multiplica. Por tanto, el
problema ya no es de tráfico sino de consumo creciente, sobre todo en
adolescentes y menores de edad. Y a ello se agrega la irresponsable petición de
legalización que sólo incidirá en el aumento en el consumo.
3.- Como el narco se
mueve en un mercado, entonces toda demanda genera su propia oferta.
Y mientras exista la demanda en los EU, los países periféricos tendrán que
pagar el costo de la decisión del gobierno de los EU de no combatir su mercado
interno. La nueva estrategia del presidente Obama radica en incidir sobre el consumo
en estudiantes, pero sin tocar la estructura financiera y de comercialización.
La disminución del consumo en jóvenes no afectará el mercado de demanda,
aunque sí dará la impresión de que Washington hace algo en el tema.
4.- Los últimos
reportes de inteligencia del gobierno de los EU --la Casa Blanca y el
Departamento de Justicia-- revelan que el mercado de comercialización al
menudeo de droga en toda la unión americana está controlado por
las pandillas mexicanas --desplazando a las mafias afroamericanas-- e interrelacionadas
con los cárteles mexicanos. Y los hilos de ese mercado se mueven desde
las cárceles. Ello quiere decir que si el gobierno de los EU no
puede controlar el dominio de capos encarcelados, entonces es incapaz de
pretender combatir el mercado de la droga.
5.- Por tanto, el mercado
de consumo interno en los Estados Unidos está articulado a los cárteles
mexicanos. De ahí que el problema del crecimiento y violencia de las bandas del
crimen organizado en México es también un asunto para el gobierno de los
EU. Pero en Washington tienen la percepción imperial de ver primero por
sus propios intereses. El peligro para los EU no es que las bandas
mexicanas de narcos crucen la frontera sino que ya cruzaron y operan con
impunidad y complicidades dentro de los EU. Este es el punto que Obama
es reacio a aceptar. El Departamento de Justicia tiene localizadas más o
menos dos mil 500 ciudades en los EU donde el mercado de drogas tiene la
relación pandillas mexicanas-cárteles mexicanos. Es decir, el crimen
organizado mexicano ya está en las entrañas de los EU.
6.- El gobierno de
los EU tiene limitaciones para combatir el mercado de la droga. Una de
ellas es fundamental: las garantías individuales. Otra: los narcodólares
financian el funcionamiento de los bancos a través del lavado tolerado. Y
una tercera: a los EU les conviene el consumo de droga en las zonas pobres, básicamente
de minorías de color y raciales, porque contribuyen a la desmovilización
social. En este contexto, el consumo de droga en los EU está directamente relacionado
con los mecanismos de control social: es preferible tener ciudadanos
idiotizados que exigiendo empleo o salarios.
7.- Los gobiernos
locales en México no han cumplido con su función política de evitar la infiltración
en sus entidades de las bandas del narco. Y lo más grave es que a la hora de la
lucha frontal prefieren hacerse a un lado para dejarle toda la carga al
gobierno federal. Lo malo, sin embargo, es que la lucha contra las mafias
requiere de un trabajo decisivo de los gobiernos estatales y municipales
para irle cerrando espacios al crimen organizado, pero los niveles
locales han eludido su responsabilidad. Los narcos no hubieran podido
instalarse de manera dominante en plazas estatales de no haber contado con
la complicidad directa o indirecta de las autoridades locales.
8.- El asunto del
involucramiento local es fundamental, sobre todo porque al parejo de los
arrestos de delincuentes se han desarticulado las vinculaciones
orgánicas de policías, políticos y funcionarios con el crimen organizado.
Básicamente se han encontrado evidencias de que las bandas criminales no
pueden operar con eficacia en las plazas locales si no cuentan con la complicidad
de estructuras de gobierno. Y peor aún: las sociedades locales han sido una pieza
fundamental para la entrada, consolidación y expansión social de las mafias en
estados y municipios, a partir del rechazo social a las estructuras policiacas
y de gobierno. Si las sociedades locales no aceptan su corresponsabilidad,
no podrá haber resultados concretos.
El problema del
narco, por tanto, no es exclusivo del gobierno.
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carlosramirezh@hotmail.com
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