Viernes 18 de junio de 2010
+ FCH: estrategia de comunicación
+ SEP-SSA: obesidad y no consumo
Reforzada la
estrategia de uso de la fuerza del Estado contra las bandas del crimen
organizado, el presidente Calderón inició esta semana una estrategia de comunicación
social contra la inseguridad pública.
Por primera vez en
tres años, la estrategia de seguridad pública se percató de que la percepción
social es también parte de las políticas de lucha contra las bandas del crimen
organizado. El campanazo de advertencia fue la portada de la revista Proceso
de hace unas semanas, cuando el director general Julio Scherer apareció como promotor
del perfil social de Ismael El Mayo Zambada, uno de los narcos más
buscados. El enfoque acrítico del periodista convirtió a la revista en
una especie de narcomanta.
Los medios de
comunicación se convirtieron en críticos severos de la estrategia de
seguridad pública, en contadores del número de muertos y en practicantes
de una línea editorial que objetivamente servía a los intereses de los capos.
A lo largo de tres y medio años, el gobierno desdeñó el papel de la
comunicación social en la construcción de consensos. Ahora el presidente de
Calderón publicó un largo desplegado para explicar su postura, apareció
en televisión para convocar al apoyo social y anunció una campaña internacional
de relaciones públicas.
Lo que falta es incidir
en el imaginario social popular. En términos de prioridades, el gobierno
federal le ha dado más insistencia en campaña de publicidad al tema de
la obesidad y ha eludido una agresiva campaña de propaganda contra las
drogas. Hay más decisión de las autoridades gubernamentales en tratar de
incluir en las cajetillas de cigarros fotos de órganos humanos dañados por el
tabaquismo. Pero no existen carteles ni spots que promuevan una
campaña que en el pasado dio resultados: “di no a las drogas”. Ni
pláticas en las escuelas sobre el daño que produce el consumo de drogas.
El interés del
gobierno de Calderón por la comunicación social en el tema del narcotráfico llegó
un poco tarde pero finalmente arribó a las prioridades. Ahora falta
depurar la forma de llegarle a la sociedad y de convertir la crítica en
apoyo. Los medios de comunicación como intermediarios fueron excluidos
desde el principio y se convirtieron en críticos del gobierno. El nuevo consenso
social contra el narcotráfico y por la seguridad pública requerirá de mucho
esfuerzo gubernamental para que los medios traten de entender los
objetivos de la estrategia gubernamental contra la inseguridad pública.
El problema de la
política de comunicación social contra la inseguridad radica en la inexistencia
de los mecanismos autoritarios del pasado priísta. Por tanto, se requiere como
nunca de enfoques de comunicación, relaciones públicas, publicidad y
propaganda. Pero sobre todo, exige la voluntad presidencial para
conformar una alianza estratégica que vaya más allá de las relaciones con las
instancias superiores de los medios. Ahora existe en México una masa
crítica editorial que tampoco responde a los viejos mecanismos autoritarios y
que requiere de nuevos mecanismos de relación.
Sin una política de
comunicación social para la inseguridad pública, la estrategia de lucha contra
el crimen organizado va a seguir perdiendo el consenso social. La
iniciativa presidencial en materia de desplegados, apariciones en televisión,
discursos y relaciones públicas internacionales necesita como complemento un
nuevo acuerdo con los medios. No se trata de acallar la crítica o de
conseguir aliados acríticos, sino de incidir sobre el espacio crítico de
los medios para convencerlos de que se derrota al crimen organizado o el país
seguirá dominado por los intereses criminales.
Las bandas del
narcotráfico han logrado intimidar a los medios con amenazas, asesinatos
y desapariciones. Por eso en los medios ya no denuncian al narco sino que han arremetido
contra el gobierno, contra sus estrategias y contra sus declaraciones. Ahí está
el caso de Proceso y la fotografía de Scherer bajo el brazo protector
de El Mayo Zambada. La crítica contra los daños colaterales de la
lucha contra el narco busca paralizar a las fuerzas de seguridad. Hay
más espacios para denuncias no comprobadas por presunta violación de
derechos humanos que condenas contra los narcos por la violencia
criminal de sus comportamientos cotidianos.
La comunicación
social es parte de una guerra. En su texto “El ejército y la
comunicación social”, de mayo de 1984 --cinco días antes de ser asesinado por
asuntos vinculados al narco--, el columnista Manuel Buendía estableció varios
criterios: “la comunicación social es uno de los elementos constitutivos del
poder”. La falta de una política de comunicación crea un vacío de
poder y “nada pone más cerca de la destrucción de esa unión (entre los
mexicanos) que el sometimiento al constante bombardeo de la
propaganda adversa a través de medios que sirven a designios opuestos a
nuestro interés nacional”.
La decisión
gubernamental de trabajar sobre una estrategia de comunicación social consustancial
a la estrategia de lucha contra la inseguridad llega tarde pero llegó. Sólo
que toda política de comunicación requiere de consistencia, profundidad,
políticas integrales, coherencia en el mensaje, uniformidad, un comité
operador, en suma, un verdadero sistema de comunicación social.
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