Martes 22 de junio de 2010
+ Pifia de CNDH contra Sedena
+ Investigación parcial, de oídas
La clave para
entender la acusación --que no recomendación-- de la Comisión Nacional de los
Derechos Humanos contra la Secretaría de la Defensa Nacional por la muerte de
dos niños en un incidente cerca de Ciudad Mier, Tamaulipas, se localiza en el testimonio
de la madre.
En su declaración firmada
en la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas, la señora Cinthya
Josefina Salazar Castillo afirmó haber visto en la carretera a los tres
vehículos y que se percató que las mismas la rebasaron. Sin embargo, la CNDH señala
que la señora Salazar Castillo “manifiesta que ella no sabe leer ni
escribir ni que haya visto los vehículos”. Pero la firma de la señora en el
acta de la procuraduría estatal revela que sí sabe escribir.
La señora Salazar
Castillo es la principal activista de la tesis de que el ejército mató a
sus dos hijos durante una agresión de narcos contra vehículos militares.
La CNDH asumió como propia la tesis de la señora y la colocó como la
parte fundamentación de su acusación contra el ejército.
La desavenencia
CNDH-Sedena tendrá pronto una nueva fase. La Comisión basó su argumentación no
en una investigación de los hechos sino en el procesamiento de la
documentación existente y un dossier de recortes periodísticos y cometió
el pecado procesal de no incluir los testimoniales de los militares
involucrados.
El asunto tiene dos
aristas que en nada benefician a la CNDH:
--La acusación de la
CNDH en su recomendación 36/2010 no indagó la precisión del tipo de armas
usadas en el incidente. La CNDH excluyó las pruebas de la Sedena de que las
granadas de fragmentación usadas no eran del ejército sino de los
narcos. Y hay fotografías dramáticas del cuerpo de uno de los niños con heridas
mortales provocadas por esquirlas, no por balas de rifles o pistolas.
Hay diferencia entre rifles y lanzagranadas con “armas de fuego”.
Asimismo, la camioneta de la familia Almanza Salazar presenta en la parte
trasera un boquete de una granada. Y los militares respondieron el fuego
de frente.
--El segundo desliz
de la CNDH radicó en el hecho de que dio por buenos los informes de médicos
legistas sobre las autopsias. Y ahí hubo cuando menos dos errores de
apreciación: primero, los responsables de las autopsias fueron peritos médicos
forenses “habilitados”, es decir, improvisados, no especialistas,
sino que fueron llamados a hacer las necropsias. Y segundo, el reporte final
habla de “esquirlas de proyectil de arma de fuego”. La CNDH ignora la
diferencia en daños entre esquirlas y asume como un todo el concepto de armas
de fuego. Las esquirlas provienen sólo de lanzagranadas.
Así, la acusación-recomendación
de la CNDH por el caso de los niños Almanza Salazar estuvo plagada de
omisiones, parcialidades, confusiones procesales y sobre todo se sustentó
en la acusación de los padres y en dos testigos que son tíos de los niños. Al no
realizar dictámenes periciales propios sobre el armamento asegurado para saber
si fueron o no usados en la refriega, la CNDH cometió una grave parcialidad.
Lo delicado es que
los familiares y los testigos dieron versiones diferentes y la CNDH
solamente utilizó los que le convenían a sus tesis. Por ejemplo, los
familiares y testigos declararon ante la procuraduría estatal que el incidente
se dio entre las seis y media y siete de la tarde, cuando en realidad ocurrió
a las ocho de la noche. Es decir, que se trata de dos declaraciones: una
ante la autoridad judicial y otra ante la CNDH. Y la CNDH se negó a
depurar y limpiar las contradicciones.
En su reporte, la
CNDH dejó las huellas de una sospechosa parcialidad. A pesar de haber
recibido copia certificada de las declaraciones de 24 militares involucrados en
el incidente y que comparecieron ante la autoridad civil de la PGR, la CNDH no
se dignó a considerarlas. La razón se localizó en que esas declaraciones contradecían
muchos de los dichos por la familia y sus testigos en la segunda
declaración ante la CNDH. Así, la CNDH le dio valor probatorio a una de
las partes del conflicto y se negó a tomar en consideración las declaraciones
ministeriales de los militares.
Por tanto, la intención
de la CNDH no fue la de elaborar una investigación profesional digna de un
organismo con el reconocimiento legal del Estado y su reporte resultó una
especie de acusación de cualquier ONG carente de profesionalismo. Los
dos errores en los documentos oficiales de las necropsias --confundir armas de
fuego y haber sido realizadas por peritos habilitados -- merecían que la
CNDH hubiera profundizado su investigación.
Y queda también en el
aire un dato revelador. El padre de la familia, Martín Almanza Rodríguez,
declaró en la PGR que llegó a México en diciembre de 2009, que trabajó en los
Estados Unidos como ilegal, que ganaba 100 dólares diarios para mantener a una
familia numerosa, que en estos meses de 2010 ha vivido “de sus ahorros” y que
le compró en 5 mil dólares la camioneta con placas de Texas a un amigo cuyo
nombre había olvidado. En los días posteriores al incidente, Martín se
hizo a un lado y su esposa fue la declarante de las acusaciones de que
el ejército había matado a sus hijos.
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carlosramirezh@hotmail.com
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