Lunes 28 de junio de 2010
+ Futbol y psicología social
+ La crisis como jugador 12
Luego de una
impresionante campaña de propaganda impulsada por las televisoras
privadas que controlan, dominan y gestionan el futbol mexicano, la selección de
México resultó derrotada no por el equipo de Argentina sino por la organización
comercial del deporte.
Quiso la suerte que
el primer gol fuera producto de un fuera de lugar que no marcó el
árbitro porque entonces hubo a quien echarle la culpa de la depresión de
los jugadores. Sin embargo, detrás de la derrota se ocultó una estructura
de control del futbol que tiene que ver más con el negocio que con la
representación del país en una contienda internacional.
Luego del deplorable
papel en el mundial, la selección de futbol de Francia fue reconsiderada
directamente por el presidente Sarkozy. Aquí el diputado priísta Eric Rubio
pervirtió el papel del congreso en la supervisión del negocio comercial
del futbol al querer hacer comparecer al millonario entrenador Javier Aguirre
para que explicara cambios en la alineación.
De ser serio, el
Congreso mexicano tendría facultades para crear una comisión especial para el estudio
de la industria del futbol y los negocios colaterales que impiden la
profesionalización y que convierten a la afición en consumidores de las
pasiones deportivas. La federación mexicana de futbol y las comisiones de
selecciones nacionales son hilos movidos por los titiriteros de las
televisoras privadas.
Los seleccionados no
fueron futbolistas profesionales. Una impresionante campaña de
propaganda fue instrumentada por las televisoras privadas para explotar la
pasión con un aumento en el consumo de todo tipo de bienes, servicios y
productos anunciados por los seleccionados. Así, los jugadores fueron
asumidos por las televisoras como factores de consumo, top models,
no como profesionales de un deporte. Por tanto, el interés de las televisoras
porque México pasara al quinto partido y la campaña absurda de que
México podría ser campeón de futbol no respondía a la pasión del deporte o al
nivel técnico del futbol mexicano, sino a la urgencia de explotar en
utilidades la imagen popular de los futbolistas.
La crisis del futbol
es social y resulta un reflejo de la crisis económica. Pero existen
niveles: por ejemplo, los europeos que no habían conocido una crisis como la
actual han resultado los peores equipos. Ahí está la apatía de
los franceses, el fracaso de los italianos de Berlusconi, el sobreesfuerzo de
los alemanes del colapso que viene en el gobierno de Angela Merker, la derrota
de los ingleses. Y los españoles sin responder a las esperanzas de su
afición porque la crisis los deprimió.
En cambio, los
latinoamericanos no revelaron una relación directa entre crisis y futbol
porque en el continente la crisis no es un problema de coyuntura sino un modo
de vida. Ahí están los mexicanos que dieron la vida contra Argentina pero sin
nivel técnico y con un entrenador que considera a México un país “jodido”
pero que logró un contrato multimillonario en dólares. Y los argentinos en
crisis permanente pero ganando con salero. Y los uruguayos pasando a las
siguientes etapas. Para los latinoamericanos en crisis, las victorias son una satisfacción
social ante las adversidades de las crisis económicas permanentes.
En el fondo existe
una diferenciación: en México el futbol es la pasión número uno de los
ciudadanos pero está manejado por las televisoras privadas que controlan
a los equipos, las transmisiones, a los narradores que incendian los partidos y
dominan la pasión de la afición y sobre todo que facturan la
comercialización publicitaria del futbol. Si el Congreso mexicano deveras
quisiera poner orden, debería de impedir que las televisoras tuvieran
también el negocio del futbol.
La selección mexicana
fue inflada. No pudo derrotar a la escuadra de Sudáfrica que carecía de
técnica y a la que los uruguayos pusieron en su lugar. Se engolosinó con la
victoria a Francia pero sin racionalizar el hecho de que la selección
francesa hizo todo lo posible por perder debido al acto de contrición de los
jugadores que consideraron su presencia en el mundial como producto de una
victoria no legitimada. Y Uruguay la puso en su lugar, aunque luego las
televisoras comenzaron a hablar del milagro de aspirar a derrotar a
Argentina para de ahí enfilarse al campeonato del mundo.
Y ahí estaba no
la afición mexicana determinada por la pasión por el futbol sino redefinida
por su papel como consumidor de los sándwiches, los refrescos de cola y toda la
larga lista de productos, bienes y servicios que anunciaron los seleccionados. Y
lo peor fue convertir a la selección en un instrumento político con
tintes electorales de corto plazo. Ahí están los spots publicitarios de
Javier Aguirre montado sobre la Iniciativa México para sacarle raja a la
pasión del futbol con una iniciativa… de las televisoras privadas. Ahora
Aguirre tendrá que pagar la factura de su decisión de prestarse a un
juego que nada tenía que ver con el futbol.
Lo que viene es lo
previsible: el casi se pudo, el que perdimos pero con honor, el de nos ganaron
un gol que no era, el de que caímos con la cara al sol, el del orgullo por
encima de todo. Y de ahí, a esperar los próximos negocios comerciales que han pervertido
el futbol como deporte.
Pero queda también la
certeza de que el futbol seguirá igual mientras sea un negocio de las
televisoras privadas y el Congreso se niegue a ejercer sus facultades que
relacionan el futbol con el deporte, la cultura, la educación y la representación
oficial de México en campeonatos nacionales e internacionales.
www.grupotransicion.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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