Martes 29 de junio de 2010
+ Tamaulipas: problema local
+ Narco disputa poder político
El colapso de la
seguridad en Tamaulipas se veía venir. La irresponsabilidad del gobierno
estatal dejó crecer el problema del narcotráfico. Por tanto, el asesinato del
candidato del PRI a gobernador, Rodolfo Torre Cantú responde a una disputa local
por los espacios de poder entre los Zetas y el Cártel del Golfo.
El asesinato del
candidato priísta, quien llevaba una cómoda ventaja sobre el PRI, responde a la
lógica de los compromisos del poder. El narco no asesina cuando sabe que
provocará una reacción de toda la fuerza del Estado, salvo que haya existido
un compromiso no cumplido. Por tanto, el crimen no fue una provocación sino un ajuste
de cuentas.
El pasado viernes 7
de mayo, Indicador Político publicó un perfil político de la
criminalidad del narco en Tamaulipas. El análisis sigue vigente en su parte
sustancial:
“Tamaulipas pudiera
convertirse en un espacio microsocial para analizar el problema del
narcotráfico: en los últimos dos sexenios locales priístas las bandas de capos
se asentaron en la plaza y la convirtieron en una zona franca, pero la gente sigue
votando por el PRI.
“El debate sobre la
responsabilidad federal, estatal o municipal es ya irrelevante.
Tamaulipas está bajo control de la violencia del narco. Ya la gente no puede
contratar siquiera guardaespaldas porque las bandas los asesinan y a cambio venden
protección. Pero la tamaulipeca parece ser una sociedad apática: es
incapaz de exigirle responsabilidades a sus autoridades inmediatas.
“La lucha contra el
narco es federal. Sin embargo, el narco avanzó en Tamaulipas como la humedad:
se expandió con tranquilidad y a los ojos de la sociedad local. ¿Dónde estaban
las policías municipales y estatales y dónde las autoridades municipales y
estatales? Una vez que las bandas tomaron el control de las plazas, los
gobiernos estatales y municipales se hicieron a un lado y dejaron al
gobierno federal y al ejército el combate contra las bandas.
“¿Y la sociedad? No
aparece por ningún lado. Los tamaulipecos parece que prefieren vivir con el
narcotráfico o con la violencia derivada que exigir cuentas. La encuesta
reciente del Gabinete de Comunicación Estratégica contiene dos datos más que
reveladores: el candidato del PRI Rodolfo Torre Cantú lleva una ventaja
de 20 puntos sobre el del PAN. Y en la encuesta se revela que los tamaulipecos
están satisfechos con la gestión del gobernador saliente Eugenio
Hernández Flores, a pesar de que las principales ciudades están gobernadas
por la violencia del narcotráfico.
“Los comportamientos
de la sociedad son bastante extraños. En la encuesta se revela que el
narcotráfico es el problema número uno de la entidad pero sin influir en
sus decisiones políticas. Como en ninguna entidad hasta ahora, la violencia del
narco en Tamaulipas ha aterrorizado a la sociedad y ha provocado la migración
de importantes sectores de la sociedad hacia otros estados o hacia los Estados
Unidos, pero la gente sigue votando por el PRI. Y en la pregunta sobre
si el PRI debe continuar gobernando o buscar una alternancia, la
respuesta señala un 51% a favor de la continuidad priísta en el gobierno
estatal.
“A estos datos se
agrega la pasividad social frente al narcotráfico. Los tamaulipecos
viven el pánico de la violencia del crimen organizado y padecen los chantajes
de las bandas, pero no son capaces de organizarse para denunciar o para
exigir mayor atención. Esa pasividad ciertamente que beneficia al narco porque
carece de resistencia local, pero también al PRI para seguir ganando elecciones
sin ningún compromiso en materia de seguridad ciudadana. Eso sí, en la
calificación de instituciones son más negativos con el gobierno federal
que trasladó tropas militares y policías y que se enfrenta a balazos con las
bandas que con los gobiernos estatales o municipales que se han hecho a un lado
frente al problema.”
Los primeros datos del
crimen de Torre Cantú hablan de un operativo criminal. Por ejemplo, los
criminales tuvieron en su poder el itinerario del candidato. Asimismo, que
el proceso electoral de Tamaulipas se localizó en el contexto de la continuidad
de la impunidad: el gobierno estatal del priísta Eugenio Hernández se desentendió
del problema del narcotráfico, al grado de que las fuerzas federales y sobre
todo el ejército actuaban prácticamente a ciegas. Y en los momentos
delicados, como el de la muerte por accidente de los niños Almanza, el gobierno
estatal priísta miró hacia otro lado.
El crimen organizado
en Tamaulipas se consolidó por dos razones locales: la incompetencia o
la complicidad. Por cuestiones obvias, el relevo de gobernador requería una redocumentación
de los entendimientos. Y ahí ocurrió la primera desavenencia del gobierno
saliente con el entrante: los compromisos aparentemente no serían
respetados. Por tanto, el crimen organizado decidió tomar cartas en el asunto.
El crimen no fue accidente, ni confusión, ni daño colateral: los asesinos tenían
claro su objetivo. Asimismo, no se trató de un mensaje al
gobierno federal. Las razones del crimen, por tanto, no pueden ser muchas. Las
primeras investigaciones deberán ser locales.
El primer
interesado en aclarar el asesinato no es el gobierno de Calderón sino el
gobernador saliente Eugenio Hernández. Tamaulipas demostró que es una zona
franca del crimen organizado, un estado fallido. Y hay que
agregar el contexto del clima de inestabilidad provocado por el panista
César Nava y su aliado Manuel Camacho. Sí, el Camacho experto en la
creación de climas de inestabilidad. El 2010 recuerda el 1994: Diego,
narco, guerrilla, agresiones contra el ejército, ruptura política, Rodolfo
Torre.
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