Miércoles 30 de junio de 2010
+ SCJN: legalizar la violencia
+ Impunidad de protesta social
Hoy miércoles
la Corte Suprema de Justicia tendrá otra de sus decisiones históricas: los
amparos del caso Atenco. Y lo hará en función de un dilema: aplicar la
ley contra la protesta social que rompe con las exigencias mínimas de legalidad
o le otorgará certificado de impunidad a la protesta social que utiliza
la violencia para imponer sus exigencias.
Es decir, definirá
qué vale: la ley o los machetes.
La litis de
fondo en los amparos va a decidir, en el máximo tribunal constitucional, si la
violencia social estará legalizada y la protesta social tendrá entonces la
protección constitucional aunque viole los derechos de terceros y rompa la
estabilidad legal. La concesión de amparos a los líderes de Atenco, encabezados
por Ignacio del Valle, tiene que ver con la amenaza de linchamiento a
funcionarios mexiquenses.
La Corte Suprema se
ha dividido en dos grupos: uno, el constitucional, que quiere separar
los casos, otorgar amparos a quienes retuvieron a funcionarios pero sin
amenazar su vida y mantener procesos contra los que rociaron de gasolina
a funcionarios, les pusieron cohetones en el cuerpo y amenazaron con prender
cerillos; otro, el promotor de la doctrina Góngora Pimentel, quiere privilegiar
el derecho a la rebelión en un sistema de instituciones. En el centro se
localiza el concepto de “protesta social”.
Si la Corte Suprema impone
el criterio de libertad absoluta para la protesta social violenta y criminal,
entonces el país entrará en la escalada de movilizaciones callejeras protegidos
por la impunidad. Pero si la Corte logra excluir el concepto de
protesta social y juzgar los casos en función de la violencia contra ciudadanos
para imponer una exigencia de grupos, entonces las protestas sociales
callejeras tendrán ya un acotamiento constitucional y legal.
El fondo del debate
en la Corte no radica en la prioridad de encarar la protesta social sino
en imponer límites legales al uso de la violencia de la turbamulta. Por tanto,
las discusiones se deben centrar en lo que serían las garantías para el
ejercicio de los derechos constitucionales de quienes exigen por la fuerza de
las movilizaciones callejeras la adopción de medidas y las garantías de
funcionarios para cumplir con procedimientos administrativos.
El debate de los amparos
del caso Atenco va a girar en torno al simbolismo de la lucha apoyada en
los machetes. El gobierno perredista capitalino de López Obrador alentó
la protesta de los machetes al considerar a esta arma en un símbolo histórico.
Pero resultó que los machetes fueron armas de agresión contra ciudadanos,
policías y autoridades. Hoy mismo grupos de Atenco realizarán protestas afuera
de la Corte esgrimiendo amenazantes sus machetes.
La Corte tendrá dos
expedientes en la sesión de hoy: uno de ellos podría otorgar amparo a quienes retuvieron
a Rosendo Rebolledo, director de Gobierno en Texcoco. En este caso de febrero
del 2006, según expertos, no hubo secuestro equiparado porque el grupo
radical garantizó condiciones físicas y no hubo amenazas contra su vida. Por
ello se aplica el concepto de retención. En cambio, en el caso del 6 de
abril de 2006, Ignacio del Valle utilizó a funcionarios de la SEP estatal para exigir
la presencia del titular y el grupo utilizó amenazas graves de
violencia, por lo que se aplicó el concepto de “secuestro equiparado”.
Si en el fondo de
ambos casos existió la protesta social, en el primero no utilizó la violencia
ni puso en riesgo la vida del retenido; en el segundo, en cambio, la protesta
social provocó que funcionarios fueran amenazados de muerte y de linchamiento,
a pesar de que el titular de la SEP estatal había comprometido una
solución.
En este contexto, la
Corte Suprema no va a criminalizar la protesta social sino que tendrá
que decidir si le impone límites a las protestas o legaliza la impunidad
de la violencia. Si se ampara a Ignacio del Valle, entonces cualquier grupo
social tendrá certificado de impunidad en sus protestas y se amparará
bajo el criterio de lucha social. Con ello se derogará en los hechos el
Estado de derecho y el país entraría en la lógica de la revolución violenta amparada
por la Corte.
Lo malo para la Corte
será la argumentación. Los que quieren liberar a Ignacio del Valle van a llegar
el concepto amañado de “criminalización de la protesta social”, cuando
en realidad el punto central no es la lucha social sino el respeto
al Estado de derecho. Si amparan a Del Valle, entonces el país entrará en la espiral
de la violencia callejera. Y resultará contradictorio que la Corte castigue
el exceso de fuerza de los policías en los casos Oaxaca y Atenco en aras de la
estabilidad social, pero libere a líderes que amenazaron la vida de
funcionarios para obligar a las autoridades a tomar determinadas decisiones.
El problema de fondo no
radica en la persona de Ignacio del Valle, pues los hechos delictivos y las
responsabilidades en su contra fueron demostrados en tribunales. La
Corte tendrá que debatir el concepto de “secuestro equiparado” al tomar a
funcionarios como rehenes y exigir por la vigilancia beneficios a
cambio, pero poniendo en riesgo la integridad física de los secuestrados.
En síntesis, la Corte
decidirá si vale la ley o los machetes.
www.grupotransicion.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
-
- 0 - -
Imprimir
|