Jueves 8 de julio de 2010
+ Yunes, Peje de La Parroquia
+ Gobernador legítmo del PAN
En sus
incursiones al café de La Parroquia en el Puerto de Veracruz, el candidato
panista derrotado Miguel Angel Yunes Linares ha pedido a los meseros que le
digan “señor gobernador”. Al negarse a aceptar el dictamen final de
las autoridades electorales, Yunes está asumiendo la personalidad del Peje
del Golfo de México. Y prepara ya su toma de posesión y su gabinete legítimo.
Fuera de control,
Yunes se ha negado a reconocer los datos oficiales. Y lo que más le
duele, dicen algunas fuentes cercanas, no es haber perdido frente al candidato
priísta Javier Duarte sino que el artífice de la victoria tricolor haya
sido el gobernador saliente Fidel Herrera Beltrán, otro de sus archienemigos. Ahora
se sabe que Yunes, agresivo secretario de gobierno del gobernador salinista
Patricio Chirinos y operador policiaco en los gobiernos Fox y Calderón, estuvo detrás
de la filtración de grabaciones ilegales.
No sería la primera
vez. Yunes está acostumbrado a resolver los problemas por la vía de los
manotazos autoritarios. Por ejemplo, como secretario de gobierno, no vaciló en
detener arbitrariamente y con armas al entonces ex procurador general de la
república Ignacio Morales Lechuga y a su esposa para echarlos del estado.
Veracruz, en tiempos de Yunes, se convirtió en un territorio dominado
por la violencia de Estado.
Ahora Yunes, un político
conocido por su estilo atrabancado, está a punto de convertirse en el
López Obrador del Golfo de México: no reconoce las cifras oficiales, dice que
ganó con una ventaja de 2.3%. Sin embargo, el Instituto Electoral de Veracruz
terminó con conteo de actas un saldo de 46% a favor del priísta Duarte,
contra 40% del panista Yunes. En votos, la diferencia fue de casi 74 mil
sufragios.
El problema de Yunes
es que le garantizó a la señora Elba Esther Gordillo, su jefa política,
una victoria contundente sobre el PRI. Con esa seguridad, el PAN lo hizo su
candidato. En Veracruz no operó la alianza porque el candidato de
Convergencia, el ex gobernador Dante Delgado, también fue víctima de la
violencia política de Yunes. Y lo malo para Yunes fue que su candidatura fracturó
al PAN, provocó la migración de militantes y votos y no pudo cumplirle
su promesa de victoria al presidente Calderón.
Ahora en su papel de Peje
azul, Yunes amenaza con romper con las instituciones electorales. Como
López Obrador ya exige que le den trato de gobernador, está preparando su “toma
de posesión” y define su “gabinete”. Y desde ahora se perfila como el
gobernador legítimo de Veracruz, arrastrando consigo al PAN.
La conducta violenta
de Yunes trata de ocultar la falta de pruebas de irregularidades
electorales. Por lo demás, Veracruz no fue un dechado de limpieza
política. Pero falló la estrategia electoral del PAN porque fracasó en
su compromiso de cubrir la totalidad de las casillas. El riesgo en Veracruz
radica en el hecho de que el conflicto poselectoral vaya a hacer perder
presencia política al PAN en el estado.
La nominación de
Yunes por dedazo de la señora Gordillo causó estragos en el PAN
veracruzano y provocó la renuncia al partido del senador panista Gerardo
Buganza en marzo de este año. La candidatura de Yunes no respondió a su escasa
militancia en el PAN y fue una cuota de poder a la señora Gordillo, la
cacique del sindicato magisterial. Eso sí, contó con el apoyo del presidente
Calderón. Yunes ganó la candidatura panista cuando en una “fiesta” del
ISSSTE celebró su cumpleaños con una embarrada de pastel en el rostro
que le aplicó públicamente el presidente de la república, como en una
caricatura de cine mudo.
Al perder las
elecciones en el conteo oficial, Yunes va a embarcar al PAN en un
conflicto poselectoral. La ventaja de 6 puntos porcentuales es bastante difícil
de remontar. El gobernador saliente Herrera Beltrán utilizó el aparato
del gobierno estatal para favorecer a su candidato, pero Yunes tuvo a su favor todo
el aparato federal. Y ahí se dio lo que en el fondo ha molestado
sobremanera a Yunes: una humillación electoral.
Los casos de Veracruz
e Hidalgo van a poner a prueba el sistema electoral y la
institucionalidad del PAN. Los resultados oficiales de los institutos electorales
tendrán que ser aceptados o van a arrastrar a esos estados a una
situación de inestabilidad. Yunes y la hidalguense Xóchitl Gálvez podrían revivir
el conflicto poselectoral perredista del 2006, cuando del sistema institucional
aceptó los resultados del IFE y el dictamen final del Trife. En cambio,
López Obrador rompió la legalidad al ignorar los resultados oficiales,
presionar al IFE y al Trife a entregarle la banda presidencial sin
pruebas del fraude y preparar una insurrección legislativa para impedir
con violencia la toma de posesión de Felipe Calderón.
Yunes y Gálvez
preparan protestas, marchas y, dicen algunas fuentes cercanas, plantones
como el de López Obrador en el corredor del Zócalo al Periférico. Pero lo grave
radica en la información que comienza a filtrarse en el sentido de que Yunes y
Gálvez van a tratar de violentar la toma de posesión de los candidatos
triunfadores.
Lo grave es que Yunes
y Gálvez orillan al PAN a acciones de insurrección civil y se preparan a
endosarle al presidente Calderón el costo político de su derrota.
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