Domingo 18 de julio de 2010
+ 2012: la guerra que viene
+ El 2010, un buen avance
El debate que abrió
el resultado electoral del pasado 4 de julio tiene que ver con el futurismo
político presidencial. Para algunos, el saldo pasado acomodó algunas
piezas en el tablero; para otros, apenas fue el principio de una guerra de
posiciones; y para no pocos, el 2010 fue local.
El analista político
Marcos Martín Amezcua publicó un análisis sobre el tema en el boletín del
centro de estudios mexicanos de la Fundación Ortega y Gasset de Madrid. SU
enfoque es original y se presenta a continuación: “Las Elecciones estatales de
julio de 2010: ¿Revancha y nuevos escenarios?
1. Elecciones
marcadas por la violencia como telón de fondo.
De las elecciones de
julio de 2010 podríamos decir que los electores mexicanos se han hallado ante
una falta de opciones al tener la papeleta electoral frente a sí y redundar en
un persistente pesimismo; sin embargo, no ha sido así.
La dinámica electoral
suscitada el domingo 4 de julio de 2010 revela que las elecciones efectuadas en
14 estados, merecen varias consideraciones. Han sido más participativas de lo
esperado y han arrojado resultados que ya adelantan que 2012 no será ni en
broma, un paseo para ningún partido político ni tampoco será como se ha
planteado: que habrá una victoria contundente sin más, para el PRI (Partido
Revolucionario Institucional) y su aparente candidato Enrique Peña Nieto.
Debe advertirse algo:
como siempre, es hora de que los analistas y los políticos dejen de soslayar el
poder de los votantes y de minimizar su fuerza, su capacidad de respuesta, de
participación, de decisión y de valoración del entorno político que los rodea.
Apostamos a ello e insistiremos en ello. La ciudadanía no se ha amedrentado.
Pese a la violencia o a condiciones adversas y en medio de una crisis económica
que no mengua, los electores se hicieron presentes en las urnas, pues entienden
que se juegan mucho en estos resultados. No es el común denominador en todos
los casos, pero se nota su participación, que ha rondado hasta el 60% en
algunas entidades.
Así, no se
manifestaron las contundencias ni los lugares comunes que tanto se alardearon
antes de la elección ni hubo aquello que posibilite sintetizar o reducir a
ideas sencillas todo lo sucedido. Por otra parte, la elección abre escenarios
muy distintos a los pronosticados de que serían unas elecciones de simple
trámite, con el camino abierto al PRI para regresar al gobierno federal.
Tampoco lo han sido. La oferta priista no convenció de la forma como se
pronosticaba.
La oposición al PRI
perdió espacios significativos, pero el PRI también, y algunos de ellos tanto
más significativos que los perdidos por el PAN (Partido Acción Nacional) o el
PRD (Partido de la Revolución Democrática).
En un somero dictamen
de los resultados electorales diremos que al final, el PRI no se impuso ni por
número de votos recibidos ni en todos los cargos de elección. Se acusan
prácticas ilegales serias en Veracruz e Hidalgo y obsérvese lo reñido de los
resultados entre PAN-PRD y PRI en Durango y Aguascalientes, con apenas algunos
puntos de diferencia. En tanto que el PRI se queda Tijuana, el PAN lo hará con Tampico
y el PRD con Cancún. Los congresos revelan que siguen la suerte del candidato a
gobernador y lo más importante, que todo indica que no sirvió del todo la
presencia del gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto en las campañas de
Oaxaca y Puebla, al que pintan los priistas de exitoso. Salieron derrotados él
y su partido. Peña no ha convencido más allá de sus correligionarios y poco
más. Allí se vislumbra ya un foco rojo para el PRI. Su fórmula no cuela. Cierto
es que en el caso veracruzano, Yunes y Dante Delgado han perdido su
oportunidad, mientras no se decida lo contrario.
Han sido unas
elecciones verdaderamente complejas, esta vez por juntar en una misma fecha
procesos que suponen realidades diversas y en medio de un clima muy enrarecido
por la violencia provocada por la guerra contra el narcotráfico, que ha cobrado
la cifra redondeada de 23 mil víctimas en tres años y medio. Una guerra sin
rumbo, sin cambios de estrategia.
Por último, en este
preámbulo hay que manifestar que no es lo mismo Durango que Oaxaca. Estas
elecciones no han de valorarse en lo que, pues podríamos ser muy simplistas.
Acaso –por si es poco el espacio para hacerlo– entonces sugerimos
justipreciarlas en función de los datos que aportaremos a continuación.
2. Elementos de
análisis que posibiliten comprender lo sucedido
a) Estas elecciones
implican un desgaste profundo para todos los partidos (natural sí, pero
profundo, de un solo golpe) y conllevan la idea de que el electorado se
encuentra ante una carencia de propuestas diferenciadas, compuestas de ofertas
insulsas y teniendo por telón de fondo la guerra contra el narcotráfico.
b) Las alianzas
electorales llevan al menos quince años ejecutándose. No son nuevas. La novedad
ha radicado en unir a fuerzas contrarias como el PAN y el PRD y no podemos
decir que son medidas al cien exitosas en todos los casos, pero han sido
eficaces esta vez allí en donde hubo participación ciudadana y mayor consenso.
Falta algo básico e importante: determinar ahora qué plan de gobierno
incluyente van a instrumentar esas alianzas anti-PRI triunfantes (Oaxaca,
Puebla, Sinaloa). c) Centrándonos en los procesos electorales que se empalmaron
incluso, para que coincidieran con el primer domingo de julio (en 2010, día 4)
se observan campañas cortas pero intensas, con elevada acritud y violencia
preelectoral pocas veces vista; hubo una guerra sucia en que todos los partidos
han intervenido, pues todos se juegan una permanencia o aspiraciones de acceder
al gobierno, más allá de apostar por ampliar su margen de acción, del número de
propuestas viables de largo alcance y de proponer cosas sensatas. La rebatinga
ha sido despiadada y todos se han brincado las reglas de manera escandalosa.
d) Si bien se
argumentó que empalmar elecciones ayudaría a reducir gastos de campaña y a
evitar permanentes desgastes políticos y sociales, ciertamente los partidos
deberán valorar si les ha redituado un desgaste único pero mayúsculo, al
atender frentes tan diversos, con realidades complejas distintas, todo al
unísono. La acritud electoral ha rayado fácilmente en violencia, al conjuntar
tantos procesos a un mismo tiempo. En esta ocasión no hay mayor voto
diferenciado entre gobernadores y congresos elegidos, que igualan en signo
político.
e) Por lo pronto, los
partidos pequeños que siguen sin presencia real nacional, sin propuestas
visibles, sumándose con inercia a votos e iniciativas de otros (haciendo
aportaciones de bajo perfil) y alineándose a donde más les conviene a ellos
(que no necesariamente a los ciudadanos) siguen sin dejar en claro a quién
representan y se han subido a los partidos grandes con un pragmatismo no visto
hasta ahora, con el que han intentado resguardar su supervivencia a costa del
erario público (y de los ciudadanos que cada vez más los cuestionan), pactando
con unos y con otros sin importar coincidencias ideológicas reales y de fondo.
Han pactado con unos
y con otros, de un estado a otro, de un municipio a otro, sin claras
definiciones ideológicas. Consideramos que eso no ha sido bien recibido por los
electores. “Estamos allí en donde podemos contribuir” dicen sus miembros, no
sabemos si con sorna o evidenciado descaro.
Así, se observa en
esta elección que han corrido con la misma suerte de los principales,
quedándose con una tajada del apetecible y jugoso dinero público, cuyas
cantidades exorbitantes e insultantes en un país empobrecido, son inadmisibles
para las mayorías que consideran que mantienen a parásitos. Es duro decirlo.
Empero han mostrado tal carencia de ética y de oficio político, deleznables,
que sus aportaciones pingües cada vez convencen menos. Los electores lo saben
bien.
f) Todos los partidos
políticos nacionales llegan desgastados y como nunca antes, sin propuestas ni
compromisos claros. Con frases huecas como ya es costumbre. Acaso el electorado
también está harto de esa falta de compromiso claro. g) La realidad particular
y compleja de cada entidad –muchas de ellas gobernadas desde hace 80 años
promedio por el PRI, en triunfos bastante cuestionables– hacen valorar aspectos
puntuales al tenor de los resultados electorales: i. Si cabe decir que cada
entidad lleva su propia realidad, entonces decir que un partido u otro gane no
significa ni que ello suponga triunfos en cascada ni carros completos a favor
de un determinado signo ni tampoco implica en forma alguna, que ese será el
partido político que gane las elecciones presidenciales de 2012. Falta que
corra muchísima agua bajo el puente. Y la elección de 2010 ha visto una
participación ciudadana que ronda hasta en un 60% del padrón electoral en algunas
entidades federativas. De manera que valoremos. No hay nada escrito.
ii. En la mitad de
los casos, los estados que acudieron a elecciones siempre han sido gobernados
por el PRI: ello hizo caber la expectativa de favorecer una alternancia. En la
mayoría de los casos el PRI se presentó en alianza. Se produjo la alternancia
en 6 estados de los 12 que cambiaron gobernador. El PRI perdió tres entidades
siempre gobernadas por sus siglas, el PAN 2 y el PRD una. Así, las alianzas
anti-PRI que demuestran la suma de fuerzas para finiquitar cacicazgos
insostenibles del tricolor, le han arrebatado tres estados (Oaxaca, Puebla y
Sinaloa).
El lunes 5 de julio
de 2010 el PAN y PRD anunciaron que no descartaban una alianza en el Estado de
México en 2011. Han de parar a Enrique Peña Nieto quien sin embargo, comete
suficientes errores como para que solo le ayuden y el mismo estropee su imagen.
Si pierde el PRI en su entidad, a Peña le será muy difícil sostener que es un
excelente resultado.
iii. Las elecciones
de 2010 han abarcado las alcaldías y el congreso estatal de Yucatán, que ganó
el PRI (objetado su triunfo por el PAN) y ahora cubren a otros 12 estados que
renuevan gobernador y a otros dos, Baja California y Chiapas, que renuevan
alcandías y congresos estatales. Al primero de éstos últimos lo gobierna el
PAN, al segundo el PRD. En Baja California ha ganado el PRI el congreso estatal
y las alcaldías sin que ni siquiera rechistara el PAN; en Chiapas la coalición
PRD-PAN arrasó.
iv. Si dijéramos a
secas que el PRI ganó la gubernatura de nueve de 12 estados, sonaría
apabullante. Pero si pasamos la lupa por encima, constataremos que ha sido un
desastre o al menos, una batalla a punto de perderse, lo cual revela que el PRI
ni ha convencido como dijo ni sus cartas fuertes de imagen moderna (Peña Nieto)
lo son, como lo parecen.
En efecto, el PRI no
está de vuelta al cien como lo parecía. No al tenor de apreciar claramente que,
por un lado, la cercanía de puntos alcanzados por los opositores en entidades
ya a un tris del litigio como Durango y en al menos 3 entidades más, aparte de
las perdidas, demuestran que no tiene la fuerza que propagandeó. Solo hay
triunfos contundentes en Aguascalientes, Quintana Roo, Tamaulipas y Zacatecas.
Cuál fuerza imparable del PRI? La propuesta priista no ha sido contundente. No
es que no exista, pero no se ha manifestado como anunció que lo haría.
Han perdido tres
entidades, bastiones electorales del partido como Oaxaca y encima, hay
impugnaciones y acusaciones graves contra él en otros estados en que la
diferencia con el PAN es mínima.
v. Hubo quien quiso
dar por muerto al PAN ya durante la campaña, pero resulta que es el PAN el
contrincante que ha dado más la batalla al PRI en al menos seis estados y en
tres de ellos (Aguascalientes, Hidalgo y Durango), le ha pisado los talones al
PRI. En Sinaloa o Quintana Roo tiene más experiencia enfrentando al PRI, que el
PRD. Y ha tenido presencia en el resto. Así, consideramos que en estas
elecciones el PRD está un tanto ausente. Es importante anotarlo, pues el PAN
gobernando en la presidencia y desgastado en todos los frentes, más ha podido
hacer que valga su presencia en distintas entidades, cuando se pronosticaba que
ni tendría presencia ni tampoco posibilidades de ganar una sola elección.
vi. Respecto al PRD
cierto es que participa de las alianzas triunfantes, y posicionó a Gabino Cué
en Oaxaca, mas perdiendo Zacatecas. Hay estados en donde es nula su presencia,
como en Baja California y Tamaulipas, en donde hace años que lo han barrido.
Esta vez la batalla ha sido más entre PRI y PAN, que con un PRD casi ausente.
La dirigencia perredista y sus seguidores deben ponderar que les sigue faltando
esa presencia nacional si aspiran a ganar las elecciones de 2012 y eso sí se ha
revelado de nuevo en esta elección. No todo el país es el D.F. El PRD puede ser
el gran perdedor otra vez.
vii. Se comprueba de
nuevo que allí en donde la ciudadanía se movilizó (de 45 a 60%), el PRI no ganó
o estuvo a punto de perder. Destacan por el contrario Baja California, Chihuahua
y Tamaulipas, con aproximaciones de un 30% de participación en el índice de
votantes y en donde el PRI obtuvo el triunfo holgadamente.
El PRI siempre ha
logrado que se movilicen sus simpatizantes. Es algo que tiene muy trabajado. Si
el resto se abstiene, los priistas allí estarán para ejercer su voto. Eso se
come a los que se abstienen, al voto nulo o a cualquiera otra modalidad que
permita avanzar al PRI. Cierto es que el PRI no es un partido que promueva
mucho la movilización de votantes. Es evidente porqué.
viii. Las alianzas
han resultado sólo en parte. Hubo las que alcanzaron el triunfo y las que no.
Cuando Manuel Camacho Solís (artífice de ellas en lo que toca a la izquierda)
afirma a El Economista en su edición del 6 de julio de 2010, que ellas le darán
espacios nuevos a esa izquierda mexicana que no acaba de hallar rumbo certero,
merece recordar que acaso será así, pues el desgaste de aquella es total,
gracias a una serie de equivocadas estrategias. Empero, no cabe hacerse
ilusiones, pues el PAN ha anunciado que irá solo en 2012 y en cuanto al PRD y
el PT deberán resolver primero el protagonismo de López Obrador y de Marcelo
Ebrard antes de siquiera pensar serenamente en candidatos de unidad o nuevas
alianzas.
Camacho quizás no
repara en que estas alianzas no involucraron la candidatura directa de tan
prominentes personajes. Veremos qué pasará cuando haya que decidirse por una
izquierda fragmentada o una de unidad.
ix. Enrique Peña
Nieto, el gobernador mexiquense que ha gastado lo indecible en promover su
imagen personal, como si se tratara de un gran gobernante, ha sido utilizado
para amenizar los actos de campaña del PRI, con el consabido intento de
presentarlo como el gobernador exitoso que llevará al triunfo al PRI y a sus
aliados imaginarios o confesos off the record en las elecciones
presidenciales.
Poco importa según
parece, si de verdad está ejerciendo un buen gobierno (hay indicios severos de
que no) con recesión, caída de las inversiones, posicionando a su estado en la
mitad de la tabla nacional de productividad. Difícil resulta intentar siquiera
vender un “buen gobierno”. Le costó al PRI convencer con su figura.
Sin embargo, se
insiste más en que el fracaso del PRI en tres bastiones clave de su poder
electoral y lo reñido de los resultados obtenidos para su partido, hacen palpar
ya que la figura de Peña no está convenciendo, no está obteniendo los réditos
previstos. Faltan aún la elección de 2011, como ya se ha dicho. Cierto es que
ya a finales de la primavera de 2010 había ciertas dudas al interior del PRI
sobre la viabilidad de esa posible candidatura presidencial. Y hoy el PRI no es
monolítico. Hay aspirantes al mismo cargo.
3. ¿Por qué las
elecciones de 2010 poco anticipan las de 2012?
Hay quien con un tono
simplificador, no sabemos si simplista, invocando frases hechas y lugares
comunes dice que la jornada adelanta las presidenciales de 2012. No es así.
Anticipa sí, el peligroso modus operandi violento y poco democrático de
un priismo no resignado a soltar el poder por la vía del voto plural y que está
dispuesto a recurrir a prácticas más o menos conocidas. Clientelismo, compra de
votos, coacciones, robo de urnas, retraso de datos electorales y de informar
conteos.
www.grupotransición.com
carlosramirezh@hotmail.com
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