Martes 20 de julio de 2010
+ AMLO-Camacho: la guerra real
+ Por qué Ebrard ya perdió 2012
Aunque no quieran reconocerlo,
la alianza PRD-PT-PC para el 2012 entró ya en una verdadera guerra
política sin cuartel entre Andrés Manuel López Obrador y Manuel Camacho Solís,
que será una reproducción de la ya conocida Cuauhtémoc Cárdenas-Carlos
Salinas.
El punto de ruptura
ha sido aclarado: López Obrador acusa a Camacho de haber repetido el
numerito de 1988 cuando negoció en secreto con el PAN y a favor de Salinas la “legitimación
secundaria” y con ello lograr la calificación de las elecciones en el
colegio electoral. Para el tabasqueño, la alianza PRD-PAN-PT representó la “legitimación
secundaria” de los perredistas para Felipe Calderón, que rompió con la
orden de López Obrador de no reconocer a Calderón como presidente de la
república.
Las alianzas
implicaron pactos políticos del PRD con el PAN de Calderón y representaron
lo que los lopezobradoristas llaman una traición del PRD pero sobre todo
de Camacho. En un comentario publicado en el blog del Peje, Federico Arreola,
uno de los más fieles seguidores de López Obrador, recordó las “traiciones”
de Camacho y precisó: “la traición de Camacho no consiste en preferir a
Marcelo Ebrard como candidato presidencial del PRD para el 2012, lo que es su
derecho. Nada de eso. Manuel Camacho es un traidor a todo un movimiento
político por otra cosa: ser en la actualidad uno de los principales operadores
políticos de Felipe Calderón, el panista que en 2006 recurrió al fraude
electoral para llegar al poder”.
Por tanto, el primer round
acaba de ocurrir: el destape adelantado de López Obrador hace diez días, la
presión de Camacho para obligarlo a posponer su nominación y la aceptación por
el tabasqueño de las reglas del juego. Por razones estratégicas, López Obrador
consideró que no era el momento de enfrentar a Camacho. Pero quedó asentada
ya la ruptura política: López Obrador acusa a Camacho de provocar que el PRD
reconociera a Calderón a través de las alianzas.
La guerra
viene en serio. En un artículo publicado el lunes en Proceso, el
lopezobradorista Martí Batres Guadarrama, secretario de Desarrollo Social del
gobierno de Ebrard en el DF y precandidato al GDF en el 2012, también
rompe lanzas contra el proyecto de las alianzas PRD-PAN de Camacho y afirma que
en las candidaturas aliancistas del 2010 fue clara “la ausencia de la
izquierda”. “El PRD acudió en un papel de subordinado”. “Al subordinarse al
PAN, el PRD pierde credibilidad”, “pierde coherencia”.
Si lo que queda en
duda para algunos es quién ganó con las alianzas, a todas luces hay
elementos para señalar que el PAN y Calderón tuvieron una doble
victoria: se quedaron con la definición política de los aliancistas en
un espacio de centro-derecha y lograron someter la rebeldía del PRD
contra la legitimidad presidencial de Calderón. Al final, la autodenominada
izquierda apuntaló a la derecha.
El pivote de
esa jugada fue efectivamente Manuel Camacho, quien en julio de 1988 negoció en
lo oscurito con el PAN para favorecer a Carlos Salinas. Tres años
después, en 1991, con todo el peso del salinismo y de los mapaches
electorales priístas, Camacho y Ebrard le arrebataron el DF al PRD. Más
tarde, en 1997, el PRD de Cárdenas reconquistó el DF para el PRD. Pero
en el 2000, paradójicamente, el PRD le regresó el DF a Camacho-Ebrard en
una alianza en la que el salinista Ebrard apareció como candidato perredista.
La jugada final
de Camacho es anular a López Obrador, quitarle el PRD, utilizar el salinismo
del PT a su favor y negociar directo con Convergencia, a fin de que el
candidato presidencial de la alianza sea Ebrard, además de imponer como
candidato al GDF a otro aliancista y no a algún lopezobradorista. La
disputa se ha centrado en el control del PRD. Y para ello, López Obrador
lanzará en su momento una campaña para identificar al PRD como un
partido panista y un partido salinista
Si en 1988 Camacho le
ofreció al dirigente panista Luis H. Alvarez varias gubernaturas, la
reforma electoral y el aislamiento del cardenismo, al PRD lo sedujo con
alianzas para llevar a gobiernos estatales a candidatos dominados por el PAN,
con ello obligar al PRD a reconocer la legitimidad de Calderón y de paso
aislar a López Obrador. Se ha tratado de dos modelos políticos iguales,
siempre con una intención final: en 1988 entronizar a Salinas a la presidencia con
la ayuda del PAN y en el 2010 obligar al PRD a reconocer la presidencia
legítima de Calderón.
En este contexto,
entre los lopezobradoristas corre la versión de que Camacho es el verdadero
secretario de Gobernación del gobierno calderonista. Y no andan tan lejos.
Basta leer los artículos de Camacho los lunes en El Universal para saber
quién está definiendo las líneas estratégicas del gobierno federal,
aunque con ello contribuya a reposicionar al PAN como partido dominante.
En este contexto se localizan algunas versiones de cercanos al tabasqueño que
creen que Camacho y Ebrard volverán a traicionar en el 2012 si López
Obrador se impone como candidato presidencial. Si Ebrard necesita la
alianza PRD-PT-PC para intentar algún espacio en el 2012, López Obrador basta
por sí mismo porque ha forjado un movimiento de masas.
Por ello es que la próxima
batalla López Obrador-Camacho se dará en el relevo de Jesús Ortega como
presidente del PRD el próximo 5 de diciembre.
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carlosramirezh@hotmail.com
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