Jueves 22 de julio de 2010
+ 2012: Camacho “jubila” a AMLO
+ Salinas está “feliz de contento”
Como los
verdugos de ayer son las víctimas de hoy, Andrés Manuel López Obrador acaba de
ser jubilado de
la política por Manuel Camacho Solís, casi al mismo estilo con el que el
tabasqueño retiró a Cuauhtémoc Cárdenas del PRD: con una frase.
Cuando compitieron
por la candidatura presidencial en el 2006, López Obrador desdeñó a
Cárdenas con un dardo envenenado: “yo no me peleo con la historia”. Pero
la historia era nicho, pasado. Hoy Manuel Camacho mandó a López Obrador al
cuarto de los cachivaches políticos con el argumento de que “ya no podemos ser país
de un solo hombre”. La frase, por cierto, es el subtítulo de uno de los
tomos de la biografía política de Antonio López de Santa Anna escrita por el
lopezobradorista Enrique González Pedrero. Así, la pedrada de Camacho
mandó también el parecido del tabasqueño con el Santa Anna maldecido por
la historia de México.
La jubilación
de López Obrador decretada por Camacho --en entrevista con Fidel Samaniego, publicada
ayer miércoles en El Universal-- ha provocado una sonora carcajada
proveniente del exterior: Carlos Salinas está “feliz de contento” porque su
amigo, colaborador y cómplice político Camacho logró lo que el propio
Salinas se había propuesto desde 1988 y no había podido conseguir: destruir
a López Obrador.
Y Camacho, de hecho, jubiló
a López Obrador para poder colocar a su pupilo Marcelo Ebrard como el próximo
líder político máximo de la “izquierda” perredista, luego del trabajo de
filigrana de Camacho para que las alianzas PAN-PRD provocaran que los
perredistas reconocieran la legitimidad presidencial de Felipe Calderón
y con ello, de modo automático, enterraran la presidencia legítima
del tabasqueño. Así, Camacho logró prácticamente echar del PRD a López
Obrador.
Desplazado del PRI,
fracasado su proyecto de partido político particular y asesor áulico del
PAN, a Camacho le quedaba el PRD. Y si su maniobra no da resultado,
entonces no falta mucho para que aparezca, ahora sí formalmente y con honores,
como operador político del PAN.
La larga lista de traiciones
de Camacho es de antología:
--El 30 de mayo de
2005, publicó un artículo para explicar la operación política para desplazar
a Cárdenas del liderazgo político y poner en su lugar a López Obrador. Ahora Camacho
va a repetir el numerito: quitar a AMLO con los mismos argumentos y
colocar a Ebrard. Escribió en el 2005: “quien pierda la elección interna puede fortalecer
el triunfo de quien la gane. Que quien gane puede respetar a quien
pierda… Que ambos (Cárdenas y AMLO) pueden participar en donde los diferentes
liderazgos se complementan y cooperan entre sí”. Pero al jubilar hoy al
tabasqueño, Camacho ya impuso a Ebrard como el Gran Líder de la
“Izquierda”.
--En el 2006, ante la
ofensiva del desafuero, Camacho dio una entrevista a Milenio para
ofrecerse como el Plan B: Camacho como candidato sustituto, con
López Obrador como un candidato en campaña desde la cárcel. En 1994
Camacho quiso ser el candidato sustituto del asesinado Luis Donaldo
Colosio pero Salinas no pudo imponerlo.
--En septiembre de
2008, Camacho ya había iniciado los contactos con el PAN. En un artículo
en El Universal propuso un programa de estabilización política, delineó
su proyecto como presunto secretario de Gobernación de Calderón e inclusive
abrió un huequito: “reforzar el gabinete”.
--Desde siempre,
Camacho ha desdeñado a López Obrador y su política de masas. En 1989,
Salinas mandó a Camacho a cuestionar a su mentor (de Camacho) Pablo
González Casanova por su discurso por el Premio Nacional de Ciencias en la que
el investigador universitario pedía todo el poder al pueblo. Camacho cuestionó esa
vía: “se puede llegar a la tentación de identificar al poder del Estado
con el poder inmediato de las masas”. Es decir, “se parte del supuesto
de la inminente descomposición del Estado y su necesaria sustitución por
uno nuevo o por fórmulas anarquistas. Esta crítica democrática puede derivar
en idealismos populistas o terminar en la justificación de una dictadura
democrática”.
--Camacho no
ha podido aclarar su papel en el fraude electoral de Salinas en 1988:
negociación con Luis H. Alvarez, presiones autoritarias a la prensa para
cerrarle espacios a Cárdenas, amenazas --revelación de Marco Rascón-- al PRT de
Rosario Ibarra de Piedra de identificarlo con la guerrilla y, como culminación,
el papel central de Camacho, aliado a Diego Fernández de Cevallos, para quemar
las boletas electorales a finales de 1991 en un horno de la Delegación
Venustiano Carranza para borrar cualquier pista de las irregularidades. El operador
de la quema fue el entonces secretario de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard.
Con el beneplácito
festivo de Carlos Salinas, Manuel Camacho ya escribió el epitafio político
de López Obrador, en la declaración a Samaniego, donde los tiempos verbales son
una clave política:
“Creo que el
liderazgo político de Andrés Manuel ha sido de enorme valía para las
izquierdas. Les permitió un crecimiento que no hubieran tenido de otra manera.
Pero me parece que el liderazgo de la izquierda ya no puede estar en manos
de un solo hombre. Ya no podemos ser un país de un solo hombre”.
Para Camacho,
el PRD-PT-PC y el grupo DIA, el reinado de López Obrador ha muerto. El grito ahora es
otro: “¡viva el reinado perredista de Marcelo Ebrard”!
www.grupotransicion.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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