Miércoles 28 de julio de 2010
+ Sedena abre ejército a sociedad
+ Énfasis en los derechos humanos
En medio de
una campaña sospechosa para sacarlo de la lucha contra el
crimen organizado, el ejército ha desplegado una inusual y eficaz estrategia
militar para desorientar al enemigo: abrir sus llaves de información, acercarse
a la sociedad y castigar severamente la violación de los derechos humanos.
Como ningún otro
ejército del mundo, el mexicano ha desarrollado un singular movimiento
en materia de derechos humanos: adelantarse a las denuncias en las comisiones
civiles. Cuando algunos soldados lastimaron a periodistas en Nuevo Laredo al
invadir una escena de crimen, el alto mando no sólo arrestó a los
soldados y oficiales sino que comenzó a establecer mecanismos de garantías
del trabajo periodístico.
Y como ningún otro
ejército del mundo, el mexicano inaugurará la próxima semana un sorprendente diplomado
sobre “Las fuerzas armadas y los derechos humanos” entre la Secretaría de la
Defensa Nacional, la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea y la Comisión
Nacional de los Derechos Humanos. Por primera vez una fuerza armada cuya
función es el uso de la fuerza en la defensa de instituciones y la seguridad cruza
relaciones en la capacitación sobre los derechos humanos. El diplomado tratará
de encontrar confluencia entre la lucha contra la criminalidad de la
delincuencia organizada con el respeto a las garantías constitucionales, además
de meter a los militares en la cultura de la defensa de los derechos
humanos.
Asimismo, la Sedena
abrió en su portal www.sedena.gob.mx un
espacio especial para el tema de los derechos humanos, además de
redinamizar su dirección general de Derechos Humanos para adelantarse a
las quejas, tramitar reclamaciones y ofrecer información sobre indagaciones. La
novedad radica en el hecho de que por primera vez el ejército --que tiene la
función de ejercer la fuerza para defender las instituciones-- se preocupa
por los derechos humanos. Con ello, el propio ejército establece un dique
de contención a algunas acciones que pudieran salirse de control y obliga
a soldados, oficiales y mandos a ejercer la fuerza pero sin violar
derechos y garantías de ciudadanos.
Con estas maniobras
estratégicas, el ejército pudo contener la ofensiva de algunos grupos
--no pocos de ellos estimulados por el propio crimen organizado-- para
convertir las denuncias de violaciones a los derechos humanos en el argumento
para sacar al ejército de las políticas de seguridad pública. Sin
embargo, hoy más que nunca la seguridad pública es un asunto central de
seguridad nacional porque implica la pérdida de la soberanía del Estado sobre
parte del territorio dominado por la delincuencia y por ello el ejército se ha
convertido en la última línea de defensa de la seguridad, la soberanía
interna y el Estado.
El paso audaz
del ejército en materia de derechos humanos ha sido un éxito político del
general secretario Guillermo Galván, titular de la Secretaría de la Defensa
Nacional y jefe operativo del ejército. Y constituye también un avance en las
relaciones militares-sociedad. Pero sobre todo, matiza la estridencia de
las quejas contra militares por violación de derechos humanos porque los abusos
son castigados primero dentro del ejército y luego en organizaciones
civiles de defensa de garantías. Nunca antes algún secretario de la Defensa
Nacional había convertido los derechos humanos en una prioridad
política, rompiendo la tesis del contrasentido fuerza-derechos.
Las relaciones
cívico-militares en México son un asunto que históricamente no ha sido
debatido. Quizá las razones pasen por el desinterés de la clase política
en el tema o la falta de apertura del sector castrense; lo cierto que esta
ausencia de debate resultó cómoda para un régimen priísta que requería
mantener un control corporativo del país, incluyendo al sector militar. El gobierno
foxista no hizo mucho para cambiar esta situación, pese a las ventajosas
condiciones políticas que imperaban a su arribo al poder. Así, se consideraba a
la Sedena como una de las dependencias federales más reticentes
para comunicarse con la sociedad.
Sin embargo, en este
sexenio la Defensa Nacional ha hecho evidente su intención de cambiar
esta situación. Por lo menos esto lo revela en el objetivo número “6” de su
“Programa Sectorial de Defensa”, en el cual señala como una de sus estrategias
“establecer una política de Comunicación Social, que transmita una imagen del
Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, congruente con las actividades que
realizan”. Así, derechos humanos, información y comunicación social han abierto
al ejército al escrutinio de la sociedad; el ejército acepta las
recomendaciones de la CNDH, sólo ha rechazado el 2% de solicitudes de acceso a
la información y la oficina de prensa informa de todo lo que tenga que
ver con las acciones militares.
A diferencia del
pasado, el mensaje del general secretario Guillermo Galván es claro: no
habrá impunidad militar, pero tampoco repliegue de la defensa de la
soberanía del Estado. Aunque, eso sí, la clase política gobernante le debe
al ejército el nuevo marco jurídico --la ley de seguridad nacional-- para
aclarar aún más las funciones de las fuerzas armadas en tareas de seguridad,
vistos a todas luces los hechos que revelan que la criminalidad y su fuerza
violenta ha desbordado la capacidad de los cuerpos de seguridad pública.
Al final, la
intención del ejército es plausible: reforzar su papel como garante de la
seguridad nacional pero no como pieza de la represión.
www.grupotransicion.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
- - 0 - -
Imprimir
|