Viernes 30 de julio de 2010
+ Camacho: otra vez chamaqueado
+ 2012: AMLO y el método
Salinas
En el búnker de Andrés Manuel
López Obrador deben de estar disfrutando aún como Manuel Camacho Solís
resultó hoy chamaqueado como en 1993 con una candidatura presidencial.
Si en 1993 no
jugó con las reglas y se quedó esperando el dedazo de Carlos Salinas que
benefició a Luis Donaldo Colosio, hoy quiso jugar con las reglas y fue desplazado
por el madruguete de López Obrador en contra de Marcelo Ebrard.
El viernes 26 de
noviembre de 1993, Camacho se fue a refugiar a la ciudad de Cuernavaca para redactar
su “discurso de aceptación” de la candidatura del PRI a la presidencia de la
república. Ese mismo día, el PRI nacional citó a toda la cúpula del poder en
las oficinas centrales del PRI precisamente para anunciar el nombre del
candidato.
Camacho estaba seguro
de que iba a ser el nominado. Por eso dejó a Marcelo Ebrard a cargo de la
oficina del Departamento del Distrito Federal. Todavía el sábado, Camacho buscó
algunas señales de Salinas pero no supo interpretar la realidad. Días
antes, Salinas le había anunciado a Colosio que sería el candidato. El
domingo 28 la cúpula priísta reveló públicamente el nombre de Colosio.
Y Camacho hizo su berrinche.
Se regresó furioso de Cuernavaca. Salinas le había fallado. A pesar de haber
jugado con las reglas, Camacho se salió de la rutina, no felicitó a
Colosio y le echó en cara a Salinas su renuncia. Luego de una tensa
reunión en el despacho presidencial de Los Pinos, Camacho fue obligado
por Salinas --las complicidades del poder-- a quedarse en el gabinete como
secretario de Relaciones Exteriores y Ebrard de subsecretario. Si deveras
hubiera sido coherente, Camacho debió de haber roto definitivamente con
Salinas. Pero el poder --el presupuesto-- es el poder.
Dos y medio sexenios
después, Camacho fue chamaqueado por segunda ocasión. López Obrador dejó
entrever que se subordinaría al manejo de Camacho de la candidatura del
PRD-PT-PC para el 2012 pero el domingo pasado el tabasqueño se asumió
como precandidato presidencial. De nueva cuenta Camacho hizo su berrinche
porque López Obrador le movió todo su tablero de ajedrez y lo convirtió en un
tablero de “El Coyote”. La jugada de Camacho era la de convertir a López
Obrador en un sencillo aspirante presidencial controlado para tener un
año de tiempo y espacio en la colocación del verdadero candidato de
Camacho: Marcelo Ebrard.
Lo malo de todo es
que Salinas y López Obrador le jugaron abierto a Camacho. En 1993 todo
estaba preparado para que el candidato fuera Colosio. Se lo dijeron de
diferentes formas a Camacho, pero se negó a entender la realidad. En
estos años, López Obrador dejó muy claro, en escenarios públicos y sin
engaños, que su objetivo es ser candidato presidencial en el 2012. De nueva
cuenta, Camacho ignoró la realidad.
En dos ocasiones
Camacho ha sido víctima del método Salinas: engañarlo con la
verdad a la hora de definir candidaturas presidenciales. Sólo un político
ingenuo pudo creer que López Obrador se sometería a la autoridad
política de Camacho. Y sólo Camacho parece haber sido el político que creyó
que el tabasqueño recorrería casi tres veces todos los municipios haciendo
campaña y creando una estructura de representatividad para cedérsela a
la imagen mediática de Ebrard.
Lo peor para
Camacho como el Gran Operador del Destape de la Autodenominada Izquierda es que
el juego ya quedó claro y el esquema de una encuesta para escoger al mejor posicionado
--cualquier cosa que ello signifique-- fue destruido por López Obrador. Aunque
esté a la cola de las preferencias dentro de un año, López Obrador no
abandonará su condición de candidato presidencial. Y tendrá amarrado al PT,
cuyo índice electoral podría llegar a niveles insospechados sólo por
apoyar al tabasqueño.
A lo largo de estos
meses, el entorno político de López Obrador llegó a la conclusión
anticipada que Camacho no iba a jugar limpio y que su juego de la
encuesta y el “mejor posicionado” era para contener durante un año a
López Obrador, en tanto que Ebrard usaba impunemente los recursos
públicos del gobierno del DF para su promoción personal. Por eso hubo varios
intentos de Camacho para detener las giras del tabasqueño. Sin embargo,
López Obrador simplemente desdeñó el papel de Camacho.
Camacho no era
la mejor figura política para operar la nominación del candidato de la alianza
PRD-PT-PC. Su papel desafortunado --para decir lo menos-- en 1993 y 1994
y su esfuerzo de usar la crisis en Chiapas en 1994 para su promoción personal
como candidato alterno o sustituto le restaban méritos para una
operación en uno de los espacios más ingobernables del espectro político. Los
sectores alrededor del PRD necesitaban de una figura de consenso y sobre
todo sin un pasado tormentoso. Un derrotado en el juego del tapado
priísta no era la mejor carta de presentación de Camacho.
Lo malo para el PRD
es que ya se quedó sin forma para definir la candidatura presidencial. A
veces sin ironía aunque sí con condescendencia, López Obrador le sigue dando a
Camacho por su lado al explicar que no fue destape y que se ceñirá a los
“compromisos”, pero sigue muy campante su campaña como candidato a la
presidencia para el 2012.
Lo que falta es saber
qué camino tomará el PRD: el de los (ex) salinistas Camacho y Ebrard o
el de López Obrador. Ahí definirá el PRD su existencia.
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carlosramirezh@hotmail.com
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