Lunes 8 de marzo de 2010
+ PRI-PAN enlodaron democracia
+ FCH: rehacer reforma política
El documento firmado
por los presidentes del PAN y del PRI para cuidarle las espaldas al
gobernador del Estado de México como precandidato presidencial priísta mejor
posicionado fue un golpe irreparable al proceso democrático.
Pero lo más grave
ese Pacto fue que el PAN le estaba haciendo el trabajo sucio al PRI
mexiquense: a cambio de apoyar la política presupuestal del 2010, que no
resolvería la crisis, el PAN aceptaba prácticamente retirarse de la disputa
electoral mexiquense en el 2011 y con ello entregarle a Peña Nieto por adelantado
la presidencia de la república en el 2012.
Adicionalmente, el
Pacto firmado por Beatriz Paredes y César Nava dañó la esencia de la
democracia: la certeza y sobre todo la libertad política, porque el documento
reveló una forma de reducirle certeza electoral y política a los ciudadanos
impidiendo alianzas necesarias en un esquema partidista fracturado.
El pacto mexiquense
fue el primer caso de concertacesión del PAN al PRI.
En función del efecto
político negativo de ese pacto, el presidente de la república y el congreso están
obligados a replantear la reforma política para impedir que los partidos
políticos engañen a sus afiliados y a sus electores con maniobras que
impidan la presentación de la mejor oferta política disponible. Tenía razón
Fernando Gómez Mont: la alianzas --y seguramente estaba pensando en la antialianza
mexiquense donde firmó como testigo de honor-- son un fraude electoral.
La parte más gravosa
del documento la tendrá que cargar la presidenta nacional del PRI, Beatriz
Paredes Rangel. ¿Cómo fue posible que la experimentada ex gobernadora de
Tlaxcala, ex senadora, ex diputada, ex subsecretaria de Gobernación, ex
dirigente nacional de la CNC y muchas otras cosas ex, aceptara firmar un
documento contrario a la más elemental ética política y sin duda tramposa
para la ciudadanía? La firma de ese documento no sólo terminó la
intención política de Paredes de ser candidata a la presidencia de la república,
sino que de paso le restó calidad política y moral para ejercer el cargo
de dirigente nacional del PRI. Y más aún, Paredes reveló que el PRI aún
no tiene ganada la presidencia del 2012.
Nava quedó ya liquidado
políticamente. Y de paso, le restó credibilidad a las alianzas suscritas en
Oaxaca, Puebla y Durango: ¿hubo ahí algo turbio como en el Estado de
México? De poco le servirá a Nava haber chamaqueado a la
experimentada Paredes y de haber exhibido la fragilidad del PRI en el 2012, si
al fin y al cabo no se trató de una estrategia intencionada sino del
descubrimiento de acuerdos políticos contrarios a la democracia. Nava perdió
toda credibilidad política, a pesar de sus buenas intenciones.
Nava y Paredes
exhibieron el verdadero rostro de la política mexicana: el de las
componendas, el del trueque, el de la burla a los ciudadanos, el de la
política prostituida, el de la vieja política priísta con los dos como versiones
modernas de Gonzalo N. Santos y su conclusión de que en política la moral es un
árbol que da moras. La dimensión del pacto firmado por Nava y Paredes,
por su contenido, no da para el análisis político sino que apenas sirve
para la burla y la diatriba. La ingenuidad de los dos llevó la política absurdo
de la comicidad de carpa.
El presidente
Calderón está obligado en el corto plazo a replantear su estrategia
política. Antes de las elecciones del 2010 necesita redefinir la credibilidad
del PAN y sobre todo sacar a la Secretaría de Gobernación de los
jaloneos de acuerdos perversos. Dialécticamente, la crisis del PAN por el pacto
firmado por Nava se puede convertir en la gran oportunidad de Calderón
para aumentar la calidad de la política, para profundizar la iniciativa de reforma
política y para pactar con el senador Manlio Fabio Beltrones una verdadera
reforma política de largo plazo, estructural y sobre todo sin los absurdos
de convertir la políticas en una moneda de cambio.
El presidente
Calderón está presionado por las circunstancias a replantear las
definiciones de su política, ya no la de Nava ni la del PAN. ¿Quién va a
negociar su decálogo? ¿El Gómez Mont que firmó como testigo del pacto de
la ignominia política? ¿El Nava que aceptó cederle espacio político al
PRI para facilitar su regreso a la presidencia de la república en el 2012? ¿El
PAN que se fracturó con las candidaturas de la alianza en Oaxaca,
Puebla, Durango y la de Veracruz? El presidente Calderón ya debió de haberse
percatado de que necesita otro PAN para cambiar la política de a
deveras. Al final de cuentas, la reforma política será el legado
histórico de Felipe Calderón.
Paredes y Nava reventaron
la reforma política y enlodaron la democracia. Si deveras Calderón quiere
cambiar las reglas del juego --asumir el poder como política--, sólo tiene el
camino de pactar con Beltrones una reforma para la transformación integral
del sistema político. Si no, el 2012 será un herradero.
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