Viernes 26 de marzo de 2010
+ Es la táctica, la tác-ti-ca
+ Restaurar orden borbónico
El debate
sobre el “cambio de estrategia” en el combate al narcotráfico esconde cuando
menos tres cartas marcadas:
1.- Es un falso
debate porque la estrategia es una sola: evitar la hegemonía del crimen
organizado y recuperar la soberanía del Estado en zonas francas
controladas por los capos y ahí nada hay que cambiar, a menos que se
busque una negociación que ceda el poder del Estado al dominio de las
mafias. El debate real debe darse sobre las tácticas, que son los
medios, instrumentos o planes coyunturales de acción. Los que insisten
en el cambio de estrategia en realidad ignoran de lo que hablan.
2.- El trasfondo en
la condena a los programas del gobierno de Calderón contra el crimen organizado
se localiza en la intención de restaurar el viejo orden priísta
(borbónico), donde el Estado autoritario, paternalista y populista controlaba
a las bandas y, peor aún, designaba jefes policiacos para ponerlos al servicio
del crimen organizado. Es decir, la crítica a la estrategia actual se basa en el
intento de restauración del modelo El Negro Durazo. La fusión
de policías-delincuentes mantenía bajo control del PRI a las bandas. La
sociedad quiere el modelo cómodo del viejo PRI, aunque por los nuevos
equilibrios sociales será imposible. El repunte en tendencias del PRI
para el 2012 apela justamente a la restauración del viejo orden: el
absolutismo que controlaba también al crimen organizado.
3.- La estrategia no
ha fallado. Y las tácticas siguen siendo funcionales. Lo que ha ocurrido es que
todos los órdenes de gobierno y todas las organizaciones sociales firmaron
su parte en la estrategia pero a la hora de las decisiones han fallado y
no han cumplido sus compromisos. Gobiernos estatales y municipales y sociedad han
dejado al ejército como la primera línea de combate y la última
línea de defensa. Si se revisan con frialdad las evaluaciones de la estrategia,
el ejército ha sido el único en ofrecer resultados. Nuevo León, Ciudad
Juárez y Tamaulipas son el ejemplo de que gobiernos estatales y municipales han
incumplido su compromiso de --aunque sea-- limpiar las policías. Basta
revisar los planes, compromisos y acuerdos para detectar quiénes han
fallado. Y hasta la sociedad ha eludido compromisos por miedos, complicidades y
comodidades. Pero el ejército ha impedido la victoria del crimen
organizado que en el fondo muchos desean.
El falso
debate sobre el “cambio de estrategia” es tramposo, cómodo y elusivo de
responsabilidades. El 30 de abril de 2009 el gobierno federal explicó el
“modelo de operación estratégica y táctica frente a la delincuencia
organizada”. Y ahí se definen los ejes de la estrategia: reafirmación
del Estado en el territorio, desarticulación de cadenas y redes criminales,
fortalecimiento de las instituciones públicas, prevención del delito y
cooperación internacional. ¿Esta estrategia es la que quieren cambiar?
Si el ejército sigue atacando
a bandas y la PGR continúa procesando a delincuentes arrestados, entonces la
persistencia del problema del crimen organizado corresponde a los
gobiernos estatales que han ignorado el hecho de que los criminales tuvieron
complicidades locales para asentarse y a los gobiernos municipales cuyas
policías en la actualidad siguen estando al servicio de los
delincuentes. Los narcobloqueos en Monterrey, por ejemplo, fueron hechos
con la complicidad de policías estatales y municipales.
Los daños colaterales
en acciones de combate al narcotráfico esconden cuando menos tres
complicidades: la de las autoridades locales porque no han cumplido sus
compromisos en los acuerdos, la de las policías estatales y municipales porque sirven
al narco y de la propia sociedad que pasivamente quiere que la defiendan y votan
por los partidos cuyos gobiernos han sido aliados o responsables del
asentamiento de narcos en las diferentes plazas.
El fondo del
debate no es de estrategias sino político: los partidos han sido incapaces de
gobernar para evitar la criminalidad… y la sociedad sigue votando por los mismos.
Tamaulipas es un caso simbólico: la plaza está controlada por el narco y
ha obligado al ejército a acciones violentas para recuperar espacios, pero la
sociedad tamaulipeca sigue votando por el PRI que en el gobierno ha sido responsable
del auge del crimen organizado. Y para allá van los gobiernos priistas y
perredistas.
En el Acuerdo Nacional
por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, firmado por toda la sociedad y
gobierno y publicado en el Diario Oficial de la federación el 25 de
agosto de 2008, los gobernadores y presidentes municipales se comprometieron
formalmente a cinco acciones concretas para limpiar las policías, elevar
su eficiencia y blindarlas de los criminales y se impusieron el plazo de un
año. A año y medio la corrupción policiaca sigue tan campante y se
localiza en el centro de la operación de la impunidad criminal. Frente a tanta
irresponsabilidad, los únicos que siguen en la primera y última
línea de batalla son los militares. Pero la acción militar será incompleta
si las autoridades civiles y la sociedad no cumplen con sus compromisos
firmados.
(Por Semana
Santa, Indicador Político se toma como siempre una semana de descanso a partir
de hoy y aconseja que ustedes hagan lo mismo. Nos leemos aquí el lunes 5 de
abril.)
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