Lunes 3 de mayo de 2010
+ Obreros: tronó modelo PRI-CSG
+ Pacto histórico Estado-obreros
La iniciativa laboral
del gobierno del presidente Calderón no logró redefinir un nuevo modelo de
relación obrero-patronal pero eso sí obligó al sindicalismo priísta, al PRI y
al PRD a atrincherarse en el modelo dependiente y tutelar del pasado.
El modelo de relación laboral que ya se agotó
fue inventado por Lázaro Cárdenas con la organización de la CTM como sector
obrero corporativo del PRI y del Estado, por la alianza Fidel
Velázquez-Porfirio Muñoz Ledo para un sindicalismo subordinado al Estado
a cambio de prestaciones y por la complicidad Carlos Salinas de Gortari-Francisco
Hernández Juárez de 1990 para imponer la modernización y declinar
beneficios a favor de la globalización económica neoliberal.
Históricamente, los sindicatos fueron subordinados
a los intereses del Estado priísta, los revolucionarios y los conservadores.
Los sindicatos que se opusieron a esos acuerdos y que anduvieron una línea de
organización independiente fueron duramente reprimidos por toda la
fuerza del Estado: ferrocarrileros, maestros, petroleros. Al final, todos los
sindicatos convivieron con el Estado y el PRI porque tuvieron segura la
protección tutelar. Por eso los desfiles del Primero de Mayo fueron siempre
para agradecerle beneficios al “Señor Presidente”.
El sindicalismo modelo PRI fue dominado
por Fidel Velázquez, pero con la complicidad de algunos de los que hoy desde la
oposición se oponen a cualquier reforma laboral. La jugada es la misma:
mantener a los sindicatos bajo la mano autoritaria del Estado priísta como un
punto de equilibrio estratégico con los poderes fácticos patronales.
Por ello resulta patética la posición
de Muñoz Ledo como diputado de la autodenominada izquierda petista-salinista-lopezobradorista
agrediendo al secretario del Trabajo del gobierno de Calderón, cuando él como
secretario del Trabajo de Luis Echeverría aplastó los movimientos
democráticos de los electricistas y los universitarios porque querían ser
independientes. Y como jefe de la autodenominada izquierda dialoguista
--que sólo habla consigo misma-- está el Manuel Camacho Solís que como
académico de El Colegio de México apoyó al sindicalismo independiente y
criticó a Fidel pero luego como estratega salinista se postró frente al
poder del gran cacique sindical para obtener su perdón porque quería ser
candidato presidencial priísta en 1994.
Ahí se localiza precisamente la bulla
del PRD y del PRI --los dos hijos del mismo venero corporativista del
cardenismo-- para oponerse a cualquier decisión que quiera modificar el status
laboral aún vigente del modelo sindicalista del PRI: el PRI porque quiere
regresar a la presidencia en el 2012 y encontrar que todo siga igual y
el PRD porque sobrevive del neopopulismo asistencialista priísta.
La reforma laboral ahora busca superar
el acuerdo Salinas-trabajadores que operó el entonces secretario salinista alterno
del Trabajo, Francisco Hernández Juárez, priísta antes y hoy… lo que sea y
reconocido como el Fidel Velázquez del sindicalismo porque cumplió ya treinta y
cuatro años de líder telefonista y de gran cacique del sindicalismo
arropado por el PRD. El primero de mayo de 1990 la pareja Salinas-Hernández difundió
un programa de ocho puntos para la “modernización” del sindicalismo. Lo
importante no eran los puntos sino el hecho de que los líderes
sindicales se sometían a Salinas.
La clave de ese acuerdo fue la aceptación
sindical de dejar a un lado la confrontación callejera y las huelgas y
garantizar el apoyo de obreros al Estado priísta en el periodo de declinación
de conquistas sindicales por la decisión de Salinas de otorgarle al mercado el dominio
de la actividad económica. Los sindicatos liderados por Hernández Juárez aceptaron
el modelo Salinas, a cambio de convertir a los trabajadores en socios de
las empresas vía la participación accionara. Salinas le entregó un porcentaje
de acciones de Telmex al sindicato pero Hernández Juárez las revendió al
patrón y prefirió su condición de explotado.
El debate de cualquier reforma se centra en
el costo laboral en la producción. El ciclo del Estado como fuerza tutelar
de los trabajadores se agotó cuando el Estado cedió la hegemonía al mercado.
Asimismo, el sindicalismo perdió fuerza por el cambio estructural en el
factor trabajo. Inclusive, como presidente del PRD, López Obrador puso como
meta sindical la participación accionaria --propuesta Salinas-- de los
trabajadores en las empresas.
El debate por la iniciativa de reforma
laboral en el Congreso será aprovechado por el PRI para desempolvar los
viejos discursos de Porfirio Muñoz Ledo como ideólogo priísta y sus propuestas
de México como un “país de trabajadores” y del PRI como “un partido de
trabajadores”, hoy, por cierto en un Partido del Trabajo que carece de
trabajadores y se nutre del lumpen urbano, agrario y sobre todo político. Y
será oportunidad para volver a sacar a las calles los membretes de la CTM, el
congreso del Trabajo, a CROC y otros que vivieron a expensas del modelo
priísta de liderazgo sindical corrupto.
Al contrario de Lampedusa, sindicatos, PRI y
PRD no apoyan cambios para que las cosas sigan igual sino que no haya
cambios para que las cosas empeoren.
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