Martes 4 de mayo de 2010
+ Estilo salinista de Camacho
+ Oaxaca: ¿clima como 1994?
Fracasadas las
alianzas con el PAN por tendencias electorales en contra, el estratega de la
autodenominada izquierda ha regresado a las andadas en Oaxaca: como en
los tiempos salinistas, Manuel Camacho Solís crea un conflicto y luego
se ofrece como solución.
Pero Camacho Solís
tiene muchas deudas pendientes en Oaxaca. Resulta que Camacho Solís
puede ser señalado como corresponsable del conflicto de ruptura que
tiene al estado sumido en una crisis de élites desde 1992, cuando el candidato
salinista --y Camacho era operador de Salinas-- Diódoro Carrasco
Altamirano arribó a la gubernatura por dedazo de Salinas, Luis Donaldo
Colosio y Camacho.
Con Carrasco, en 1999,
se rompieron los acuerdos de 1977 para repartir posiciones de poder
entre las familias priístas del poder. Carrasco primero quiso imponer a su tío
como sucesor, pero el entonces senador José Murat amenazó con irse al PRD y le quitó
el poder a Carrasco. El conflicto entre los dos llevó a Oaxaca a disputas entre
las élites priístas, las mismas hoy encabezan todas las fuerzas
políticas locales. Por tanto, la crisis de Oaxaca es entre priístas y no
por la democracia, ni la paz, ni la transición.
El candidato
coalicionista Gabino Cue es posición de Carrasco, quien busca restaurar
su cacicazgo político con el apoyo del PAN. Por eso Cue nada tiene de
demócrata ni de transicionista porque representa intereses de grupos de
interés. Y paradójicamente, uno de los grupos de interés es el que encabeza
Camacho Solís.
En 1992 Camacho tuvo
la oportunidad de demostrar su autodeclarada filiación de demócrata. Uno
de sus colaboradores, Luis Martínez Fernández del Campo, creyó en el
discurso de democracia interna de Colosio y se lanzó en una campaña abierta por
la candidatura a gobernador, luego de haber sido diputado y senador. Pero
Camacho en aquel año no era el demócrata que hoy dice ser sino un vulgar
priísta-salinista de intereses oscuros; por eso aceptó sin chistar el dedazo
de Salinas, a sabiendas de que con ello ayudaba a romper con la
estabilidad política de Oaxaca. Camacho fue el encargado de decirle a Martínez
Fernández del Campo que no creyera en la democracia y que aceptara el dedazo
de Salinas.
Lo que antier lunes
escribió Camacho en El Universal no es más que una muestra de su hipocresía
porque su papel en 1992 ayudó a instaurar el cacicazgo de Diódoro Carrasco que
hoy quiere revivir su Juanito Gabino Cue.
La crisis de Oaxaca
del 2006 fue una expresión de la crisis de 1992 por el arribo del
cacicazgo de Carrasco y de 1998 con la imposición del cacicazgo de José Murat.
Camacho Solís es un investigador de temas políticos y por eso no debe ser tan fundamentalista
al escribir sobre la crisis de Oaxaca como si no hubiera sido corresponsable.
Paradójicamente, hoy el DIA y sobre todo Camacho están impulsando una
candidatura que representa los intereses caciquiles de Carrasco y Murat,
aunque con el disfraz de demócrata.
Se trata, es cierto,
de otro Camacho. Por ejemplo, Camacho quiso capitalizar para sí
mismo el conflicto de 1991 cuando el doctor Salvador Nava hizo una marcha por
la democracia hacia el DF para denunciar irregularidades electorales en la
votaciones para gobernador. Camacho buscó a Nava para venderle una
salida política que beneficiaba a Salinas. Y luego quiso apoderarse de las
crisis en Tabasco y Michoacán. Y todo con el afán de resolverle
problemas políticos a Salinas y con ello ganar votos para la selección del
candidato presidencial de 1994.
En este contexto,
Camacho quiere montarse sobre un conflicto histórico en San Juan Copala
y con ello inventar las condiciones de una nueva crisis, aunque con ello
contribuya a azuzar los choques locales que nada tienen que ver con la elección
local. Pero ante el fracaso y la derrota en todas las alianzas, ahora
Camacho quiere vandalizarse y con ello incendiar Oaxaca para capitalizar
políticamente la violencia ante la incapacidad de DIA para posicionar a su
candidato, quien por cierto viene de la línea de violencia y represión
indígena del gobierno de Carrasco, donde Cue fue operador político personal del
entonces gobernador.
De ahí que Camacho
haya regresado a su papel de creador de conflictos y luego presentarse
como el solucionador de crisis. El candidato de la coalición camachista enarbola
la bandera de la paz, pero ahora mismo está promoviendo la violencia.
Pero no debe extrañar: Camacho logró en esa coalición la confluencia de todos
los grupos violentos, insurreccionistas y rupturistas del 2006, los que
quisieron por la violencia instaurar una comuna revolucionaria y
autogestionaria en Oaxaca. Ya los “pacíficos” de la 22 de maestros y de la APPO
han comenzado a incendiar nuevamente la precaria estabilidad en Oaxaca.
Y detrás de esa estrategia se encuentra Camacho Solís, el arquitecto del
proyecto salinista transexenal.
La gobernabilidad
que ofrece Camacho para Oaxaca es la que lleva el sello salinista: corrupción,
violencia, compra de lealtades, chantajes y la creación de un clima de
inestabilidad de la que Camacho es experto porque contribuyó a la ruptura de la
estabilidad en 1994 por sus ambiciones presidenciales de poder. A lo mejor
Camacho quiere crear un 1994 oaxaqueño.
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