Miércoles 5 de mayo de 2010
+ Arizona: tercera guerra civil
+ Obama: de King a César Chávez
Si el tema migratorio
no encuentra atención inmediata en la Casa Blanca, la crisis podría conducir a
una verdadera guerra social o a la tercera guerra civil estadunidense.
El presidente Barack Obama tiene una presión adicional en el tema: la
sombra de Martin Luther King y la lucha por los derechos civiles de los negros
y el fantasma de César Chávez y la batalla por los derechos de los braceros.
El tema de la Ley
Brewer de Arizona tiene referentes racistas que recuerdan la lucha
contra la esclavitud en el siglo XIX y la lucha por los derechos civiles en los
cincuenta y sesenta del siglo XX. Y el asunto se complica por el color
de la piel del presidente Obama, pues lo obliga a atender sin dilación el
contenido racista y represivo de la Ley porque representa una forma nada sutil
de segregación racial.
A mediados de los
cincuenta, la lucha por los derechos de los negros comenzó con la decisión de
Rosa Parks, en el condado de Montgomery, Alabama, de sentarse en la zona de los
blancos en un camión. Cuando fue arrestada por violar la Ley de Segregación, la
comunidad negra realizó un boicot que fue encabezado por el reverendo
Martín Luther King: los negros se negaron durante un año a abordar camiones y
fueron reprimidos, arrestados y acosados por la policía. En 1956 el asunto
llegó a la Corte Suprema de Justicia y de ahí se ordenó la derogación de
la ley y el principio del fin de la segregación.
La lucha por los
derechos civiles en los EU no se redujo sólo a la igualdad de derechos
para negros y blancos sino que llevó a la gran marcha por la libertad y el
trabajo en 1963 y condujo al reverendo King al Lincoln Memorial de Washington a
pronunciar su discurso histórico de “yo tuve un sueño”. Esa marcha logró la
aprobación de dos legislaciones que liquidaron definitivamente el
racismo y la segregación en todo el país: la Ley de los Derechos Civiles (1964)
y la Ley del Derecho al Voto (1965). Obama, el primer presidente afroamericano
de los EU, nació en 1961 en Hawai y arribó a los Estados Unidos al comenzar los
ochenta, cuando el asunto racial había dejado de ser un problema. Por tanto,
Obama carece de conciencia histórica de su origen; de ahí que su agenda
está centrada en la salvación del capitalismo y no en la atención de los
problemas de las mayorías marginadas de color --el color de los indocumentados
mexicanos.
El conflicto de 1955
en Montgomery tiene muchos parecidos con el de Arizona cincuenta y cinco
años después: el racismo, la segregación y la represión contra una minoría por
el color de la piel. Antes fueron los negros y hoy son los indocumentados. A
mediados del siglo pasado la ley de los derechos civiles reactivó el
fortalecimiento del Ku Klux Klan, movimiento racista por la supremacía de los
derechos de los blancos, y hoy Arizona acuna el movimiento de los
Minuteman y ya el Tea Party de la derecha de la derecha del Partido Republicano
ha tomado es agenda.
La sombra de César
Chávez también se convierte en un factor de presión para el presidente
Obama. Y más por el hecho de que Chávez, que luchó por los derechos de los
trabajadores de la recolección de uva, muchos de ellos mexicanos
indocumentados, nació en Arizona, en la población de Yuma. Descendiente de
mexicanos, Chávez salió en defensa de los braceros sin documentos y
pugnó por el reconocimiento de sus derechos humanos y laborales. Los
agricultores crearon grupos armados, encarcelaron a Chávez y seguidores y se
negaron a reconocer derechos. Como Luther King, Chávez enarboló la no
violencia y ganó. Hoy en la Arizona de Chávez resurge un movimiento
racista violento contra mexicanos por raza y color.
El problema, por tanto,
es de Obama. Las encuestas favorecen a una reforma migratoria pero Obama parece
haber decidido enviar el tema a mejores tiempos. Peor aún, las circunstancias
políticas revelan que Obama ya no tendrá el tiempo para una negociación,
pese a haberse comprometido a sacar la reforma migratoria en su primer año de
gobierno. Sin embargo, la Ley Brewer de Arizona adelantó el tema de la
agenda, sobre todo por los indicios de violencia, de violación de derechos
humanos y de segregación de una comunidad usualmente reprimida por racismo.
La Ley Brewer de
Arizona ha provocado un agudizamiento del racismo, además de haberse colado
como tema electoral local por la elección en noviembre de gobernador y la
posibilidad de reelección de la gobernadora Jan Brewer. Una encuesta de la CBS
reveló que el 51% considera que la ley es un asunto de la derecha y el
36% cree que fue demasiado lejos, pero también se encuentra el dato de que el
43% estima que se le debe otorgar ciudadanía a los indocumentados, el
21% aprueba que se les dé la calidad de trabajadores visitantes y un tercio
--32%-- es de la opinión de que se les eche del país.
Pero el asunto no es
de encuestas sino de luchas radicalizadas. El problema no es del
gobierno de México sino del presidente Obama: prometió una reforma migratoria y
por el color de su piel está obligado a reconocer los derechos humanos y
civiles de los indocumentados de piel semioscura. La urgencia está determinada
por el hecho de que los ultra de Arizona declararon una guerra social
contra los indocumentados mexicanos.
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