Viernes 7 de mayo de 2010
+ Narcotráfico: ¿y la sociedad?
+ Elecciones ajenas a realidad
Tamaulipas pudiera
convertirse en un espacio microsocial para analizar el problema del
narcotráfico: en los últimos dos sexenios locales priístas las bandas de capos
se asentaron en la plaza y la convirtieron en una zona franca, pero la gente sigue
votando por el PRI.
El debate sobre la
responsabilidad federal, estatal o municipal es ya irrelevante.
Tamaulipas está bajo control de la violencia del narco. Ya la gente no puede
contratar siquiera guardaespaldas porque las bandas los asesinan y a cambio
venden protección. Pero la tamaulipeca parece ser una sociedad apática:
es incapaz de exigirle responsabilidades a sus autoridades inmediatas.
La lucha contra el
narco es federal. Sin embargo, el narco avanzó en Tamaulipas como la humedad:
se expandió con tranquilidad y a los ojos de la sociedad local. ¿Dónde estaban
las policías municipales y estatales y donde las autoridades municipales y
estatales? Una vez que las bandas tomaron el control de las plazas, los
gobiernos estatales y municipales se hicieron a un lado y dejaron al
gobierno federal y al ejército el combate contra las bandas.
¿Y la sociedad? No
aparece por ningún lado. Los tamaulipecos parece que prefieren vivir con el
narcotráfico o con la violencia derivada que exigir cuentas. La encuesta
reciente del Gabinete de Comunicación Estratégica contiene dos datos más que
reveladores: el candidato del PRI Rodolfo Torre Cantú lleva una ventaja
de 20 puntos sobre el del PAN. Y en la encuesta se revela que los tamaulipecos
están satisfechos con la gestión del gobernador saliente Eugenio
Hernández Flores, a pesar de que las principales ciudades están gobernadas
por la violencia del narcotráfico.
Los comportamientos
de la sociedad son bastante extraños. En la encuesta se revela que el
narcotráfico es el problema número uno de la entidad pero sin influir en
sus decisiones políticas. Como en ninguna entidad hasta ahora, la violencia del
narco en Tamaulipas ha aterrorizado a la sociedad y ha provocado la migración
de importantes sectores de la sociedad hacia otros estados o hacia los Estados
Unidos, pero la gente sigue votando por el PRI. Y en la pregunta sobre
si el PRI debe continuar gobernando o buscar una alternancia, la
respuesta señala un 51% a favor de la continuidad priísta en el gobierno
estatal.
A estos datos se
agrega la pasividad social frente al narcotráfico. Los tamaulipecos
viven el pánico de la violencia del crimen organizado y padecen los chantajes
de las bandas, pero no son capaces de organizarse para denunciar o para
exigir mayor atención. Esa pasividad ciertamente que beneficia al narco porque
carece de resistencia local, pero también al PRI para seguir ganando elecciones
sin ningún compromiso en materia de seguridad ciudadana. Eso sí, en la
calificación de instituciones son más negativos con el gobierno federal
que trasladó tropas militares y policías y que se enfrenta a balazos con las
bandas que con los gobiernos estatales o municipales que se han hecho a un lado
frente al problema.
Los narcos han
logrado instalarse en zonas territoriales donde parece no existir una
sociedad organizada o una sociedad reclamante. Los tamaulipecos en lo
individual se quejan del problema y circulan por internet videos o fotos
de enfrentamientos armados, pero sin incapaces de determinar los grados
de responsabilidad. Las zonas francas del narcotráfico han sido ocupadas
sin encontrar ninguna resistencia social. En Ciudad Juárez la gente
protesta contra el gobierno federal y ha logrado crear una estridencia
que obligó al gobierno estatal a atender la dimensión del conflicto.
Pero en Tamaulipas
todo es fiesta tricolor. Aunque en el lado contrario, los narcos han
podido dictar las leyes de convivencia local. Y a pesar de expresiones
de violencia irracional, la sociedad sigue pasmada y oculta el rostro
sin queja alguna.
El voto de
continuidad del PRI representa también la revelación del fracaso de la
oposición panista y perredista. La oposición ha sido incapaz de organizar a la
sociedad para resistir al narco o para plantear exigencias federales. De ahí
que Tamaulipas represente un fenómeno masivo de esquizofrenia masiva o de negación
de la realidad. El candidato del PRI va a ganar sin asumir ningún
compromiso serio contra la inseguridad y la ciudadanía nada tendrá que
exigirle porque votará por él sin necesidad de resolver el problema número uno
del estado.
La sociedad
tamaulipeca --y la de otras zonas del país-- ha perdido los referentes
políticos, sociales y de gobierno. A pesar del daño que genera la droga en sus
hijos y la violencia asociada, parte de esas sociedades prefieren un
acuerdo de convivencia con las bandas del crimen organizado. Hasta que esas
bandas se salgan de control y luchen contra otros por la plaza y los balazos lastimen
a ciudadanos ajenos a esa realidad. El problema social número uno en
Ciudad Juárez es la adicción a las drogas; pero aún así, los juarenses a
veces quisiera que ejército y policía se fueran de la plaza para dejarlos a
ellos llegar a un entendimiento con el crimen organizado.
La lección de fondo
sigue viva: no se podrá derrotar al crimen organizado si la sociedad no
se organiza para repeler a las bandas.
www.grupotransicion.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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