Lunes 10 de mayo de 2010
+ Oaxaca: indigenismo manipulado
+ Quieren chiapanizar el estado
A
Lulú y Chonita, dos cabecitas blancas
Abajo en las encuestas
y dispuestos a comprar pleitos ajenos para reposicionamientos aunque con
ello azucen actos criminales, la coalición PAN-PRD y el candidato ex priísta
Gabino Cué en Oaxaca buscan convertir el conflicto triqui en San Juan Copala en
violencia electoral.
El salinista Manuel
Camacho y el panista César Nava van a centrar la campaña oaxaqueña en
el caso Copala, pero con una grave ignorancia del conflicto. Ahí se
dirime una crisis del modelo de usos y costumbres, se reproduce una crisis como
la de la APPO en la capital en el 2006 en cuanto a la disputa territorial por
la autonomía municipal y la intervención de organismos extranjeros
radicales.
Pero el asunto tiene
su lógica. El maestro Isidoro Yescas, sociólogo investigador de la Universidad
Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, analizó en un artículo para la agencia de
noticias Quadratín el asunto y llegó a una conclusión: de nueva cuenta los
políticos –de todos los partidos-- manipulan asuntos indígenas delicados
para su rentabilidad electoral.
La parte medular del
texto de Yescas –la versión íntegra se publica en www.grupotransición.com.mx, http://quadratinoaxaca.com.mx/noticias/nota.32443/
y en la página del autor http://sociedadypolitica.blogspot1.com--
se publica a continuación:
El referente más
inmediato para intentar explicar este complejo fenómeno de violencia y
conflicto social demasiado recurrente que se ha vivido y vive en la región
triqui es la disputa por el control político de los indígenas y sus agencias,
localidades y rancherías por parte de tres organizaciones clientelares: el
MULT, cuyo brazo electoral es el partido local Unidad Popular; el MULTI, filial
de la APPO y con vínculos con La Otra Campaña, y la UBISORT, integradas al PRI.
Sin embargo, el clima
de impunidad, asesinatos y ausencia total de un estado de derecho que por
décadas ha prevalecido en la región, también deben explicarse a partir de la
propia cultura, pobreza, analfabetismo y aislamiento geográfico de los pueblos
triquis, por un lado; y a la ausencia de políticas públicas de largo alcance de
los gobiernos federal y estatal para pacificar la región y mejorar las condiciones
de bienestar de sus habitantes.
El MULT, MULTI y la
UBISORT que hoy se rasgan las vestiduras y se entrecruzan acusaciones y
responsabilidades por el lamentable asesinato de dos activistas de organismos
civiles, uno de ellos de origen finlandés, no siempre han sido ajenos a los
ajustes de cuentas personales, “ajusticiamientos” y vendettas que se vienen
registrando en la zona. Conociendo muy bien los códigos de conducta de los
triquis, que suelen ignorar a las instituciones responsables de impartir
justicia para reparar agravios personales, familiares y políticos, los
dirigentes de estas organizaciones de indígenas triquis han sido negligentes si
no es que omisos en buscar salidas pactadas e institucionales para frenar esta
ola de violencia interétnica.
Pero mayor ha sido la
responsabilidad de los tres poderes del Estado, en sus niveles federal y
estatal, para atender un asunto que no por ancestral y complicado debiera ser
olvidado o solo atendido parcialmente en circunstancias críticas como el que ahora
se enfrenta. La presencia de grupos armados, el tráfico de armas y el cultivo
de enervantes son delitos federales que han sido combativos tangencialmente por
el gobierno federal. Pero la misma indolencia han mostrado los gobiernos
priístas de Oaxaca que hasta ahora han sido incapaces de coordinarse con el
gobierno federal para enfrentar el problema y aplicar políticas públicas
orientadas a abatir la violencia, la marginación y la nociva costumbre de hacerse
justicia por propia mano.
Hoy, el costo de esta
negligencia oficial está a la vista: en menos de 72 horas las repercusiones de
la emboscada y los dos asesinatos han escalado a nivel nacional e internacional
y en donde lo mismo la CNDH, que la ONU, el gobierno de Finlandia, Amnistía
Internacional, la sección 22 del SNTE y organismos defensores de los derechos
humanos han alzado la voz para condenar los hechos, exigir su esclarecimiento y
el castigo a los responsables.
A estas alturas , y
en el contexto de estas reacciones, poco parecería importar si los responsables
de la caravana informaron oficialmente de su viaje a Copala al gobierno federal
o al de Oaxaca; o si, a pesar de las advertencias que ya habían recibido sobre
el clima de inseguridad que prevalecía en la zona sus integrantes tomaron la determinación
de correr el riesgo; o de la extraña presencia en la caravana onegenera del
appista David Venegas (a) El Alebrije, señalado por grupos de la misma APPO de
ser un provocador al servicio del gobierno del estado; o del papel que desde el
2007, cuando San Juan Copala fue declarado “municipio autónomo”, ha jugado
Miguel Alvarez Gándara , intelectual orgánico del organismo civil Servicios y
Asesoría para la Paz (SERAPAZ), autodefinido como “actor de promoción de la
paz” en Chiapas y México “desde una dinámica liberadora”.
Hoy lo que urge es
investigar, aclarar los hechos, deslindar responsabilidades y ejercer la acción
penal en contra de los autores de la emboscada y el doble asesinato.
(…) es necesario que también la Procuraduría de Justicia revise y, en su caso
ejecute, los cientos de órdenes de aprehensión que tiene archivados desde el
sexenio de Heladio Ramírez López. Es por esta otra vía y no militarizando la
zona como se pudiera avanzar en la pacificación regional.
www.grupotransicion.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
- - 0 - -
Imprimir
|