Viernes 14 de mayo de 2010
+ Maniobra contra militares
+ Tamaulipas, sociedad fallida
Sin que un hecho anule
o justifique el otro, más de una centena de menores han caído en
enfrentamientos entre narcos. Pero existe una campaña organizada para
centrar los casos en aquéllos en los que han aparecido militares. La intención
es bastante clara: alejar a las fuerzas armadas de la lucha contra el
narco y con ello entregar plazas al crimen organizado.
El caso de los
menores Martín y Bryan Almanza Salazar, en el incidente en Ciudad Mier,
Tamaulipas, reúne los requisitos para convertirse en un ejemplo de esa
campaña contra el ejército organizada en Tamaulipas, uno de los estados controlados
casi absolutamente por el crimen organizado. A pesar de datos periciales
basados en indagaciones científicas, la madre de los niños no quiere saber nada
más que no sea responsabilizar a los militares de la muerte de sus hijos,
ocurrida apenas en abril. Muy pronto el asunto será retomado por
organismos de derechos humanos para reforzar la campaña.
Pero el caso podría complicarse
para la familia. El auto en el que iba la familia y los menores quedó en medio
de un convoy de narcos, la granada de fragmentación calibre 40 mm. fue
disparada de atrás mientras que los militares estaban adelante, las placas de
la camioneta familiar eran de Texas y las heridas del niño coinciden con
esquirlas de granada y no ojivas de fusiles. Por tanto, el fuego de respuesta
de los narcos hacia el convoy militar que iba delante fue el que impactó
la camioneta del niño. Y las fotos son reveladoras: la camioneta donde iba el
niño en la parte posterior presenta un hoyo de unos diez centímetros que solamente
hacen las granadas de fragmentación.
La campaña contra el
ejército en Tamaulipas tiene una explicación: en dos años y medio, los
decomisos de drogas y materiales bélicos en poder del crimen organizado en ese
estado representan casi el 20% del total de los realizados por la
Secretaría de la Defensa Nacional desde diciembre de 2006 en toda la república.
Tamaulipas, por tanto, aparece en el mapa del narco como un estado fallido
donde las autoridades locales --estatales y municipales-- fueron rebasadas
por las bandas de criminales y en muchos casos se convirtieron en cómplices
de la criminalidad y donde la derrota de los narcos depende sólo de la acción
militar. Por esa razón el ejército llegó a Tamaulipas. Del total de 151 ataques
a unidades militares, 46 han ocurrido en Tamaulipas.
La información de los
decomisos en Tamaulipas es espectacular: 4 mil 767 armas de diferentes
calibres, 370 toneladas de marihuana, 12.6 toneladas de cocaína, 2 mil 720
vehículos terrestres, catorce embarcaciones marítimas, 46.2 millones de pesos y
22.6 millones de dólares. Y estas cifras son apenas una parte menor del
total de recursos que maneja en narcotráfico en Tamaulipas porque la acción del
ejército, que carece del apoyo social porque parte de la sociedad
prefiere convivir con el narco, se ha visto entorpecida.
La lucha es bastante seria.
Datos oficiales señalan que el incidente en Ciudad Mier no fue en retén
y permitió un aseguramiento impresionante de pertrechos en poder del narco:
nueve camionetas, cinco con reporte de robo en los EU, 4 AK-47, tres R-15, dos
pistolas, un lanzacohetes de 71 mm, dos cohetes y dos caras para cohete, 66
cargadores, dos granadas de fragmentación de mano, cuatro mil cartuchos, dos
casos calibre 50 y tres cascos de granada calibre 40 mm. De ese tamaño
es la guerra contra el narco en Tamaulipas.
El caso de los
menores Almanza Salazar ha sido aclarado por peritos especializados,
pero la madre, apoyada por organizaciones de derechos humanos, no acepta
razones. Lo grave de todo es que se le han proporcionado fotografías. El
menor Martín fue muerto por esquirlas de granadas de fragmentación que
provinieron de atrás de su vehículo. Hasta ahora, nadie ha podido explicar
como un vehículo familiar estaba entre dos camionetas de narcos, una Dodge Ram
y una Hummer H3. Los narcos que venían en esos vehículos fueron muertos y vestían
uniformes tipo militar de combate.
El otro dato
verificable radica en las características de los cascos de las granadas de 40
mm. Se trata de granadas que no utilizan los militares. Y también se
comprobó que la unidad blindada de reconocimiento fue agredida por narcos y
respondió al fuego no llevaba lanza granadas de fragmentación.
El asunto no
radica en defender o no a los militares, sino en entender que hay una campaña
para sacar al ejército de las zonas ocupadas por el narco y el crimen
organizado y con ello ceder las plazas. Al final, los organismos
internacionales de derechos humanos carecen de precisión y sólo basan
sus reportes en las declaraciones de familiares de las víctimas y no en
indagaciones de fondo. Los militares enfrentan el tema de los derechos
humanos, al grado de que sin festinarlo existen cuando menos una treintena de
soldados y oficiales en resguardo mientras se investigan posibles actos
de violación de derechos humanos. El ejército quiere evitar otro 68:
acusaciones de represión. Por eso la oficina más activa de la Sedena, además de
la manejo de tropas, es la de derechos humanos para establecer controles internos.
Tamaulipas no
es un día de campo. Los decomisos de droga y pertrechos representan casi el 20%
del total nacional. Algo anda mal en Tamaulipas y por eso quieren fuera
al ejército. Así de simple.
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carlosramirezh@hotmail.com
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