Miércoles 19 de mayo de 2010
+ Sinaloa: factor local gana
+ 2010: lecciones de Mérida
Aunque
no resultó con la ventaja que le dieron las encuestas, la victoria del
PRI en la alcaldía de Mérida dejó algunas lecciones políticas que
podrían explicar parte de las tendencias electorales para las votaciones de
gobernador. Las elecciones estatales son locales y obedecen a la lógica
de los intereses inmediatos de los electores.
Por eso es que las
tendencias de los votos en las encuestas revelan un dato aparentemente contradictorio:
casi la mitad de la población en los estados donde habrá elecciones de
gobernador verían con buenos ojos la alternancia de partido en el poder
local --casi todas del PRI--, pero al mismo tiempo las cifras ofrecen una cómoda
victoria de los candidatos priístas.
La clave se
localiza en el hecho de que la mayoría de los gobernadores hicieron un trabajo local
y prácticamente se olvidaron de la capital de la república. Y en plazas donde
existe una crisis de seguridad acreditada a la incapacidad del gobierno
estatal, como Tamaulipas, de todos modos el candidato del PRI no tiene rival
enfrente. En cambio, los candidatos opositores al PRI se han dedicado a hacer
campaña en el DF.
Hay casos especiales
dignos de la tipología política. Los gobernadores de Oaxaca y Puebla
fueron sometidos en años anteriores a un bombardeo de presión política para
obligarlos a renunciar y padecieron una campaña de desprestigio en el DF. Sin
embargo, los dos se dedicaron a hacer trabajo local a nivel de
estructura de partido y de gasto social y hoy están bien calificados en las
encuestas. Los candidatos opositores en esas plazas han cometido el error
de hacer campaña en el DF y no en sus entidades, por lo que su posición en las
tendencias del voto local es menor porque los capitalinos no votan en el
interior por cargos estatales o municipales.
Otro caso especial
sería Sinaloa, donde las candidaturas del PRI y de la alianza PAN-PRD pasaron
por una fractura de grupos y de tiempos. La recuperación electoral del
PRI en las encuestas se explica por dos razones: la tardanza del senador
Mario López Valdés en decidir la alianza y el papel activo del
gobernador Jesús Aguilar Padilla en materia de obra pública local. Lo segundo
se sobrepuso a lo primero; es decir, el elector --que hace tiempo perdió
el sentido del voto político e ideológico-- va a votar en función de cómo
le fue en la administración que termina y qué posibilidades ve que las
cosas mejoren si apuesta a una alternancia conflictiva y de ruptura.
Estos datos darían
una imagen actualizada de la paradoja de voto de Anthony Downs: el
elector sabe que su voto no va a decir una elección que estará en manos
de cientos de miles, ninguno de los dos partidos le ofrece una opción
ideológica y por ello prefiere votar en función de sus propios
intereses. Y es estos puntos la encuesta del Gabinete de Comunicación
Estratégica ofrece algunos datos de la tendencia en Sinaloa:
El elector votará no
por el partido sino por la continuidad; la ruptura de López Valdés no fue tal y
por tanto perdió la ventaja comparativa con el voto radical que pudiera
decidir la elección; el 40% dice que el PRI representa un cambio positivo y el
25% que constituye un retroceso; la mitad aprobaría una alternancia y el
45% considera que el PRI no representa cambios, pero de todos modos votará por
el PRI por el grado de estabilidad local del gobierno de Aguilar
Padilla; y de hecho el mismo 45% que votó hace seis años por el PRI lo hará de
nueva cuenta por el PRI.
Los saldos sociales
del gobierno de Aguilar Padilla van a ser el factor decisivo en las
elección: PIB estatal de 4%, más de 100 mil empleos, 5 mil millones de dólares
de inversión privada, aumento de la economía en 33%, ingreso per cápita de 8
mil dólares e ingreso salarial de los primeros en el país. Ante la imposibilidad
de López Valdés de ofrecer una mejoría en su oferta de gobierno y su discurso
de campaña basado sólo en la confrontación con el gobierno saliente, el
voto social va a decidirse en función del bienestar pasado y no de las
incertidumbres políticas del futuro. Y los candidatos aliancistas en Sinaloa,
Puebla y Oaxaca no pudieron --y ya no hay tiempo-- ofrecer una mejoría
sustancial con el hecho de que representan el partido del presidente de la
república.
Los datos
agropecuarios, turísticos, educativos, de salud y de obra pública en Sinaloa y
de programas sociales intensos en Oaxaca y Puebla han dado a los candidatos del
PRI una ventaja comparativa frente a los discursos de ruptura y
alternancia brusca que ofrecen los aliancistas. En términos locales, los
gobernadores Aguilar Padilla, Ulises Ruiz y Mario Marín van a ser calificados
en las elecciones no por la alternancia sino por las inversiones sociales. A
pesar de haberse formado en el PRI, los candidatos de la alianza PAN-PRD
parecer haber olvidado la primera lección de política del sistema
priísta: atender las demandas sociales de la gente y más en una
situación de crisis. Los candidatos aliancistas no pueden competir en
obra con lo que ya ha hecho el PRI.
El dato revelador
será Sinaloa: López Valdés llegó a ponerse en primer lugar en
preferencias, pero perdió el ritmo, extravió el discurso y bajó el tono de sus
propuestas. Y el candidato priísta Jesús Vizcarra se apoyó en el saldo
de inversiones y obra de Aguilar Padilla y ya sacó ventaja electoral al
comprometerse a continuarla. Y sin conflicto local, la elección se va a decidir
por cómo le fue al ciudadano en el gobierno saliente.
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carlosramirezh@hotmail.com
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