Lunes 31 de mayo de 2010
+ Narco: cada quien por su lado
+ PRD: capitalizar acusaciones
La primera reacción
del PRD ante el arresto de su candidato a gobernador para Quintana Roo, Greg
Sánchez, no fue la de ofrecer pruebas de inocencia ni la de responder a
las largas acusaciones contra el indiciado que se acumulan desde 2008, sino que
prefirió usar las acusaciones como catapulta política para sacarle raja
política en medios.
Se trata,
ciertamente, del PRD que ha enarbolado la acusación de ineficacia de la
política gubernamental de lucha contra el narco y que ha insistido en cambiar
la estrategia aunque sin señalar hacia donde. Lo grave del asunto para el PRD
fue que la orden de aprehensión contra Sánchez culminó la larga serie de
señalamientos sobre presuntas vinculaciones del candidato con el crimen
organizado.
Ahí es donde
precisamente falla la estrategia gubernamental de lucha contra el
narcotráfico y el crimen organizado. La falta de consenso político se
traduce en la mezquindad de los partidos hacia la política oficial. El PRD
resume su política antidrogas en el argumento dialéctico de que se cumpla la
lucha… en los bueyes de mi compadre. Ahí se percibe también por qué el
PRD no ha mostrado voluntad en la reforma del marco jurídico de la lucha contra
el tráfico de drogas.
Lo malo para el PRD
es que se jugará parte de su capital político en la defensa de un
candidato marcado por las evidencias de vinculaciones con el crimen organizado.
Mediáticamente quiso Jesús Ortega medrar con la compasión pública al
colocar a la esposa de Greg como la vocera de la defensa del candidato,
pero con el alto riesgo de que el proceso penal contra el indiciado se
alargue, sigan apareciendo datos que confirmarían las acusaciones y que al
final el acusado resulta efectivamente culpable.
El caso del PRD en
Quintana Roo ilustra con claridad la falta de consenso en la lucha
contra el narcotráfico. Desde el principio del proceso electoral local se
filtraron datos de una investigación oficial, pero los desdeñaron
direcciones del partido y de la coalición DIA. Peor aún: el PRD quiso capitalizar
políticamente esos señalamientos como parte de una campaña mediática para posicionar
a Greg en las encuestas. El PAN se negó a participar en la alianza en
Quintana Roo precisamente por los indicios del expediente de indagación
contra el alcalde con licencia del municipio de Benito Juárez.
La apuesta perredista
ha sido muy alta y por tanto sus pérdidas pueden ser también mayores. La
utilización de la esposa de Greg como vocera la ha colocado en el centro
del escenario mediático pero también de la crítica. Como ella ha comenzado a
hacer campaña por su marido, entonces tendrá que padecer también la
crítica y las indagatorias. Y será peor si la PGR comienza a dar a conocer las evidencias
en contra del indiciado.
Lo grave de
todo es que el PRD sabía de las acusaciones y señalamientos en contra de Greg
desde hace meses. Por tanto, la decisión política de convertirlo en su
candidato llevaba implícita una apuesta riesgosa: o blindar a Greg
y esperar que ganara las elecciones e hiciera un gobierno sin
vinculaciones con el crimen organizado o haber tomado la decisión sin
sensibilidad política y basado sólo en posicionamientos mediáticos. Los dos se
convirtieron en graves errores políticos de Jesús Ortega y Manuel
Camacho.
Ahora el PRD tiene
que hacer esfuerzos desesperados por defender a Greg y esperar
que las pruebas gubernamentales no sean tan contundentes porque el costo
político de Greg también contaminará al PRD. De probarse sus
vinculaciones con el crimen organizado, el PRD quedará marcado con la
sospecha de las razones que lo habría llevado a escoger como candidato a un
personaje cuyas vinculaciones con las mafias habían circulado en medios, con
datos y señales, desde mediados de 2008.
El golpe también
alcanzará al PAN por sus alianzas en Oaxaca, Puebla y Durango. Y no porque ahí
hubiera la reproducción del caso Quintana Roo, sino porque el PRD ha resentido
un duro golpe de credibilidad en Quintana Roo y por tanto sería un partido nada
confiable. Por tanto, el PAN está obligado no sólo a no sumarse a la
loca carrera desesperada del PRD para desviar la atención del caso Quintana
Roo, sino a replantear sus alianzas. Paradójicamente el PRD acusó al
gobernador de Durango con la misma ligereza que dice que la PGR señaló
al candidato perredista en Quintana Roo.
La crisis del PRD en
Quintana Roo debe obligar al partido a una revisión no sólo de sus
estrategias electorales sino de su política legislativa en materia de seguridad
pública. Porque el caso Greg podría dejar la sospecha de que el PRD
regatea reformas y critica la estrategia del gobierno por el hecho de haber promovido
la nominación de un empresario y político señalado por las autoridades penales
de tener vinculaciones con el crimen organizado. El PRD seriamente no
puede caer en el papel infantil de denunciar la persecución contra Greg
porque iba a ganar las elecciones de gobernador, porque en realidad iba abajo
en las encuestas y no habían razones verdaderas para suponer el triunfo.
Lo que el PRD en el
caso Quintana Roo se juega no es un número de votos sino su credibilidad
política en materia de relaciones con el crimen organizado.
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