Jueves 2 de septiembre 2010
+ Fuero militar, eje del Estado
+ Esencia de monopolio de fuerza
1.- El debate
en la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre el fuero militar va a ser decisivo para la fortaleza o
debilitamiento del Estado mexicano. El Estado es el monopolio de la
fuerza. Y este monopolio se ejerce a través de una instancia que no debe
responder a los tribunales civiles.
2.- El fuero militar no
significa una excepcionalidad para la violación de la ley o de los derechos
humanos sino que implica la creación de una institución de auto control
jurídico en la defensa de la seguridad nacional de la república. El ejército
tiene sus leyes y sistema judicial para operar en función de la lógica
de una guerra contra la soberanía del Estado.
3.- El problema no
es el fuero militar sino la ausencia --por la tardanza de legisladores-- de un
marco jurídico para la participación de los militares en la lucha contra el
crimen organizado que le rebate hegemonía y monopolio de la fuerza al
Estado. La incapacidad de las autoridades civiles hizo necesaria la
intervención castrense contra una fuerza civil criminal, armada, cruel y sin
escrúpulos que quiere desplazar la autoridad del Estado no sólo en
términos territoriales, sino político y sociales.
4.- Si la Corte
Suprema desaparece el fuero militar y obliga a militares a someterse a
tribunales civiles en actividades de lucha contra enemigos del Estado, entonces
el ejército no tiene más que un camino: regresar a los cuarteles y sólo podrá
intervenir para la defensa exterior pero abandonando el hecho de que la
inseguridad pública se convierte en momentos en problema de seguridad nacional,
lo que significaría una victoria del crimen organizado.
5.- El fuero militar no
significa un privilegio sino que constituye la columna vertebral del principio
que determina la homogeneidad de las fuerzas armadas: la disciplina. Por
tanto, más que desparecer el fuero militar, la salida debiera estar del lado de
la decisión del propio ejército de endurecer más su propio marco
jurídico. El día en que no exista el fuero militar y se pierda la
disciplina, ese día se verán hechos patéticos y graves como los de los
policías federales que recientemente se insubordinaron en Ciudad Juárez
y agredieron a sus comandantes con las armas de cargo.
6.- El fuero militar
es la garantía del monopolio de la fuerza que constituye el Estado. Las
organizaciones civiles o policiacas pueden invocar leyes y reglas para desobedecer
a sus superiores, debilitando, eso sí, la disciplina para combatir a la
delincuencia. Algún militar que falte al respeto a un superior es juzgado
duramente en función del fuero militar. El avance del crimen organizado ha obedecido,
entre otras causas, al relajamiento de la disciplina policiaca, en tanto
que la intervención militar en la lucha contra el crimen organizado en función
del peligro de la seguridad nacional ha sido exitosa por la disciplina
derivada del fuero de guerra.
7.- El juicio en
torno al caso Redilla tiene que ver hechos que ocurrieron en 1974, durante la
presidencia de Luis Echeverría y la hegemonía absolutista y autoritaria del
PRI. Se trataba, entonces, de otra organización castrense. Ante la
ausencia de una policía federal, el ejército suplía tareas policiacas.
Hoy el ejército no sólo es más profesional, sino que tiene controles
sociales, democráticos, institucionales, legales y políticos y está sometido a
un estricto sistema de autocontrol. Las denuncias de violaciones a los
derechos humanos primero se castigan internamente y luego aceptan
recomendaciones externas.
8.- El fuero militar
debe analizarse en función del dilema jurídico y de seguridad: un asunto
de justicia civil o una garantía del monopolio de la fuerza para
mantener la soberanía e integridad del Estado. Si los militares van a ser
sometidos a tribunales civiles, entonces veremos --en el caso de la actual amenaza
a la seguridad nacional-- a narcotraficantes y sus abogados sentando en
el banquillo de los acusados a mandos militares. Y salir libres. Con ello, en
consecuencia, se debilitaría el escudo de seguridad nacional del Estado
y el monopolio de la fuerza que determina la hegemonía del Estado.
9.- Al final de
cuentas, los militares ya están sometidos a regulaciones civiles porque
el marco jurídico --aún deficiente como el actual-- fue votado democráticamente
en el poder legislativo representado por todas las fuerzas sociales y
políticas. Los actuales mandos del ejército en ningún caso han invocado
el fuero militar para proteger violaciones. Ahí están los casos de los generales
Mario Arturo Acosta Chaparro y Humberto Quirós Hermosillo, quienes estuvieron encarcelados
varios años en una prisión militar y el ejército no invocó el fuero
militar para otorgar privilegios.
10.- El ejército no
hace hoy labores de seguridad pública, sino que su doctrina de seguridad
nacional establece que la seguridad pública es parte de la seguridad
interior y ésta, junto con la defensa exterior, constituye, eso sí, la seguridad
nacional. Al combatir a delincuentes, el ejército enfrenta una estructura criminal
que no sólo viola las leyes de convivencia al traficar droga, envenenar a la
sociedad e instaurar su ley de violencia, sino que fractura la hegemonía
del Estado y quiere quitarle al Estado soberanía territorial. Por tanto, se
trata de una lucha dentro de la doctrina de la seguridad nacional. El
crimen organizado sería el beneficiario del fin del fuero militar.
11.- La Corte Suprema
de Justicia de México tendrá que aclarar si un caso ocurrido en otro
escenario histórico del país va a terminar con la disciplina del ejército y
convertirlo en una fuerza sin métodos, reglas y principios de autoridad.
Y en el contexto actual, significaría también debilitar la hegemonía del
Estado en términos jurídicos y de gobierno.
12.- Sin una fuerza
capaz de ponerse por encima del crimen organizado, la sociedad y el
estado mexicanos quedarán a merced de la delincuencia.
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