Lunes 28 de Febrero 2011
+ Armas de Sarkozy matan a libios
+ Zona árabe: EU, petróleo, poder
Desgastado en la defensa
de una delincuente sentenciada en México, el presidente Nicolás Sarkozy
tiene enfrente a un problema mayor aunque de la misma dimensión: la venta
de armas al gobierno libio del coronel Mu‘ammar al-Qaddafi, muchas de las
cuales ahora mismo están asesinando libios que salieron a las calles a
derrocar a la dictadura de cuarenta y dos años.
En la visita de
al-Qaddafi a París, en diciembre de 2007, Sarkozy le dio al dictador un
recibimiento digno de la Corte de Luis XVI, con todo y la Marie-Antoinette
del siglo XXI que vive en el Elíseo. La razón del tratamiento monárquico tuvo
que ver con el compromiso de negocios favorables a Francia por más de 10 mil
millones de euros. Ello hizo que Sarkozy excluyera de la agenda
bilateral el tema de los derechos humanos.
El poder de al-Qaddafi
proviene de los dólares del petróleo. Por las mismas fechas, el dictador libio
visitó España y el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y
el rey Juan Carlos I le dieron también su lugar en la historia, pero,
como en el caso de Francia, previo el compromiso de compras por Libia de
11 mil 500 millones de euros. Tampoco España hizo algún gesto de
contrariedad por la violación de los derechos humanos. Y con Italia --Libia fue
una colonia-- sobra decir la extraordinaria relación de al-Qaddafi con Il
Cavaliere Silvio Berlusconi.
Pero se trata del
al-Qaddafi que financia grupos radicales y su capacidad de convocatoria
involucra reuniones abiertas en Trípoli con todos los grupos
revolucionarios, desde cubanos, nicaragüenses y venezolanos, hasta italianos, irlandeses
y la ETA española. La prensa internacional se impactó apenas a mediados
del 2009 cuando en la ceremonia de celebración de los cuarenta años de la toma
violenta del poder acompañaron a al-Qaddafi, entre otros, el presidente
venezolano Hugo Chávez junto al jefe de los piratas somalíes --secuestran y
cobran millonarios rescates-- Mohamed Abdi Hassan y el presidente de Sudán,
Omar al-Bashir, sobre quien pende una orden de arresto de la Corte Penal
Internacional. En esa ceremonia estuvo el terrorista Amdel Baset al-Megrahi,
encarcelado por el atentado de Lockerbie que provocó la muerte de 270 personas
en 1988 y hoy liberado por padecer cáncer.
Occidente ha sido cómplice
de quien se ha considerado el Saddam Hussein del Norte de Africa por financiar
el terrorismo, chantajear con el petróleo y usar esas divisas para apoyar
movimientos rupturistas de todas las partes del mundo. A mediados del
2009 al-Qaddafi extorsionó a Suiza usando el petróleo por el arresto de
su hijo acusado de violencia doméstica en una visita a Ginebra. Con la
complicidad de Europa Occidental, al-Qaddafi arrodilló al gobierno suizo, la
obligó a disculparse y anunció su interés por disolver a Suiza y
repartirla entre Italia, Alemania y Francia. En venganza por el arresto de su
hijo, al-Qaddafi detuvo ilegalmente a dos suizos en Trípoli.
Al momento de su visita a
la Francia de Sarkozy, el coronel al-Qaddafi ya le había comprado a los
franceses veintiún aviones Airbus y equipamiento militar por 4.5 millones de
combate y 35 helicópteros, según revelaciones de la Agencia France Press,
además de otros pertrechos. Esas armas francesas son algunas de la que
al-Qaddafi ha utilizado contra la población civil en los últimos días
para contener la insurrección popular en contra de su dictadura familiar, del
coronel y sus hijos, a uno de los cuales ya estaba enfilado a sucederlo
en el poder.
Cierto rubor de vergüenza
pareció apoderarse del gobierno francés de Sarkozy porque sin ninguna
explicación borró del sistema de archivos de internet las fotografías
donde aparecen, sonrientes, Sarkozy y el dictador al-Qaddafi. En un artículo
publicado el pasado lunes 22 de febrero en El País, el ex director de Le
Monde, Jean-Marie Colombani, le dio una sacudida a la real politik con
visos de hipocresía de Sarkozy:
“Durante la campaña
electoral, el candidato Sarkozy había prometido romper con el exceso de
cinismo de su predecesor, que acostumbraba a explicar que la libertad no
era un valor cultural en África, por ejemplo, ni tampoco en China o en Rusia.
Una vez investido presidente, Nicolas Sarkozy eligió como ministro de Asuntos
Exteriores a Bernard Kouchner, encarnación donde las haya, de la defensa
de los derechos humanos llevada hasta el derecho o el deber de injerencia. ¿Qué
vimos entonces? A un Kouchner cada vez más amordazado y
desaprovechado, que, progresivamente, se convirtió también en un apóstol de
la real politik. Por ejemplo, durante la inenarrable visita del coronel al-Qaddafi
a París --hasta tal punto fue ridícula--, para la cual se desplegaron
todas las pompas republicanas en honor del amo y señor de Trípoli --seguramente
con la esperanza de venderle algunos aviones de combate--. La secretaria de
Estado a cargo de los derechos humanos, Rama Yade, que protestó, primero
fue reprendida por su ministro y, luego, mutada por Nicolas
Sarkozy.
“Después, llegó el
momento de la partida de Bernard Kouchner y de su sustitución por
Michèle Alliot-Marie, gaullista pura y dura, además de perfecta
encarnación de la real politik. Este abandono oficial de toda ambición en el
terreno de los derechos humanos ha colocado a Francia a contracorriente de las
revoluciones surgidas en Túnez, luego en Egipto y, mañana, tal vez en otros
lugares.”
Queda, también, es esta
real politik al estilo francés el aval de la dictadura cubana al dictador libio
con el pretexto de una invasión de los EU. Pero se trata del mismo
Fidel Castro que en 1968 avaló la entrada de tanques soviéticos a
Checoslovaquia para aplastar a sangre y fuego la experiencia del
socialismo democrático de Alexander Dubcek.
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