Jueves 31 de marzo 2011
+ Edomex: sin embargo se mueve
+ PRI: la mejor mala decisión
A
pesar de los augurios de cortísimo plazo, el escenario mexiquense se presenta difícil
para el PRI, positivo para el PAN e incierto para el PRD. Las
candidaturas obedecieron a juegos de poder. Y la carta oculta es el
modelo Guerrero: la declinación del PRD o del PAN la víspera de las elecciones
para ganarle al PRI.
El
PRI enfrenta el hecho de que votación previsible de 2 millones de votos es su techo,
no su piso. Y peor aún, sus votos han ido decreciendo en relación a la
lista nominal de electores. En la elección de gobernador de 1987 y 1998, el
número de votos del PRI fue del 37% del número de votantes inscritos; en
la de 1999 y 2005, ésta última del actual gobernador Enrique Peña Nieto, los
votos del PRI fueron del 20% de la lista nominal. La tendencia es decreciente
porque el PRI no ha captado a los nuevos electores. En cambio, la oposición ha duplicado
sus votos/lista nominal en 2005 con respecto a 1981.
La
competencia mexiquense comienza con una votación dividida en tres tercios. La polarización
en dos candidatos hubiera beneficiado al PRI o al candidato de la coalición.
Pero con tres candidatos competitivos, el más afectado podría ser el PRI
que de 1993 al 2005 subió su votación en 30%, en tanto que el PAN la
subió en 730% y el PRD en 2000%.
El
mensaje de las tendencias electorales señala que el PRI ha mantenido casi su mismo
volumen de votos, en tanto que el PAN y el PRD conquistaron a los nuevos
votantes y a los indecisos. En un escenario de tres candidatos, el PRI
tendrá dificultades para mantener su estimado 40% de votos.
De
los tres candidatos perfilados --Eruviel Avila por el PRI, Luis Felipe Bravo
Mena por el PAN y Alejandro Encinas por el PRD--, el panista es el que tiene mejores
posibilidades para repuntar, pues registra una buena ventaja con el apoyo del
partido del presidente de la república; en cambio, el priísta será el más observado
y acotado por representar, como lo exhibió en su destape, el viejo
régimen del acarreo, el confeti y la cargada; y el perredista tendrá que salirse
de la dependencia lopezobradorista para posicionarse con buenas posibilidades.
Las
elecciones con candidatos aliancistas en Oaxaca, Puebla, Sinaloa y Guerrero
evidenciaron un dato clave: el PRI en esas plazas no sólo mantuvo su
votación de la elección anterior de gobernador sino que logró algunos
adicionales, pero los candidatos aliancistas sacaron a la población a
votar y se quedaron con los nuevos votos, los votos del cambio. En el Estado de
México el porcentaje de votación ha sido menor a 50%, pero la intensidad
de las campañas y su posicionamiento mediático con el argumento de la
transición y el fin de más de ochenta años de gobiernos priístas llevará
a más del 50% de votantes a las urnas; y esos nuevos votantes serán mayoritariamente
para la oposición.
Otro
punto de análisis radica en el proceso de nominación del candidato
priísta. Eruviel Avila no era el mejor candidato sino que su designación
evitó la deserción a la oposición, aunque mostró fracturas en las
élites. Asimismo, el PRI como partido no ha aprendido a ganarse a los
nuevos electores porque la conformación de su estructura electoral responde al
modelo de los intereses y del toma-daca de beneficios. El estilo
político de Avila es del priísmo del acarreo y del PRI que no ha podido
conquistar a nuevos electores, en tanto que Bravo Mena y Encinas son muy buenos
en el espacio mediático donde se mueven los nuevos votantes.
Entre
la elección de gobernador de 1993 con Emilio Chuayffet y la de Enrique Peña
Nieto en 2005, el PRI perdió alrededor de 7% de votos, poco más de 100
mil, con una duplicación de la lista nominal de electores, de 5 a 10 millones.
Hasta ahora, el PRI se ha defendido con su voto cautivo-leal-duro, pero
la oposición se ha ido quedando con los nuevos votantes. La elección de
gobernador del próximo julio la van a decidir justamente lo nuevos
votantes, el voto útil y los votos cambiantes, todos ellos contra el PRI.
Las
campañas también tendrán sus características singulares: el candidato
del PRI estará a la defensiva, sin capacidad para ofrecer alguna novedad
y dependerá de la estructura corporativa del partido y de la dependencia de
Peña Nieto; su única ventaja podría ser el apoyo de la señora Elba Esther
Gordillo y los maestros como mapaches electorales, aunque esa alianza ya
dañó el espacio político del gobernador Peña Nieto por el efecto adverso
que produce el oportunismo político de la dueña del SNTE y del Panal como el
partido magisterial, mientras la educación pública se hunde en la
mediocridad y las luchas callejeras. Y si Eruviel Avila va a estar atado
casi absolutamente al gobernador Peña Nieto, su margen de maniobra será adverso.
La
alianza electoral PAN-PRD se frustró por el factor López Obrador y las
secuelas, quejas y críticas van a afectar la posición de Encinas, además de su afiliación
a los intereses de López Obrador. Encinas está esperanzado en el
escándalo que va a armar cuando intenten negarle el registro porque no
cumple la exigencia de residencia, pero con ello revelará que carece de
autoridad moral y será sólo la estridencia. López Obrador hizo lo mismo en el
2000 y ganó la jefatura de gobierno del DF sólo por el apoyo del
presidente Ernesto Zedillo.
Bravo
Mena aparece como un candidato sin pasivos, en una entidad con votos
panistas a la expectativa. Si el senador Ulises Ramírez y el ex alcalde José
Luis Durán Reveles se suman a la campaña y el PAN excluye al hiperactivo
diputado Javier Corral, Bravo Mena podría aumentar su competitividad.
Como candidato a gobernador en 1993, duplicó la elección panista de seis años
antes.
Los
datos electorales revelan que en el Estado de México nada hay seguro. Y
que el candidato que jale a su favor a los nuevos votantes, a los
votantes útiles y a los indecisos, será el que tenga más posibilidades
de ganar.
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carlosramirezh@hotmail.com
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