Lunes 31 de octubre de 2011
+ UNAM:
¿son ni-nis o sin-sin?
+ Narro,
sin oferta educacional
Luego de haber fracasado en la reforma universitaria que le encomendaron
y después de cuatro años de flotar como rector, José Narro Robles se
encamina a una segura reelección por convenir así a los intereses de los
grupos fácticos de poder que dominan la UNAM.
La gestión del primer rectorado de Narro se delineó no para reformar
la UNAM para los retos del siglo XXI, sino que se redujo a la administración del conflicto interno respetando los espacios de poder de los grupos
dominantes. Si se reelige, su segundo periodo también estará determinado
por la elusión de los problemas y, eso sí, el reposicionamiento mediático de la Universidad a través de propuestas que quieren resolver el
problema del país sin antes solucionar los gravísimos problemas internos
que han paralizado a la casa de estudios.
El problema de la UNAM no son los ni-nis, concepto tomado
por Narro de la crisis española: jóvenes que ni estudian ni trabajan. La situación en México es peor: hay estudiantes que abandonan los
estudios o egresan sin expectativas de empleo y sin comprensión
del mundo real y utilizan su preparación universitaria para incursionar en el
subempleo, en el que tiene una creciente participación el delito de la
piratería.
El mensaje de este escenario tiene que ver con el papel de la
educación universitaria: preparación profesional para el desempleo porque la
UNAM carece de una visión estratégica de la modernización productiva que
es el mercado de empleo de los egresados. El pensamiento económico de la UNAM
se basa en la teoría crítica, que en los tiempos del Estado priísta
sirvió como contrapeso pero que hoy sirve sólo para criticar y no para
construir opciones.
Por tanto, el problema de los jóvenes que tanto preocupa a Narro no radica en los ni-nis sino en un problema mayor: los sin-sin,
jóvenes sin preparación educativa para el nuevo mundo real que les
tocará vivir y sin expectativas reales al carecer de una comprensión del
mundo en constante modernización. El concepto de ni-nis en España
se basa en el enfoque paternalista que espera que el Estado resuelva los
problemas de empleo; en México, el mismo enfoque ha creado generaciones de jóvenes
estado-dependientes. En una economía dominada por la producción en el
sector privado, la permanencia en el empleo se basa en la competencia,
no es el compromiso social.
Narro tenía un mandato que no cumplió; fue pieza importante
en conflicto universitario de 1999-2000 cuando el CEU cerró la UNAM en protesta
por la iniciativa de aumentar las cuotas universitarias: a finales de 1999 cayó el rector Francisco Barnés de Castro por el conflicto y llegó Juan Ramón de la
Fuente procedente del gabinete del presidente Zedillo y en ese escenario Narro
fue designado coordinador general de la Comisión Especial para el
Congreso Universitario; este grupo debió de encargarse de organizar una reunión
para la gran reforma de la UNAM, pero Narro usó el cargo sólo para
afianzar la posición de De la Fuente, operar su reelección y ser designado por dedazo por De la Fuente como rector en 2007.
Desde la crisis de 1999, la UNAM ha eludido el paso decisivo de la
gran reforma. Ello sólo establece la certeza de que dentro de la UNAM existe
una estructura de poder dominante que convierte a los rectores en
simples intendentes de la casa de estudios y los obliga a posicionar a la
Universidad fuera del campus estudiantil. Por eso Narro se ha
dedicado a fijar a la UNAM como un grupo de presión al Estado hoy
dirigido por el PAN pero no para mejorar las condiciones de desarrollo
sino para regresar al populismo paternalista priísta que usaba a la UNAM
como centro de capacitación de los recursos de funcionarios públicos.
En estos años de cambio ideológico en la configuración del Estado,
sobre todo del arribo del grupo salinista neoliberal a la administración
pública a mediados de 1979, la UNAM ha ido perdiendo influencia en la
dirección ideológica del Estado y del gobierno y también ha visto reducida su participación en las estructuras decisivas del poder, mientras que los
egresados de las universidades privadas han ido desplazando a los unamitas.
Por ello las propuestas de la UNAM en seguridad, reforma del Estado y reforma
política y el papel mediático de Narro contra la política neoliberal que
instauró en México el unamita Carlos Salinas de Gortari y unamitas que lo acompañaron.
Por eso la esperanza de Narro se sustenta en la restauración del
PRI en la presidencia de la república --del viejo PRI populista-- y que ello
permita la recuperación del viejo Estado social populista que los
priístas ayudaron a consolidar. Sólo que la incomprensión de la política
por parte del rector Narro no alcanza a prever que el PRI que podría regresar
al poder presidencial no sería el populista sino el neoliberal de
Salinas de Gortari a través de Enrique Peña Nieto. Lo peor del asunto
fue que Narro fue cómplice de la neoliberalización del Estado mexicano
por haber participado como priísta en el gabinete de Salinas.
Así, hay una generación de élites políticas --a la que pertenece Narro--
que forman su propia corriente de ni-nis: ni son
coherentes con su pasado ni saben que el mundo productivo cambia
demasiado rápido y su máxima aspiración se resume en la restauración del
pasado priísta.
La UNAM se encuentra en un momento de definición en el que las
amenazas de inestabilidad estudiantil sólo rehúyen el verdadero debate de
fondo: la reforma de la educación pública para rehacer programas de
estudio en función del perfil social del egresado vía subsidios del Estado pero
también para diseñar egresados en las áreas científicas, humanistas y de
gobierno para el nuevo mundo productivo. Pero Narro espera sólo empleo
porque ve a estudiantes como ejército laboral y no líderes del cambio.
Narro podrá reelegirse, pero la UNAM seguirá igual porque el rector carece de un pensamiento educativo estratégico y sólo va a dedicarse a esperar que el PRI regrese a la presidencia.
(Diario
Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)
carlosramirezh@hotmail.com
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