Miércoles 4 de enero de 2012
+ 3.-
Una economía para el 70%
+ Estado
priísta ahoga el empleo
El presidente
Calderón anunció que en el 2011 se crearon 600 mil nuevos empleos, con
una tasa de producto interno bruto de 3.8%. Lo malo fue que el año pasado hubo
un aumento de la población económicamente activa de 830 mil personas, de
las cuales el 28% no pudo encontrar trabajo en el sector formal.
Las cifras
indican la realidad del sistema productivo: la tasa promedio de PIB que
debe lograrse para no generar desequilibrios es de 3.5% y la tasa de PIB
que necesita la demanda de empleo es de 6%; por tanto, la economía
mexicana sólo puede atender las necesidades del 70% de la población.
Para crear posibilidades de crecimiento del PIB sin generar problemas se
requiere de una gran reforma estructural que liquide las regulaciones a
las inversiones privadas.
Los saldos
sexenales en materia de PIB-empleo serán bajos: un promedio de crecimiento
económico anual sexenal de 1.8 %, contra un aumento de la población
económicamente activa de 3.5 millones de personas, según cifras del Consejo
Nacional de Población. Es decir, la inconsistencia en el ritmo de crecimiento
económico, con la repercusión de crisis internacionales, siempre dañan al empleo en el sector formal.
Según cifras de
la Conapo, el empleo en el sector formal en el periodo 2007-2011 aumento 10.2 por ciento, contra un alza de 33.6% en el sector informal; ello quiere
decir que el aparato productivo actual es incapaz de absorber a los
mexicanos que se incorporan anualmente a la labor productiva. La severa crisis
de 2009, que hundió al PIB en la cifra de -6%, hizo perder empleo formal
a 441.5 mil personas, cifra que no cuadra con el tropiezo del PIB.
De acuerdo con
las cifras de la Conapo, la población económicamente activa creció en 2
millones 679 mil 039 personas en el periodo 2007-2011; y de acuerdo con las
cifras de la Secretaría del Trabajo, en ese mismo lapso el empleo total aumento
en 1 millón 776 mil 658 empleos, lo que arrojó un déficit en la creación
de empleos de 902 mil 381 personas que no encontraron trabajo. Estas
cifras revelan que el sistema productivo mexicano es insuficiente para
atender la demanda de empleo de los mexicanos.
La otra parte de
las cifras oficiales también exhibe las limitaciones del sistema
productivo: en el periodo 2007-2011 el empleo permanente en el sector formal
aumentó menos que en el sector informal; es decir, por los cuellos de botella
de los salarios, las prestaciones y la formalidad es más fácil que los
trabajadores se vayan a la informalidad que de suyo, además, esconde una
economía negra de evasión de impuestos y de prestaciones sociales a los
trabajadores.
En términos
generales, la economía mexicana debería de tener un ritmo consistente de
crecimiento anual de 6% anual o más para atender las demandas de empleo
de la población económicamente activa que se incorpora cada año al trabajo; el
promedio sexenal de crecimiento económico en el gobierno calderonista sería de 1.8% promedio anual, pero con los datos de que en el pasado las cifras oscilaron
entre 2%-2.5%. En el horizonte histórico, la economía no alcanza
a atender la demanda de empleo de los mexicanos.
Estas cifras revelan
el punto central de la crisis mexicana: el sistema productivo del actual modelo
de desarrollo se ha convertido en un cuello de botella para la actividad
económica; la economía no puede crecer más de 3% sin enfrentar el riesgo de
desequilibrios de oferta y demanda de bienes, servicios y salarios. Es decir,
la economía mexicana es demasiado chica para una sociedad que llega ya a
110 millones de mexicanos. En términos históricos el crecimiento de la PEA le ganó la carrera a la actividad económica creadora de empleos.
La crisis en el
empleo tiene sólo dos enfoques: o el Estado obliga a los empresarios a
pagar un modelo de prestaciones que repercuten en las finanzas de las empresas
o el Estado tendrá que asumir la actividad productiva. El camino tiene
pocas salidas: la inversión privada ocurre sólo cuando hay expectativas
de utilidades; la inversión directa pública sacrifica utilidades, se convierte
en subsidio improductivo y suele terminar en déficit de las finanzas públicas.
Por tanto, el dilema de la economía mexicana es seguir por el mismo
camino y buscar formas de atender el rezago en el empleo formal que debe ser
sinónimo de bienestar o apostarle a las reformas estructurales que
dinamicen la inversión privada.
La crisis es de modelo productivo; es decir, de modelo de desarrollo. Los sectores de bienes que
pueden ayudar a ampliar la capacidad productiva están atados a controles
estatales del Estado priísta hegemónico y las bancadas priístas en las dos
cámaras han impedido las reformas necesarias. De continuar por este camino, la
economía seguirá disminuyendo la cobertura del bienestar productivo; hoy
la cifra podría andar en 30% de mexicanos que no tienen cabida en el
modelo de desarrollo.
La reforma del
modelo de desarrollo era una tarea de la oposición en el poder presidencial,
pero la falta de una mayoría legislativa llevó al PAN en el sexenio de
Fox al camino fácil de pactar con el PRI la viabilidad de su gobierno a
cambio de no reformar el Estado productivo priísta dominado por la
doctrina del sector público por encima del sector privado; los espacios de
Calderón fueron mucho menores.
El desafío para
el próximo gobierno es decidir si continuará por el camino de la
administración del viejo modelo estatista priísta con las limitaciones en la
oferta de empleo como esencia del bienestar social o si le apostará a la
reforma del Estado priísta para pasar del Estado dominante en lo productivo al
Estado regulador de una mayor economía privada con controles estrictos.
El problema de
México ya no es político o de democracia sino económico y de bienestar como
parte fundamental del bienestar social de los mexicanos. La célula del
bienestar y el factor económico multiplicador es el empleo bien pagado.
(Diario
Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)
carlosramirezh@hotmail.com
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