Viernes 6 de enero de 2012
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2012: fin del ciclo 1910
+ Un
nuevo proyecto nacional
Las elecciones
presidenciales del 2012 en México serán las más importantes desde la
revolución Mexicana de 1910 porque podrán al país en la encrucijada de restaurar al viejo PRI en la presidencia de la república o apostarle a la última oportunidad de definir un nuevo proyecto nacional de sociedad.
El país ha
pasado por experiencias reformistas del propio PRI en una larga
transición que comenzó en 1964 con los diputados de partido y terminó en el
2000 con el arribo del PAN a la presidencia. Sin embargo, esta
transición democrática en cámara lentísima de casi una generación no pudo derivar en la construcción de un nuevo proyecto nacional ajustado a la
nueva correlación de fuerzas sociales.
Los dos sexenios
del PAN en la presidencia constituyeron un interregno en la que el viejo
régimen se resistía a morir y el nuevo régimen no alcanzaba a nacer. Al final,
el PAN logró solamente la alternancia partidista en la presidencia de la
república pero no pudo concretar el paso siguiente de todo proceso de
transición: la instauración de una nueva democracia.
El PRI no ha permitido el cierre del ciclo histórico que inició en 1910 con la Revolución
Mexicana. Lo malo es que el proyecto nacional del PRI estuvo diseñado en
función del control de tres variables: el partido hegemónico con mayoría
calificada en las dos cámaras legislativas, el Estado con una estructura de
poder dependiente del corporativismo del PRI y una Constitución federal
que articulaba el poder absolutista del PRI.
La alternancia sin transición desajustó la funcionalidad del viejo régimen pero sigue impidiendo la
construcción de un nuevo proyecto nacional porque el PRI se ha opuesto a las
reformas estructurales que permitan un Estado con nuevas estructuras ya no articuladas al PRI. El gobierno de Vicente Fox prefirió entenderse con
el PRI y el gobierno de Calderón no tuvo alguna iniciativa de reforma integral
del proyecto nacional. Por tanto, el país ha padecido el peor de los mundos: un
sistema priísta sin PRI hegemónico ni en el poder; en estos casi dos
sexenios, las posibilidades de la alternancia se ahogaron en la ausencia
de re formas de fondo.
La agenda del
2012 se ha reducido a opciones mayores:
1.- Si el PRI
gana las elecciones y se reinstala en Los Pinos, tendrá sólo dos opciones: la restauración del viejo régimen o liderar la transición a un nuevo sistema con un proyecto
nacional ajustado a la nueva correlación de fuerzas sociales y políticas.
2.- Si el PAN
vuelve a ganar las elecciones, sus opciones serán las mismas: entenderse
con el PRI otros seis años y tratar de avanzar en política social pero con candados en política económica para el desarrollo o construir una alianza plural
para diseñar un proyecto nacional en base a la reforma integral de la
estructura nacional.
3.- Si el PRD
triunfa en las elecciones presidenciales, en realidad su margen de maniobra
será sin opciones porque sus élites que gobernarán tienen sólo el
objetivo de reciclar el modelo corporativo-social del viejo PRI, aunque
con un liderazgo personalista perfilado como cesarismo light.
Pero el país
tiene ahora demandas crecientes, rezagos sociales pendientes y sobre
todo una marginación estructural. El problema de fondo es que el
proyecto nacional del PRI no alcanza a satisfacer las demandas de
bienestar de los mexicanos porque su estructura productiva no depende de las
necesidades a cubrir sino de los compromisos corporativos; por tanto, es
un modelo de bienestar atado al esquema de dependencia bienestar-votos.
De ahí que la política de desarrollo y bienestar del PRI haya sido creada para garantizar apoyo electoral y no para llevar el bienestar a todos los mexicanos.
El único camino para promover el bienestar de los mexicanos sin distinción de lealtad
electoral y por tanto para construir un sistema productivo para el crecimiento
y no para garantizar el control partidista de la economía pasa por el diseño de
un nuevo proyecto nacional de bienestar basado en cuando menos cuatro pilares:
1.- La reforma
del Estado para romper con la dependencia estructural del Estado hacia
el corporativismo del partido. Ello implicaría un Estado regulador y no un
Estado interventor.
2.- El diseño de
un nuevo modelo de desarrollo basado en dos pilares: la reconversión
industrial con mayor estímulo a la participación privada en actividades
productivas y la reforma agroindustrial. Para ello se requerirá un Estado promotor de la actividad privada, desde los bienes de capital hasta el apoyo a las
alianzas ejidales-empresariales. El nuevo modelo de desarrollo exigirá una
política extensa de estímulos estatales.
3.- La reforma
del sistema político con la instauración de una nueva democracia basada
en el Estado de derecho, en la autonomía absoluta de los órganos electorales y
en la organización de otro sistema de partidos con apoyo a la participación
política de las minorías por sí mismas y no en el cabús de alianzas
partidistas que despersonalizan la participación social.
4.- Un nuevo pacto constitucional derivado de la reconfiguración del proyecto nacional. La
Constitución de 1917 fue producto del acuerdo de las facciones que
ganaron la Revolución; luego vino la fase de una Carta Magna incluyente de los
acuerdos con las minorías, pero al grado de despersonalizar su perfil como eje rector y convertirla en un catálogo de minucias; y ahora debe venir la fase
de una Constitución doctrinaria del nuevo pacto social por el bienestar y no en un documento de compromisos coyunturales y parciales.
Lo malo de este
escenario es que ningún partido o precandidato tiene claras las opciones
estratégicas del país. Al final, el dilema es sencillo: restauración lo
nuevo proyecto nacional.
(Diario Político
2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)
carlosramirezh@hotmail.com
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