Domingo 8 de enero de 2012
+ 2012: crisis de
expectativas
+ Se colapsa el
capitalismo
1.- El 2011 fue otro año sin decisiones
A pesar de la existencia de evidencias en el sentido de que el sistema,
el régimen y el Estado mexicanos ya no resisten las nuevas correlaciones
de fuerzas sociales, políticas y generacionales, se va el 2011 con más
experiencias frustradas que con posibilidades de avances.
Lo grave del asunto es que viene el 2012 con las elecciones
presidenciales más jaloneadas de los últimos cincuenta años y no hay
nada en el escenario político que asegure que alguno de los candidatos tenga
las ofertas que exige la sociedad o, siquiera, que esté preocupado por el 2 de
julio.
Además de los indicios de tensiones políticas, de violencias criminales y
de agotamiento del sistema electoral, los precandidatos y sus partidos aparecen ajenos a la realidad. Tal como estamos, el próximo gobierno --quien quiera
que gane-- carecerá de margen de maniobra tan sólo para la administración de la
crisis.
El 2011 fue el año de las posibilidades fallidas. Hubo iniciativas
para reformas del Estado, de la economía, del sistema electoral y del régimen
de gobierno, pero las élites políticas se negaron al cambio y
desbarrancaron las posibilidades de la modernización. El país sigue esperando
las tres grandes reformas: del modelo de desarrollo, del sistema
político y del pacto constitucional.
Las posibilidades de los desarrollos político, económico y social son menores a las exigencias y dejan un país desbordado por las demandas de bienestar. A lo
largo de 2011 hubo evidencias de que la actual estructura de México sólo
responde para atender al 35% de los mexicanos; de ese tamaño es la
crisis de la organización política y productiva de México. La tasa de
crecimiento del PIB no distribuye riqueza por no existen canales de
reasignación de bienestar.
El país puede seguir así dos o tres sexenios más, pero el rezago como nación se acumula y agranda el esfuerzo para después salir del bache. No
somos un país del tercer mundo pero estamos en el sótano del segundo. El país
crece pero aumenta más rápidamente el número de demandas sociales; lo
vemos con claridad en el subempleo o la economía informal, casi ya más grande
que la formal.
El México del siglo XX se agotó con el final del ciclo político
del PRI, porque ambos estaban atados en expectativas. La alternancia no ha podido definir nuevos caminos y nuevos acuerdos. Lo peor que le puede pasar
al país no es que regrese el PRI a la presidencia sino que las élites políticas condenen al país a la mera alternancia de grupos en el poder y no al
objetivo del bienestar de las mayorías.
Se perdió 2011 y parece que también se perderá 2012.
2.- En el 2012 no se ve nada claro en horizonte
Si en el 2011 se perdieron irresponsablemente algunas oportunidades para
avanzar en las reformas del Estado, el 2012 debe darse ya perdido de
antemano: el primer semestre será de campañas basadas en demagogias y el
segundo de protestas poselectorales y de conformación de la siguiente
administración.
Lo malo es que el país ya no puede esperar a que las élites
políticas se pongan de acuerdo porque el modelo de desarrollo es insuficiente
para atender las demandas de bienestar de más de 110 millones de mexicanos.
Pero como las reformas pasan por los acuerdos entre partidos y fuerzas
productivas y éstas se encuentran permanente divididas, entonces el pesimismo concluye en que el 21012 será otro año perdido.
Y el 2013 tampoco ofrece indicios de que las cosas puedan mejorar,
porque desde ahora se perciben élites políticas aisladas y sin voluntad
de entendimiento con otras. Los partidos en la cámara de diputados tardaron en
ponerse de acuerdo para definir a los tres consejeros electorales del IFE que
faltaban y tuvieron que hacerlo en lo oscurito para evitar el debate y
los seleccionados al final no ocultaron sus preferencias partidistas; el
problema no era sacar a los tres sino ofrecer las garantías de un
IFE sin influencias partidistas.
Las posibilidades de los acuerdos deben eludir el saldo electoral
porque el partido que gane las elecciones difícilmente querrá negociar con los
que perdieron. De ahí que los acuerdos necesitan más bien de estadistas que por ahora no se ven en el escenario de corto plazo. El problema es doble: a
los ganadores les falta grandeza para aceptar que no pueden solos y que
necesitan de las energías de los que perdieron y los que fueron derrotados son
dominados por las pasiones enfermizas de los que rechazan las posibilidades de
los acuerdos.
Así, es posible prever que a México le pueden faltar varios años
más no digamos de estancamiento sino de falta de acuerdos para
modernizar el modelo de desarrollo. Para crecer más de 4% y tener nuevos
mecanismos de distribución de la riqueza hace falta el rediseño del
aparato productivo, institucional, de seguridad social y constitucional. Sin
embargo, México lleva cuando menos tres sexenios sin acuerdos de
modernización
De ahí el pesimismo sobre en 2012, y se profundiza cuando se
perciben los datos de que el país quedará dividido entre tres fuerzas
incapaces de ponerse de acuerdo para proyectos del futuro. Por tanto, la
sociedad debía moverse en la creación de organizaciones no partidistas para
operar como grupos de presión en torno a proyectos de desarrollo
conjuntos.
3.- La crisis no es superficial; se trata de la peor crisis del
capitalismo, no del Estado.
Nacido para terminar la guerra de todos contra todos --Hobbes--, el
Estado pasó de ser el primer contrato social a la bestia salvaje con
vida apropiada por élites especulativas. Las protestas sociales del año pasado
fueron la evidencia de que el Estado entró en una crisis de existencia y que el
tema central será socializar de nuevo su existencia.
El problema del Estado radica en el hecho de ya no es producto de
un contrato social sino que ha pasado a ser propiedad de una élite política y
de poder. De ahí la intensidad de las protestas sociales en Africa y Europa: el
Estado se olvidó de la sociedad y la sociedad salió a las calles a
protestar por la ausencia del Estado como estructura de administración
de proyectos de desarrollo y de la democracia.
La crisis del periodo 2008-2011 volvió a poner al Estado en el centro del debate: el gasto público aumentó sin equilibrios fiscales bajo el argumento
de las élites gobernantes de que el Estado tiene la obligación de
proveer el bienestar social y de proteger a los más débiles; sin embargo, el
Estado disparó el déficit al gastar más ingresando menos, y hoy se pagan las consecuencias
de una equivocada concepción del Estado.
El problema no se localiza en el Estado sino en el uso de sus
atribuciones o en el abuso de sus justificaciones. Por tanto, las críticas
debieran dirigirse a la clase gobernante, a su mecanismo de toma de decisiones
y a las políticas prácticas, aunque esas élites siempre se esconden debajo de las faldas del Estado.
La disminución del gasto público no demerita la función del Estado
ni su aumento la magnifica. Por tanto, lo que se debe discutir es la eficacia
en las políticas económicas de los gobiernos. Y ahí es donde se localizan las
falles que condujeron a la severa crisis del periodo 2008-2011 que no terminará
en el 2012: los gobiernos capitalistas permitieron el funcionamiento sin
regulaciones de las corporaciones financieras y esa especulación llevó a una burbuja ficticia de riqueza. Se trató, por así decirlo, de una pirámide Ponzi mundial:
nuevos inversionistas pagaban los altos rendimientos de los existentes y
esa pirámide operó hasta que ya no hubo inversiones. Asimismo, los gobiernos
capitalistas avalaron mecanismos de especulación financiera que no
fueron sino bonos basura.
El déficit presupuestal se financió con deuda y ahí estallaron dos burbujas especulativas adicionales: los gobiernos ya no pudieron pagar sus
deudas y entonces el colapso se presentó como escasez de gasto
corriente. Ahora esos gobiernos tienen que aumentar la carga fiscal o
disminuir el gasto social para pagar cuentas atrasadas o los bancos quebrarán y
se llevaran en su desplome a los ahorradores.
De ahí la certeza de que lo que está fallando no es el Estado ni
la responsabilidad se localiza en su gasto social, sino que lo que ya no sirve
es el funcionamiento codicioso del capitalismo. Los programas de ajuste
con altos costos sociales se tomaron en el 2011 y seguirán en el 2012 sólo
para salvar al capitalismo de las corporaciones financieras. De ahí que
lo importante no sea gastar más para reactivar la economía con sus vicios
corporativos, sino emparejar los recortes de gasto social a nuevas y más
severas regulaciones corporativas que terminen con las riquezas
acumuladas de minorías en un sistema económico ya no productivo sino
especulativo.
De ahí la certeza de que la falla que llevó a la crisis no fue del
Estado sino del capitalismo.
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