Miércoles 11 de enero de 2012
+ Acteal,
pasivos de viejo PRI
+ El
94 sangriento sigue latente
El silencio del PRI ante la demanda contra el ex presidente Ernesto Zedillo por los
crímenes de Acteal en diciembre de 1997 no exime al partido de su corresponsabilidad institucional en la represión. Al final, el juicio que se pretende realizar no es contra Zedillo sino contra el PRI.
La matanza de
Acteal tuvo el escenario del alzamiento zapatista en contra del gobierno
de Carlos Salinas, al que el EZLN caracterizó de ilegítimo y producto de un
fraude electoral; inclusive, la renuncia de Salinas estuvo en la agenda de negociaciones de los zapatistas con el gobierno pero Manuel Camacho logró salvar a Salinas y excluir la exigencia de renuncia de los acuerdos de paz.
El contexto político
de la matanza de Acteal alcanzó al PRI y a su precandidato único a la
presidencia de la república, Enrique Peña Nieto, porque el operador peñista en
la Cámara de Diputados es Emilio Chuayffet, secretario de Gobernación en
diciembre de 1997 y sacrificado por Zedillo por la matanza de Acteal.
Por tanto, el juicio contra Zedillo se va a convertir en un recordatorio del ejercicio del poder del PRI.
De hecho, de
nueva cuenta el 1994 mexicano se reactiva con la exigencia de juicio
contra Zedillo porque recuerda los expedientes abiertos: el asesinato de
Colosio ahora que el sonorense es enarbolado por Peña Nieto, el
alzamiento zapatista contra el absolutismo del PRI, el papel de Salinas en ese
año y hoy como principal asesor político de Peña Nieto, la devaluación heredada
por Salinas a Zedillo, el papel pasivo de Chuayffet como secretario de
Gobernación en la crisis de Chiapas que condujo a la matanza de Acteal y la
participación en 1996 de Pedro Joaquín Coldwell, actual presidente nacional del
PRI, como jefe de la delegación gubernamental para la paz en Chiapas.
La revisión de
la crisis en Acteal debería llevar también a una revaluación del
alzamiento zapatista en 1994, el colapso político de ese año y la estrategia de
Salinas para sacar de la negociación de la paz la solicitud zapatista de
renuncia presidencial. Acteal no puede entenderse sin el fracaso de la
negociación de la paz realizada por Manuel Camacho y Marcelo Ebrard como asesor salinista en el tema de Chiapas.
Más que
posicionamientos personales, la crisis en Chiapas fue del PRI, la existencia de
grupos armados priístas se hizo con el aval del PRI y el afianzamiento
del PRI en el gobierno estatal fue al final de cuentas el punto central de la
disputa entre organizaciones indígenas enfrentadas. Si bien la matanza fue por
el enfrentamiento entre dos grupos indígenas, los gobiernos de Salinas y de
Zedillo avalaron la fragmentación de las organizaciones sociales para
mantener el control del PRI.
La existencia de
grupos armados priístas fue una salida avalada por el PRI para contener
las posiciones territoriales del EZLN y para focalizar el conflicto no en las
demandas del EZLN sino en enfrentamientos étnicos. Al replegar al ejército y a
las fuerzas oficiales de seguridad, los gobiernos de Salinas y Zedillo utilizaron a organizaciones priístas indígenas y les permitieron armarse.
La clave de la
crisis de violencia en Chiapas después de la firma de los Acuerdos de San
Andrés Larráinzar y su aplicación incompleta se localiza en la existencia de
grupos armados vinculados al PRI, mal llamados grupos paramilitares
porque en realidad no cumplían ninguna función militar sino que eran
organizaciones armadas para la confrontación con los zapatistas. Cuando
menos hubo, entre otros, tres grupos dominantes: Los Chinchulines,
Máscara Roja y Paz y Justicia, todos ellos operando bajo la complacencia de los gobiernos priístas estatal y federal.
El contexto de la matanza de Acteal tuvo elementos mucho más complejos que sólo los
problemas intercomunitarios e interreligiosos:
--El diseño de
la estrategia para Chiapas por Adolfo Orive Alba, asesor salinista y
luego, en 1997, asesor del secretario de Gobernación; hoy Orive es diputado
local del PT pero en 1997 combatió al EZLN.
--La creación de
un clima de violencia para propiciar la salida de Chiapas del Obispo
Samuel Ruiz por su influencia en el EZLN.
--Maniobra de
aceleración de contradicciones para la recuperación de los municipios
autónomos zapatistas.
--Consolidación
de una estructura de poder violenta al servicio del PRI con las guardias
blancas, los grupos armados y los finqueros.
--Endurecimiento
político del gobierno en su flanco chiapaneco después de la pérdida de
la mayoría absoluta en el congreso federal y el control mayoritario por el
Grupo de los Cuatro partidos de oposición; operada por Chuayffet, Zedillo avaló una maniobra para impedir la instalación del congreso por la mayoría opositora.
--Maniobras
gubernamentales de Zedillo para revertir la parte de los Acuerdos de San
Andrés que planteaban la existencia de naciones indígenas autónomas, con
el argumento de la balcanización de la república.
--Creación de
maniobras de radicalización del conflicto para obligar al subcomandante
Marcos a salir al despoblado e intentar su aprehensión como en 1995.
Pero en el
fondo, Acteal quedó localizado en el contexto de la defensa del
territorio priísta por el surgimiento del EZLN y la guerrilla zapatista y la alianza
de las estructuras priístas con los sectores conservadores y armados de finqueros que tenía el control territorial y político de la zona hasta la aparición de
los zapatistas. De ahí que la demanda contra Zedillo por crímenes de lesa humanidad vaya a alcanzar al priísmo actual que se prepara para
recuperar la presidencia de la república y se convierta en una ayuda de memoria de una de las muchas razones por las que el PRI perdió la presidencia de la
república en el 2000.
(Diario Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)
carlosramirezh@hotmail.com
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