Domingo 15 de enero de 2012
+ La apretada
agenda del 2012
+ O los problemas
sin solución
Las elecciones presidenciales del 2012 son algo más que la posibilidad de
refrendar el voto de confianza en el PAN. Los datos de las encuestas revelan la
tendencia adelantada, hasta ahora, del PRI para poder regresar a la presidencia
de la república. De ahí el dilema nacional: alternancia o restauración.
La agenda nacional de este año presenta datos inéditos en una elección
presidencial. Los principales puntos de la Agenda 2012 serían los siguientes:
1.-Elecciones apretadas. De nueva cuenta, aunque en un escenario
diferente, las instituciones electorales no parecen capaces de resistir la
competencia electoral; el Instituto Federal Electoral carece de fuerza y de
instrumentos legales para contener el activismo de los grupos, sobre todo
porque su conformación representa una regresión de la ciudadanización lograda en
1996. Asimismo, las leyes electorales fueron diseñadas para mantener un control
autoritario demasiado estricto ante fuerzas políticas decididas a no cumplir
con los condicionamientos legales. Todo ello ilustra el escenario de la
judicialización del proceso electoral, pero con el dato adicional de que el
Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tampoco cuenta con los
espacios legales para imponer decisiones. De ahí que haya la percepción de un
proceso electoral tenso, jaloneado por partidos y candidatos situados en el
límite de la permisibilidad.
2.- Crisis económica. Los datos de los organismos internacionales han
adelantado un año de 2012 dominado por los ajustes macroeconómicos y los
nubarrones del tránsito de una desaceleración económica internacional a una
verdadera, profunda y larga recesión. La crisis del sector público en Europa y
en los Estados Unidos ha obligado a programas de ajuste de finanzas públicas
que podría extenderse hasta tres años. Por tanto, las locomotoras del
crecimiento se encuentran estacionadas en el patio de maniobras y no tienen
posibilidades de reanudar actividades en el corto plazo. Los datos de relevos
de gobiernos Europa confirmaron las preocupaciones de que las prioridades son
las de estabilizar la economía en sus cifras sobrecalentadas, no las de
reanudar el crecimiento. A México le afectará seriamente la recesión
estadunidense. Las tendencias del crecimiento económico internacional se sitúan
abajo del 2% cuando menos en los próximos tres años, sin descontar un nuevo
tropiezo que lleve al PIB a tasas negativas.
3.- Elecciones en los EU. El proceso electoral estadunidense estará,
también, marcado por las posibilidades económicas. El congreso republicano le
ha atado los presupuestos al gobierno de Obama y por tanto sus necesidades de
techos crecientes de endeudamientos ha dejado mensajes negativos a los bancos y
las empresas financieras especulativas. Lo malo para la economía de los EU es
su dependencia del gasto público, pero con candados en deuda y déficit presupuestal.
El gobierno de Obama tiene, así, que lidiar con tres variables: la recesión
europea, la presión interna del empleo y los candados del congreso republicano.
Y a ello se agrega el dato adicional de que el programa económico de Obama no
se sostiene por maniobras financieras sino por la necesidad creciente de gasto
público para consolidar un Estado intervencionista en lo social que los
republicanos están decididos a contener. Así, en los EU las expectativas
económicas ya se ataron al proceso electoral.
4.- Inseguridad. Aunque el clima de inseguridad ha disminuido y se sigue
localizando en zonas muy específicas, de todos modos el debate sobre el saldo
de la estrategia de seguridad será uno de los activos políticos de la oposición
y de organizaciones de derechos humanos. Por tanto, la politización de la
estrategia de lucha contra el crimen organizado será una variable activa en las
campañas, sobre todo porque el argumento de un México en paz vende bien pero no
resuelve el principal problema de la inseguridad: bandas del crimen organizado
que penetraron las instituciones políticas y de gobierno y que rebasaron en
armamento y violencia a los cuerpos policiacos municipales, estatales y
federales. Y si se agrega la variable de la penetración del crimen organizado en
el financiamiento de campañas electorales o en la creación de climas de
violencia en distritos electorales, entonces el tema de la inseguridad se
convierte en un asunto electoral.
5.- Crisis del sistema político. A pesar de los indicios previos a las elecciones
de que el sistema político ya no alcanzaba a sostener el activismo de la
sociedad, las fuerzas políticas tradicionales que dominan las áreas de poder
lograron contener varias veces las posibilidades de una reforma política a las
instituciones. Frente a ello, en la sociedad mexicana ha crecido la certeza de
que el único camino para lograr objetivos de sectores es el de la movilización
callejera, transformado al sistema político en una olla de presión de grupos de
interés. De ahí que la sociedad esté más atenta a formar grupos de presión que
a reformular el sistema o a promover iniciativas de ampliación de la
participación estatal. Lo malo es que los grupos de presión han comenzado a
rebasar los límites de la protesta y se han convertido en grupos de ruptura
institucional. Frente a ello, los partidos --sobre todo la fracción del PRI en
la Cámara de Diputados-- lograron en dos ocasiones desinflar reformas políticas
aprobadas en el Senado. Por ello, el viejo sistema político será insuficiente
para canalizar uno de los procesos electorales más competidos.
La agenda nacional del 2012 estará marcada por dos tiempos: de un lado,
el agotamiento del viejo régimen político y de otro la creciente presión social
en las calles. Frente a ello, el país ya no tiene los espacios de negociación o
de descompresión política y social y los choques callejeros son crecientes,
como lo probó la crisis de los normalistas en Chilpancingo, Guerrero. Pero
frente a la respuesta autoritaria de los gobiernos no existe la mesura en las
organizaciones sociales, dejando la impresión de que el objetivo no es el de
conseguir concesiones sino el de conducir al país a rupturas sociales.
En el fondo, el país entrará en el 2012 en la segunda y posiblemente
última fase de crisis dialéctica entre el viejo régimen político priísta aún
vigente y las posibilidades de instaurar un nuevo sistema político. La tarea es
bastante complicada porque México dejó escapar la oportunidad de concluir la
fase de transición democrática iniciada en 1964 con los diputados de partido y
su etapa culminante de la alternancia partidista en la presidencia de la
república en el 2000. El PAN tuvo la oportunidad de replantear el proyecto
nacional pero el gobierno de Fox careció de mayoría legislativa y decidió optar
por el camino fácil del entendimiento con el PRI.
Así, el país ha vivido casi dos sexenios de flotar en el
interregno del viejo régimen que se niega a morir y el nuevo régimen que no se
termina de definir. Así, México cayó en un modelo de transición atorada, aunque
con más tendencias a la regresión y la restauración que de reformulación de las
posibilidades de bienestar social. El problema para el 2012 es que los partidos
y principales precandidatos no ofrecen un marco analítico del agotamiento del
viejo proyecto nacional y sus propuestas se agotan en banderas electorales sólo
para ganar elecciones.
México necesita reformular sus tres pilares del bienestar: un nuevo
modelo de desarrollo, un nuevo sistema político y un nuevo pacto
constitucional. Los tres principales partidos y principales precandidatos han
definido ya sus propuestas de gobierno y ninguna de ellas registra el hecho de
que el país ya no puede continuar sin cambios no sólo por la acumulación de
rezagos sociales sino por la tensión política que raya en el choque de
inestabilidad. El actual proyecto nacional sólo puede aportar beneficios para
un 70% de los mexicanos, dejando al 30% restante como espacio de movilización y
ruptura.
La inmovilidad o la restauración son caminos seguros para profundizar la
inestabilidad social, los choques políticos y sobre todo la incapacidad del
sistema productivo para crecer arriba de 3.5%. De ahí el hecho de que la otra agenda nacional tenga que ver con la urgencia de construir la última fase de
las transiciones: la instauración de una nueva democracia más participativa. La
expectativa que despertó la iniciativa aprobada en el Senado de candidaturas
ciudadanas a cargos de elección popular fue apenas un indicio de una mayor
participación social en los espacios políticos.
La agenda nacional del 2012, por tanto, estará marcada por necesidades
crecientes de la sociedad, pero pocas ofertas de las fuerzas políticas. Lo malo
es que hasta donde se tienen indicios, ningún partido o candidato ha diseñado
un nuevo proyecto nacional.
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carlosramirezh@hotmail.com
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